Dormir en ataúd

“En lugar de cargar un sleeping bag, debí llevar ataúd para comenzar a acostumbrarme…”

Dormir en ataúd

He recibido ataques por mis columnas periodísticas en defensa de médicos, y necesitaba enfriar la cabeza.

Decidí irme a la sierra para reflexionar. Tomé camino hacia Mil Cumbres y me perdí entre las curvas de un bosque interminable, a donde ascendí para montar una pequeña tienda de campaña en lo más alto y pensar y pensar en la pandemia, con 18 mil muertos a cuestas que nadie sabe justificar. Ni el gobierno tiene respuestas: se los achacó a los meses de retraso, al sistema centinela, a un error de percepción y finalmente, mejor usó un distractor a que llamó BOA.

Yo no sé qué decir, en quién encontrar a un responsable del 11% de letalidad, y no nada más porque estamos obesos: en Europa tienen invertida la pirámide poblacional y no hay esas letalidades excusadas en la vejez. Sólo se explica por un mal manejo de la enfermedad, no peor que las medidas de contención.

Y ahí estaba yo bajo la lluvia, pensando en mi familia, en mis amigos y compañeros fallecidos por la negligencia, cavilando dentro de una tienda de campaña y una bolsa de dormir, lejos de todo, incluso de virus que tenía que volver a ver a la cara el siguiente lunes. Era como Scott en su frágil tienda con sus pensamientos envenenándolo, y con la certeza que Amundsen ya le había ganado la carrera al Sur.

En lugar de cargar un sleeping bag, debí llevar ataúd para comenzar a acostumbrarme. De cualquier manera, cada vez que me da un espasmo de asma pienso que será el último.

Pero la humanidad no es peor que su gobierno, ni mejor que quienes resistimos en los hospitales la pandemia, muchos sin ver a los suyos, con miedo de volver a casa y con la certeza que en tu cheque encontrarás la misma limosna que ves cada 15 días, pero sin la seguridad de si tu familia la verá una, dos o tres quincenas más antes que te vuelvas un número de la estadística. Por lo pronto lejos de todo, el mundo funciona igual. La abeja liba de la flor, la golondrina cuelga su nido de las ramas, escondido del rapaz que tratará de devorar sus polluelos. La verdad es que le estorbamos al planeta y él no sabe cómo deshacerse de nosotros. Seremos víctimas del mismo halcón, ese halcón de la enfermedad, y del nuevo sistema.

Es el día de San Juan y afuera comienza a llover.

Más pronto que tarde se sabrá quién fue el verdadero villano: los médicos que exigimos medidas mínimas de protección, o el Estado indolente que nos mata porque no somos fuente de votos.

De regreso a mi ciudad, a lo lejos diviso las luces del hospital donde trabajo, donde antes me ganaba la vida y ahora puedo perderla en cualquier momento.

Ya el director general del IMSS reconoció que también está contagiado, ¿Qué nos espera a la tropa cuando el general cae herido? Nunca usó cubrebocas y nos quería a nosotros sin el nuestro.

En un futuro truncado ningún bienestar encaja, y el de los médicos es incierto.

Cuando todo esto pase se darán cuenta, quienes no sean reclamados por la tierra, que ésta será una generación perdida más. Desde hace años estudiar no es el remedio, y la clase media se precariza cada vez peor. Las universidades se encargan de formar godinez dispuestos a cumplir caprichos de las empresas, horarios esclavizantes y sueldos precarios. Sólo se necesitaba una pandemia para justificarse.

A los doctores también nos quieren tratan como godinez; todo depende que lo aceptemos o no. Habemos quienes estamos fabricados de otras maderas y por eso, a pesar de poder hacerlo, no ocupamos puestos donde solo seríamos adornos, ceniceros y floreros ordenando estupideces. Renuncié hace dos años a la confianza N53 por convicción propia, y por lo mismo no tengo planes de volver a la cúpula de la ceguera y el silencio obligado.

Como aquella vez, cada que necesito reflexionar regreso al bosque.

Ahí me entero de que en vez de pagar mejor a los médicos mexicanos, decidieron traer a precios de oro a cientos de profesionistas cubanos (135 millones de dólares por los 585 integrantes de la brigada médica castrista).

Por cierto, en octubre será nuestra revisión salarial del IMSS y en 2021 la contractual. Ahí veremos la gratitud que nos tiene este gobierno progresista.

Mientras más sincera y menos hipócrita sea una persona, más odiada será.

Estoy dispuesto a seguir recibiendo ataques y críticas a cambio de decir lo que pienso, como lo he hecho por más de 10 años, porque cuando entre cánidos se olfatean el trasero, es porque les parece que huelen una flor. Esas perversiones entre algunos humanos no son cosa mía.

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