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15:02h. Lunes, 20 de Noviembre de 2017

“…no son los desastres naturales la mayor calamidad ni nuestra perfecta característica. Lo que realmente nos pega como nación es nuestro sistema político viciado, corrupto, sumiso a los intereses extranjeros y traidor a la patria…”

Si no son los huracanes son los terremotos, y si no, nuestro sistema corrupto con el narcotráfico y la violencia que engendra; pero por desgracia, México nunca deja de ser noticia internacional. Las primeras dos circunstancias (sismos y ciclones) no las podemos evitar debido a nuestra ubicación geográfica, que si bien es privilegiada al ser México un país con sol los 365 días del año, gracias a que nos divide a la mitad el Trópico de Cáncer, situación que nos otorga casi todos los climas y ecosistemas del hemisferio, también nos pone en el corredor habitual de los huracanes, ya que no hay un año en que no nos causen destrozos. Si a esto le sumamos que nos atraviesa de norte a sur el Cinturón de Fuego del Pacífico, a más de uno se le ocurriría irse a vivir al Sáhara: estéril y ardiente pero más parsimonioso. 

Sin embargo, no son los desastres naturales la mayor calamidad ni nuestra perfecta característica. Lo que realmente nos pega como nación es nuestro sistema político viciado, corrupto, sumiso a los intereses extranjeros y traidor a la patria, porque quien tiene muchos vicios tiene también muchos amos, y quien tiene más de un amo, trabaja para más de un interés ajeno al bien común. 

Bendito Dios que existe Nicolás Maduro. De lo contrario tendríamos a la clase política más impresentable del mundo, y de paso la ciudad con mayor criminalidad —aunque de esto guardo mis dudas, ya que en el 2012 paseé por Petare y regresé incolumne, cosa que no me atrevería a hacer en Reynosa, en Ciudad Juárez o en Tijuana. Es más, ni en el mismo Acapulco. 

Muy lejos quedó el tiempo cuando Plutarco de Queronea consideró a la clase política el pináculo de las virtudes de una sociedad, comparando a ilustres personajes griegos y romanos en su obra “Vidas Paralelas”. Seguramente se volvería a morir si tuviera qué hacer una segunda parte de su obra cotejando a los políticos latinoamericanos, que con excepción de José Mujica, no creo que ninguno saliera bien librado. 

Hace mucho murieron los grandes militares-políticos de memorables hazañas como Alejandro Magno, Agis y Cleomenes o Arato, todos del mundo helénico. Pero México tiene también tuvo los suyos: José Maria Morelos, Agustín de Iturbide, Miguel Miramón, Porfirio Díaz, Emiliano Zapata y tal vez el último de ellos: Lázaro Cárdenas. 

Aunque muchos en bandos contrarios, todos fueron brillantes militares y políticos polifacéticos. Hoy sólo tenemos cobardes y bribones que se sirven del poder para matar nuestros sueños, nuestra libertad de expresarnos, nuestro futuro. 

Esta semana "Animal Político" acaba de destapar otra cloaca dentro del PRI a la que bautizó "La Estafa Maestra", la cual consiste, groso modo, en triangular recursos a través de universidades públicas y éstas con empresas fantasma para hacer desaparecer el dinero, haciéndolo casi imposible de rastrear y sin que haya culpables. 

¿Va a desaparecer este gobierno a Animal Político del espectro internauta, al igual que como lo hicieron con Carmen Aristegui de la radio cuando dio a conocer el escándalo de la Casa Blanca de las Lomas? 

Nuestros gobernantes —en especial los del PRI, hay qué decirlo sin tapujos— son una afrenta al país, una verdadera majadería para el pueblo, y aún así los hemos sufrido por décadas y décadas. Tomaré otra frase de Plutarco de Queronea que dice: «Contempla cuántos cambios suceden en el carácter y la vida de los hombres; por lo que su parte cambiante es llamada tanto "modo", como “carácter”, porque la “costumbre” penetra la mayor parte de la vida y tiene muchísimo poder, habiéndose apoderado de ella». 

El priismo en este sexenio ya adoptó como arraigada “costumbre” la corrupción, al grado que los mismos mexicanos hemos creado algo conocido en medicina como “tolerancia”, y que consiste en mantener absorta la mirada crítica, o lo suficientemente ocupada en el pasado para no prestar atención a nuevos acontecimientos de relevancia. 

En este caso que trato, ya conocido en el extranjero como La Estafa Maestra, el terremoto del Sureste, los huracanes y todos los actos pasados de corrupción, han sido excelentes distractores. Por eso ya desistimos de levantar la voz, tomar las calles, manifestarnos y exigir renuncias, en temas tan vergonzosos como las Casas Blancas, las de Malinalco, las de Miami, Odebrecht y la recién descubierta Estafa Maestra. 

Contra los temblores y huracanes no podemos hacer nada más que resignarnos. Las bondades naturales de nuestra patria son consecuencia de nuestra ubicación estratégica, y esa es nuestra espada de Damocles. Pero con un poco de educación y sentido común podemos desterrar a los malos gobernantes. 

Tal vez el 2018 sea nuestra última oportunidad, antes que los descendientes de Antonio López de Santana terminen por vendernos como esclavos a todos.