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12:41h. Viernes, 24 de Noviembre de 2017

"Para crecer como nación debemos conocer nuestra historia, conciliar el pasado, saber cómo fueron nuestros héroes de carne y hueso, y saber también que motivó sus pasiones y las de sus contendientes..."

Este año se cumplieron 150 años del Sitio de Querétaro, que inició el 06 de marzo de 1867 y concluyó en mayo del mismo año. Aunque historia oficial dice otra cosa, las crónicas de guerra es mejor comenzarlas a contar como fueron realmente y no como nos las enseñaron. Hay que tener en cuenta que las historias que escriben los vencedores cuentan con vicios de origen.

De Miguel Miramón, además del epitafio de “traidor” con el cual han adornado sus biografías los funcionarios oficialistas, cabe mencionar que fue Niño Héroe del Colegio Militar junto con cincuenta cadetes más, lo que el 16 de octubre de 1848 les valió la medalla de honor a los defensores de la Batalla de Chapultepec. Llegó a las primeras esferas del Partido Conservador cuando el 17 de diciembre de 1857, el presidente electo Ignacio Comonfort se dio un auto golpe de Estado, destituyendo de su cargo y encarcelando a Benito Juárez, presidente de la Suprema Corte de Justicia, para finalmente desconocer la constitución de 1857. Se proclamó el Plan de Tacubaya, al cual se adhirió Miramón. Comonfort se exilió, pero antes excarceló a Juárez, quedando Félix María Zuloaga al frente de la presidencia. Cuando Zuloaga renunció, Miguel Miramón fue nombrado presidente interino del 2 de febrero de 1859 al 24 de diciembre de 1860, siendo con veintisiete años de edad, el primer mandatario más joven de México.

En tanto, Benito Juárez no se encontraba ya en funciones, al haber sido destituido de su cargo como presidente de la Suprema Corte de Justicia y hallarse recluido. No obstante, al ser liberado, erigió un gobierno de facto a la par del conservador, lo que dio inicio a la Guerra de Reforma, también llamada Guerra de los Tres Años. De ahí en adelante, Juárez gobernó con facultades extraordinarias, a pesar de enarbolar la Constitución de 1857 como bandera de guerra.

Miramón se negó durante su mandato vender a los Estados Unidos de América el Istmo de Tehuantepec para construir un canal y los estados fronterizos del norte, por eso James Buchanan, presidente de EU, reconoció a Juárez como presidente de México a cambio del tratado McLane-Ocampo, con el que don Benito cedía a perpetuidad el Istmo de Tehuantepec y los estados de Sonora, Sinaloa, Tamaulipas y Nuevo León, canjeados por apoyo bélico y 4 millones de pesos. Este ominoso e indefendible tratado se firmó en Veracruz el 14 de diciembre de 1859, pero afortunadamente, debido a la inminencia de la Guerra de Secesión, fue rechazado por el Senado estadounidense y nunca se ratificó.

El 6 de marzo de 1860, una escuadra norteamericana conformada por la corbeta Saratoga, el Wave y el Indanola, al mando del almirante Turner, a petición de don Benito Juárez, atacó a los vapores artillados mexicanos: General Miramón, Marques de la Habana, y a la balandra María Concepción que transportaba víveres. En conjunto intentaban un bloqueo naval al puerto de Veracruz, sede de los poderes liberales, mientras Miguel Miramón tenía planeado atacar por tierra y hacer capitular a Juárez. Esta intromisión extranjera surgida a raíz del tratado McClane-Ocampo cambió el curso de la guerra, y el 22 de diciembre del mismo año fueron derrotados los conservadores de manera definitiva en Calpulalpan. Miramón renunció a la presidencia y se exilió en Europa. Cabe mencionar que las tres naves capturadas por los estadounidenses sirvieron en la marina confederada, una de ellas (el Marques de la Habana) fue renombrada “cañonera CSS McRae”.

Hubo un breve periodo de relativa calma después de la Guerra de los Tres Años, pero la agitación social no cesó. Europa y Norteamérica estaban en pugna, y gran parte de la población mexicana se inclinaba hacia la Europa Latina, movidos aún por el recuerdo de los territorios arrebatados en la guerra contra Texas y la invasión de 1846. Los conservadores tenían temor de perder más territorio nacional debido a la cercanía de Juárez con la potencia del norte, por eso en cuanto inició la Guerra de Secesión, viajaron al castillo de Miramar en Trieste, para pedir a Maximiliano de Habsburgo que aceptara el nombramiento de emperador de México apoyado por Francia, para mantener contenida la expansión territorial norteamericana (pocos años después los Estados Unidos le arrebataron Puerto Rico y Cuba a España,  Panamá a Colombia, y promovieron las Guerras Bananeras que desangraron la región del Caribe, y que aunque demasiado tarde, le dieron la razón a Maximiliano, a Miramón, a los franceses y al desaparecido Partido Conservador mexicano).

Maximiliano no entregó los bienes confiscados a la iglesia católica, como creyeron los conservadores que haría. Estableció jornadas de trabajo de diez horas con dos de descanso, más un día de asueto por semana; prohibió el castigo corporal, las cárceles privadas; dio libre acceso a los comerciantes a los centros de trabajo, y la libertad a los mexicanos de escoger dónde trabajar. Por proteger al pueblo de México se enemistó con los norteamericanos, con los franceses y con la propia Iglesia Católica.

Se conjuntaron muchas situaciones que hicieron sucumbir al Segundo Imperio Mexicano. La primera de ellas, el término de la Guerra de Secesión en 1866.

Luego de la Guerra de las Siete Semanas en Europa, Francia y Prusia entraron en un periodo de tensión y Napoleón III, emperador de Francia, retiró su apoyo militar a Maximiliano I de México, quien intentó reorganizarse en Querétaro.

El 6 de marzo de 1867 comenzó el sitio a la ciudad de Querétaro por parte del General Mariano Escobedo, plaza que cayó después de 61 días de resistencia.

El 19 de junio de 1867 a las 07:05 horas fueron fusilados en el Cerro de las Campanas: Maximiliano I de México, el ex presidente Miguel Miramón y el general Tomás Mejía.

Benito Juárez murió en su cama, aferrado al poder, cinco años después, enemistado con sus viejos compañeros del Partido Liberal, debido a las purgas que llevó a cabo dentro de éste para sacudirse adversarios políticos. Mientras, EU, el gran aliado de Juárez, continuó su expansión hasta nuestros días.

Para crecer como nación debemos conocer nuestra historia, conciliar el pasado, saber cómo fueron nuestros héroes de carne y hueso, y saber también que motivó sus pasiones y las de sus contendientes. La historia no es una novela sacada de los resabios de la memoria, sino la base en la que se sustenta el orgullo de un pueblo, aunque discrepe de lo que quisiéramos que haya sido.