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00:36h. Miércoles, 19 de Diciembre de 2018

"Nada más pensar que nos van a volver a dar “banana”, siento “una bolita que me sube y me baja ¡ay!, que me sube y me baja”.


Sergio Mayer Bretón presidirá la Comisión de Cultura y Cinematografía en la cámara de diputados.

Tal vez las generaciones más jóvenes no sepan quién es el nuevo gestor cultural en el Congreso, pero se trata de un exintegrante del grupo Garibaldi, donde también ¿cantaron?, o más bien, la palabra correcta es, “hicieron Playback” Ingrid Coronado, Paty Manterola y Pilar Montenegro, entre otras y otros, escogidos solo por su estampa para formar un grupo de buena apariencia, encaminado al marketing (decía Wille Colón: no tiene talento pero es muy buena moza, tiene buen cuerpo y es otra cosa, muy poderosa en televisión, tiene un trasero que causa sensación), lo cual llevó a una degeneración que rayaba en lo ridículo de la música mexicana y en español, que ya es mucho decir en una época donde conceptos como Locomía impusieron la moda de sólo subir a unas locas a hacer coreografías puñalescas, con abanicos y zapatos al estilo tribal, mientras otros, sin operación jarocha y con voz varonil, cantaban por ellos.

Los Garibaldi también rodaron una película, malísima por cierto, la cual dio título a esta columna. Una vez disuelto Garibaldi, Sergio Mayer se dedicó a regentear a un grupo de bailarines cheap and dale, bajo el concepto copiado a la película inglesa The Full Monty.

Mucho se criticó al PRI por darle una diputación plurinominal a Carmen Salinas “La Corcholata”, quien si no hizo ningún bien, tampoco mal, porque pasaron prácticamente desapercibidos sus proyecto de ley (si es que se aprobó alguno. Uno de ellos, por cierto, fue agregar a las efemérides oficiales el natalicio de Tin Tan). Por fortuna no presidió ninguna comisión. El mensaje al fin de cuentas sigue siendo el mismo que el del sexenio anterior: no estudies, no te esfuerces ni trabajes; sólo sé famoso, ya seas nudista, YouTuber o proxeneta, podrás ser considerado culto. Creo que el primer acto de corrupción que un funcionario comete es aceptar un cargo público para el cual no tiene competencias.

Como le dijo el patrón a María Guadalupe Micaila cuando le fue a pedir trabajo sin saber hacer nada: «si no sabes barrer, trapear, cocinar ni planchar y quieres trabajo de sirvienta, eres un caso muy peculiar» «no patrón, asté se equivoca, si pa’culiar si soy re güena».

¿Qué buen papel frente a los retos culturales puede hacer un striper en una época donde se adolece de los valores más elementales? Le vislumbro los mismos alcances que tendría El Komander en país que no ha vuelto a encontrar el hilo negro del arte, lleno de vidas rotas por el abandono a la cultura en los tres últimos sexenios, lo que en alianza con la pobreza y la marginación, ha creado el caldo de cultivo perfecto para el desastre social que padecemos hoy.

En el mismo estado que se encuentra el pavimento de nuestras ciudades y carreteras está nuestra cultura, por falta de interés.

Pero “que te lo pongo que te lo pongo”, dijo el viejito cabeza de algodón por quien más del 50% de la población votamos, y en quien tenemos puestas todos las esperanzas (realmente desconozco si él y Paco Ignacio Taibo II hayan estado de acuerdo con la designación), aunque cada vez sentimos más recelo del buen juicio de quienes serán los próximos dueños del país. Ni cómo pedirles que eleven un poco el nivel de hacer política en México, cuando tienen pensado servirse de gente que desconoce de los temas relevantes (otro ejemplo es el plebiscito para la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, cuya consulta y debate debe ser entre expertos: economistas, ambientalistas, ingenieros y arquitectos; no entre gente que desconocemos del tema).

Nada más pensar que nos van a volver a dar “banana”, siento “una bolita que me sube y me baja ¡ay!, que me sube y me baja”.