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21:11h. Domingo, 25 de Junio de 2017

“…no puedo pasar por alto ver que hoy el método científico está bajo presiones conceptuales como cuando a Galileo lo obligaron a afirmar que la tierra era plana…

 

 

El día de hoy la razón se encuentra de nuevo secuestrada por los dogmas. Los juicios de valor han sustituido a la filosofía y hasta cuestiones ideológicas suplen a las científicas como en los tiempos más oscuros de la Edad Media.

¿No me creen? Hace tres semanas recibí una invitación para conmemorar el "día internacional en contra de la homofobia y transfobia" donde –textual- se ejercería presión para que la transexualidad se quitara de los manuales de psiquiatría CIE10 y DSM IV como trastorno de la identidad sexual.

No soy psiquiatra ni mucho menos investigador de neurociencias, por lo que ni siquiera me atrevo a pronunciarme a favor ni en contra mediante un juicio de valor. Es más, como persona educada en, y estudiosa de los derechos humanos, estoy en contra de cualquier tipo de discriminación, pero también como miembro de la comunidad científica (la medicina es una disciplina basada en evidencias), no puedo pasar por alto ver que hoy el método científico está bajo presiones conceptuales como cuando a Galileo lo obligaron a afirmar que la tierra era plana. La comunidad docta en cualquier materia, actualmente está en las mismas condiciones al tener que emitir un dictamen bajo coacción, y no a través de la investigación seria.

Tal vez yo esté mentalmente más desequilibrado que cualquiera de mis lectores y radioescuchas, pero si es así prefiero saberlo, y no que quemen, como en la Revolución Cultural China, todos los textos que aborden la locura.

Lo que pretenden los organizadores del "día internacional en contra de la homofobia y transfobia", no es reivindicar sus derechos ni exaltar su orgullo. Equivale a regresar a la época cuando a Galileo Galilei lo obligaron a declarar que se había equivocado y que efectivamente, la tierra era plana y no redonda, como lo afirmó en un principio.

Si las investigaciones científicas refutan que la transexualidad es un trastorno, ¡excelente!, pero un dictamen científico no puede ocurrir ni por votación ni bajo presión mediática. Es por eso que esa invitación que me llegó me pareció desafortunada, al menos en el planteamiento, y como médico me recordó las enfermedades propias de la pobreza: las epidemias, las muertes maternas y todas las calamidades que desaparecen sólo por “decreto presidencial”, las cuales, el gobierno, en un afán de esconderlas toma toda clase de medidas punitivas contra los servidores públicos, intentando con esto encubrir la realidad que ocasionan los recortes presupuestales en educación y salud, pero sin asumir responsabilidad alguna de sus decisiones al momento de rendir cuentas nacionales e internacionales. Un padecimiento no desparece por orden ejecutiva ni deja de serlo porque se quemen todos los libros del mundo donde se menciona.

La verdad, yo tampoco creo que la transexualidad sea enfermedad, y voto porque sea retirada como el diagnóstico de un trastorno de la identidad sexual del manual CIE10 y DSM IV, aunque para creer están las religiones y para contabilizar los votos, las democracias, así que mejor prefiero apegarme a criterios científicos y saber que puedo seguir confiando en ellos, y no como en los políticos, a quienes debe uno creerles lo contrario de lo que dicen.