martes. 21.09.2021
El Tiempo

El Evangelio Según • Víctor Hugo Pérez Nieto • ¿Como en Suecia?

“…no fue la falta de oxígeno, sino la lentitud de la respuesta, lo que mató a los pacientes…”

El Evangelio Según • Víctor Hugo Pérez Nieto • ¿Como en Suecia?

Pido disculpas por no quitar el dedo del renglón, pero cuando en la campaña presidencial nos prometieron un sistema de salud como el de Suecia, creo que muchos lo malinterpretamos.

Hace una semana, con impotencia vimos por las redes sociales el llamado desesperado que hacían los trabajadores del IMSS de Tula, Hidalgo, rogando por oxígeno o el traslado de pacientes COVID luego del desbordamiento de un río. El llamado se prolongó por horas, y cuando finalmente llegó la ayuda, se contabilizaron 17 muertos. 17 muertos que en apariencia no son responsabilidad de nadie porque los fenómenos naturales no se pueden prevenir.

¿Pero… ¿y los protocolos de respuesta inmediata de las autoridades instituciones?

Ya les había platicado de una toma de rehenes en el HGZ4 de Celaya, debido a la negligencia de un equipo de supervisión delegacional, y también que en mi centro de trabajo colocaron candados y cerraduras en todas las salidas, incluidas la de emergencia, hasta que hace unos meses denuncié en esta columna el peligro al que estábamos expuestos, y los quitaron. Desgraciadamente son como el perro, que sólo a periodicazos entiende, pero debe haber alguien con sentido común y temor a las leyes de Murphy que les señale a las autoridades los puntos de riesgo, para evitar tragedias.

Los desastres no son casuales. Ocurren por una cadena de errores, negligencias e indicaciones mal dadas desde la parte trasera de un escritorio de caoba en una oficina climatizada, y por alguien que no conoce las unidades periféricas ni sus necesidades. Todo lo ven en gráficas y números.

Anteriormente los directivos realizábamos una matriz de riesgo que se entregaba a la delegación y que sería prudente comenzar a revisar en el HGZ5 de Tula, donde se dio la tragedia, para valorar los protocolos de respuesta inmediata de las delegaciones, porque al final de cuentas no fue la falta de oxígeno, sino la lentitud de la respuesta, lo que mató a los pacientes. No contar con concentradores de oxígeno y tanques portátiles, porque el IMSS compra insumos o subroga servicios (incluidas ambulancias) sólo si se utilizan, no para tenerlos en caso de una emergencia, porque es un despilfarro. ¡Pues ahí tienen su daño patrimonial! y que alguien se haga responsable, así como deben hacerlo con las numerosas muertes de médicos que siguen ocurriendo en el sector salud por la falta de vacunación anti COVID o esquemas incompletos. La última de ellas, la de mi compañero y amigo Francisco Javier Malindo Paniagua, médico urgenciólogo del HGSZ13 de Acámbaro, quien al igual que yo, por la lejanía de Acámbaro con León, a pesar de pertenecer al mismo estado, nunca pudo ser vacunado.

Yo si tuve la fortuna de poder completar mi esquema en el extranjero, pero a él esa indolencia (que también denuncié ante la función pública) le costó la vida.

Si yo renuncié a mi puesto de director desde hace 3 años, fue porque me di cuenta de que para las autoridades delegacionales los hospitales periféricos no existimos: también esa fue la principal causa de la muerte del Dr Malindo Paniagua, y seguramente la de la tragedia en Tula.

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