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12:31h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

“…El día de los comicios se encarga de trasladar los camiones de afiliados (por cabeza le dan 10 mil) para luego hacer el "ratón loco" (primero uno va a votar, entra a la mampara y se lleva la boleta en blanco, sale y en la urna deposita una hoja…”

Les voy a platicar un cuento indiscreto.

La ciudad donde vivo, aunque pertenece a Guanajuato, está relativamente cerca del Estado de México. Por eso, un compadre llamado Higinio es mejor conocido en la juerga del dominó como "El Mapache".

Para comenzar su trabajo, en épocas electorales junta gente de las colonias populares y la lleva a afiliar con domicilios ficticios a El Oro, Atlacomulco y Aculco, que están a menos de hora y media de camino. También él está registrado en su credencial de elector como habitante del Estado de México, aunque sólo va para allá en tiempos de vacas gordas, o sea, cuando hay votaciones. El día de los comicios se encarga de trasladar los camiones de afiliados (por cabeza le dan 10 mil) para luego hacer el "ratón loco" (primero uno va a votar, entra a la mampara y se lleva la boleta en blanco, sale y en la urna deposita una hoja, acto seguido se va a una casa de seguridad y entrega la boleta en blanco, le pagan y esa papeleta alguien la marca votando por el PRI, luego se la entrega a otro que va a la casilla, este al votar se roba la papeleta que le dieron y deposita la marcada por el PRI, entrega a otro la boleta en blanco, le pagan y así sucesivamente), el “carrusel” y los "tacos de boleta" que consisten en envolver un sufragio a favor de un candidato con otro cargado de igual manera y depositarlos en las urnas. Si las cosas de todos modos se ponen muy duras para el partido oficial, vienen el robo de las urnas en los distritos menos favorecidos, la quema de boletas y finalmente la caída del sistema por algunos minutos. El sufragio de personas fallecidas, las tarjetas de post pago y el embarazo de cajas antes del conteo, es ya de lo más normal, peccata minuta, o como dice el presidente Peña Nieto para despejarse de cualquier carga moral luego de los múltiples casos de conflicto de interés en que se ha visto inmiscuido él y sus colaboradores cercanos, «es parte de nuestra idiosincrasia y bellas tradiciones mexicanas». Aun así, el PRI estuvo a 2 puntos de perder la elección en el Estado se México y mi compadre Higinio su sustento del resto de la temporada, hasta las elecciones federales.

Como donde vivo el PRI es la cuarta fuerza política —y a veces se disputa incluso el 5º sitio con sus propios partidos parasitarios—, durante el resto del año mi compadre no tiene mucho qué hacer aquí; mi ciudad es sólo su lugar de retiro por la buena ubicación, su excelente clima y los balnearios aledaños de aguas termales que le curan las reumas.

Pero cuando a él le va bien en la cosecha de entidades vecinas como Michoacán o Estado de México, nos va bien a todos porque invita muchas rondas de chelas, e incluso a las muchachas en la cantina, sólo que esta última vez al pobre no se le han podido borrar las ojeras moradas en forma de antifaz, porque sus mapacherías rebasaron el sentido común y ofendieron la inteligencia hasta del más idiota. Por fortuna, Higinio es un buitre muy aleteado, como el partido al que pertenece.

Lo que me llama la atención es la rendición de cuentas que dará el Instituto Electoral del Estado de México y el Instituto Nacional Electoral, que se sostienen del dinero de los mexicanos y que, por cierto, nos salen bastante caros como para que sólo sean un instrumento que avale las trampas del partido oficial sin castigarlas.

La “rendición de cuentas” es una expresión en boga, pero esta frase parece hecha a modo por los políticos para joder a los burócratas de bajo rango; sin embargo, no les aplica a ellos. ¿Cuál es la historia de esta expresión que no puede faltar en el discurso de cualquier ratón bípedo en épocas de votaciones?:

El ministro de finanzas de Luis XVI, Jacques Necker, un banquero suizo, publicó la llamada Compte rendu au Roi, en la que ventilaba el manejo de los recursos que el funcionario había recibido con su cargo, dejando en evidencia a los miembros del Consejo de Notables, quienes gastaban a cuenta del erario público sumas obscenas, destinadas a comidas, transportes y otros lujos inaceptables para su llana función de consejeros. Hoy a esos consejeros se les puede llamar diputados, senadores, ministros de la SCJN, y todos las cargos rimbombantes con los que se nombra a parásitos y aviadores. Antes, en la época de Luis XVI, el Consejo era una excusa para financiar a nobles arruinados, parientes, recomendados e incluso amantes de miembros de la corte. Necker no sabía cómo decirle al rey que no prosperaría en el precepto de sanear la hacienda francesa mientras no se pusiera un hasta aquí a los zánganos, pero dado que era un banquero suizo y no un noble francés, temía sufrir las represalias de los evidenciados, así que, en una disposición lúcida, se le ocurrió mandar a la imprenta real sus hallazgos, presentados en tablas ordenadas y sin comentarios soeces. No era necesario, porque los datos mismos ya gritaban el abuso que se cometía. Entregó un ejemplar al rey y al mismo tiempo propagó el reporte; a Luis XVI no le quedó más que confrontar la evidencia y sanear el desvío de la hacienda pública que había beneficiado a los Notables. Los demás ministros admiraron la agudeza del extranjero, mientras que los ciudadanos se regocijaron con la honestidad y la reprimenda a la iniquidad que logró Necker.

Desde entonces, para todo servidor público que vive del erario, y sobre todo los buitres… ¡perdón!, águilas de altos vuelos, entregar buenas cuentas es el inicio de su responsabilidad. La rendición de cuentas en su carácter más puro aplica a zánganos, aviadores, mapaches, sanguijuelas y todos aquellos que medran a costillas de los que trabajamos de sol a sol para ganarnos en pan con esfuerzo.

¿Cuánto ganan los consejeros electorales?, ¿qué cuentas entregarán en el Estado de México y Coahuila? Un fraude electoral es un atentado en contra de la voluntad popular, las características del voto y la transparencia de los procesos electorales, y es peor cuando éste se comete con la anuencia de los órganos electorales que deberían ser imparciales, lo que puede ser calificado como “fraude masivo”.

Ojalá que ahora que a mi compadre Higinio le crezca la próstata y caiga en salubridad, por falta de personal médico debido a los recortes que ocasionaron los gastos desmedidos en campañas políticas y el estipendio de “Los Notables” que las avalan, no le vaya a poner la sonda en la pinga un practicante y le infle el globo a medio caño, como castigo divino o karma, porque ahí sí, ¿qué cuentas podrá exigir si fue cómplice de este sistema y de los rezagos que genera su corrupción?