Sábado. 07.12.2019
El Tiempo

Donald Herodes Trump

"Es gracioso que el mayor constructor de muros tenga el nombre de uno de mis personajes favoritos de la niñez: el tío Donald..."

Donald Herodes Trump

Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.
Evangelio de Mateo 2, 16-18


Entre muchas imágenes y noticias del mes de junio, la más impactante fue la de Valeria, una niña migrante muerta, abrazada a Oscar, su padre. Es tan trágica que nadie pudo evitar compararla con la fotografía de Aylan Kurdi, el pequeño sirio que parecía haberse quedado dormido plácidamente boca abajo a orillas de una playa griega.

El Herodes moderno, enemigo de la niñez, más que las plagas o la hambruna, son los muros entre las naciones.

Es gracioso que el mayor constructor de muros tenga el nombre de uno de mis personajes favoritos de la niñez: el tío Donald.

Por eso, en un artículo previo decía que no podía aplaudir como foca y reír como hiena el supuesto tratado firmado por Marcelo Ebrard, que resultó ser únicamente la ganancia de tiempo frente a un personaje como Trump, quien no respeta ni tiempos, ni acuerdos ni tratados, mucho menos en épocas pre electorales.

Ahora los migrantes se han convertido en botín político de todos: de los detractores de AMLO, de los xenófobos mexicanos, de congresistas demócratas y republicanos y del propio López a Obrador, a quien todo se le sale de control cada que abre la boca.

Las historias de La Bestia, de San Fernando, de Valeria Martínez y su padre, son historias que como el Holocausto, el Genocidio Armenio y la muerte de Aylan Kurdi, no debieran repetirse nunca, en ningún lugar del planeta, mucho menos en nuestro país.

Si es necesario como as bajo la manga convertirnos en tercer país seguro, que se negocien los términos, pero con la ONU y la Unión Europea, no con alguien que hoy firma algo y mañana lo desconoce.  Obviamente, primero debemos convertirnos en un país seguro para los mexicanos. Si no nos respetamos entre nosotros mismos, mucho menos mostraremos humanidad con los migrantes.

Por desgracia, una ola de xenofobia nos ha invadido. Somos seres limitados para la reflexión que nos dejamos llevar por la corriente, por la opinión publica imperante o lo que está de moda. Nos hacen ver la realidad con los ojos de los demás, aunque su visión sea errónea. La “verdad” que experimentamos es más el resultado de una suma colectiva de percepciones y creencias que de un análisis objetivo, y entre esas percepciones está el rechazo a los migrantes, porque vienen a invadirnos, a desbaratar nuestra economía, nuestra cultura, cuando quienes nos han invadido son los EU. Nuestras raíces culturales son las mismas y nuestra economía está hecha un galimatías por la corrupción de muchas décadas atrás. No percibimos que cuando odiamos algo, odiamos en sí algo que está en nosotros mismos, un complejo de inferioridad que sentimos al ser también nosotros un pueblo de migrantes. Porque cuando se tiene miedo y agrede —o en el mejor de los casos, hace uno como que no ve-, se está en discrepancia con uno mismo: “Que sea la voluntad de Herodes, pero en el primogénito de mi vecino, que es más pobre y viene de más lejos que yo, hijo de Moctezuma. Y si para llevar carne al pueblo hay que matar una vaca, que sea la de mi compadre”.

No vale la pena la vida de ningún niño a cambio del acuerdo comercial más favorable que pueda firmar México; si ya se intentó razonar con Trump y no se pudo, pues san se acabó, y ni modo. Ahí si estoy de acuerdo que nos apretemos el cinturón, ya que nuestro presidente puede ponerse de tapete con Trump, ni mucho menos tiene el derecho de ponernos a nosotros de porteros de su país. Por eso esperamos que a partir de estas imágenes el gobierno de México se comporte con dignidad, no ante EU, sino con los migrantes, y cuando haya mejores condiciones de negociar con el Tio Sam que se negocie. No seremos el primer país que sobrevive a un bloqueo económico: Cuba ha sobrevivido desde 1960, e incluso Rusia, China e Irán se han hecho autosuficientes y respetados gracias a los bloqueos.

No soy economista, pero sé que imponer aranceles sería catastrófico para ambas economías. La diferencia es que en EU hay elecciones y un “catarrito’ no sería nada favorable para Trump, aunque a nosotros nos dé neumonía. La vida de las personas está antes que cualquier otra cosa, provengan de donde provengan.

A quien no ayude a los migrantes, y las desgarradoras imágenes de una niña muerta abrazada a su padre no le muevan el corazón, debe tener en cuenta que hace 2019 años nació en Belén el niño migrante más famoso del mundo.

Desde el gobierno, pero sobre todo, desde la sociedad civil, demos la mano a los migrantes como si fuera a Jesús, y no contribuyamos a la Matanza de los Inocentes con el nuevo Herodes, Donald Trump el Grande.

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