El Evangelio Según • El son de la negra • Víctor Hugo Perez Nieto

“…el clamor de desesperación nos ha alcanzado para 25 miserables vacunas…”

El Evangelio Según • El son de la negra • Víctor Hugo Perez Nieto



A un año del caso cero de covid-19, gran parte del personal del IMSS continúa sin vacunarse o con su esquema incompleto, salvo el personal que labora en las delegaciones, subdelegaciones y puestos de confianza, que por cierto, sólo realizan labores administrativas.

Por eso es el IMSS la institución con mayor mortalidad de personal hospitalario. Pero eso si, como ya se acercan las elecciones, tienen prisa por abrir las agendas de consulta externa de especialidades (que no son urgentes), sin vacunar al personal de los consultorios.

Si tanto les urge, ya estaríamos todos vacunados.

Esa alta letalidad ente trabajadores del IMSS no es por casualidad. Tiene que ver en mucho la indolencia de las autoridades centrales, quienes creen que porque ellos ya se inmunizaron y vacunaron al personal de la zona metropolitana de la Ciudad de México y las sedes delegacionales, la protección fue transmitida por homeostasis al resto del personal.

Las empresas están obligadas a cuidar de sus trabajadores, más en un país que se jacta de haber dejado atrás el neoliberalismo para adoptar la socialdemocracia. De lo contrario, todo es discurso y demagogia para esconder que se continúa en un estado de capitalismo voraz.

Todas las empresas serias han enviado a descansar a sus obreros con comorbilidades como diabetes, hipertensión o cáncer, excepto el IMSS (yo soy hipertenso y estoy laborando, con las secuelas que me dejaron un 40% de capacidad pulmonar después de haber padecido covid-19, solo por mencionar un ejemplo).

A raíz de mis dos columnas de opinión anteriores, llegaron las 25 primeras dosis de vacuna para callarme la boca, y prometieron que pronto llegaría el resto para los demás. Ya hicieron otra lista, sólo para 20 compañeros más, aún sin fecha de arribo. O sea, como el son de la negra: nos dijeron que si, pero no nos dijeron cuándo, y ya quieren exponernos a que nos tosan y estornuden en la cara 30 pacientes al día (la cantidad aproximada de consultas que nos obligan a ver por turno, en una mazmorra sin ventilación, que es donde se ubica el consultorio de ortopedia en el IMSS Acámbaro).

Cuando fui director de mi unidad gestioné otro consultorio que se construyó, pero que no hemos estrenado por razones que desconozco, y que parece no saberlo el equipo de supervisión delegacional, porque ven lo que les conviene nada más.

A las autoridades centrales les quiero hacer saber (porque actúan como si también lo desconocieran) que cada unidad tiene sus características especiales, y no es lo mismo trabajar en el Centro Médico Siglo XXI, reconstruido luego del terremoto del 1985, que en el IMSS Acámbaro, ubicado en un viejo edificio del Porfiriato, con áticos y sótanos inexpugnables, catalogado como patrimonio de la humanidad, que hoy día es más propicio para un museo de la inquisición, que para un hospital de segundo nivel con todas las especialidades.

Y así de olvidadas como están las instalaciones por la delegación de León, nos encontramos los 250 trabajadores. Sólo para que los lectores se den una idea de nuestro reclamo, el clamor de desesperación nos ha alcanzado para 25 miserables vacunas (peor sería nada, claro), y con eso pretenden regresarnos a la normalidad en semáforo naranja (el lugar donde más personas se contagian de bacterias, hongos y virus oportunistas son los hospitales).

¡Que alguien sensato nos escuche, por amor de Dios!, para que conforme nos vayan vacunando, podamos irnos reincorporando con menor riesgo para nosotros, nuestros pacientes y familiares, a las actividades no urgentes y dejen de tratarnos como seres sacrificables.

El principal recurso de una empresa no es el financiero, sino el humano.

Lectores y compañeros trabajadores: que no pretendan vendernos leche antes de tener la vaca.

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