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07:32h. Lunes, 24 de Septiembre de 2018

“…en los 12 años de gobierno panista, también pudieron haber desterrado la corrupción del país, liquidando la anquilosada estructura del PRI que operaba desde los estados, en lugar de terminar confundidos con ellos…

“El Paisaje de la Ira” se llama un documental que vi en NATGEO, donde los leones salvajes matan a sus competidores como las chitas, las hienas, los leopardos e incluso sus propios cachorros, para evitar la merma de las presas en época de sequía.

Esta misma conducta se presenta entre los políticos en cada temporada electoral donde, literal, se dan hasta con la bacinica los aspirantes presidenciables. Esta vez, el que está en mayor y obvia desventaja, listo para ser devorado, es el candidato del PRI, abrumado por ser el cerebro detrás del gasolinazo, del desvío de fondos de la SHCP a las campañas de su partido, y la Estafa Maestra que tiene en la quiebra a varias universidades. Tanta es su desventaja, que aún con los grandes consorcios informativos a su favor para la guerra sucia, ya está pidiendo esquina. El PRI nos ofrece una sopa fría, con mucha manteca de chancho, que terminará por ocasionarnos pancreatitis si comemos otro plato.

El segundo plato es el de Anaya. Yo no me trago la teoría conspirativa del PRIAN y quizás sea por un sesgo, ya que desde varias generaciones hemos sido panistas en la familia. Pero también creo que los postulados inamovibles son la cárcel de un pensamiento crítico.

No hay nada más poderoso y también más peligroso que una mente adoctrinada.

Así como me niego a votar por el autor de los gasolinazos y la quiebra de las universidades, tampoco puedo desperdiciar mi sufragio en un proyecto que ya no cuajó (Frente Ciudadano, o POR MÉXICO AL FRENTE). Por mucho cariño que sienta por el único partido con el que he simpatizado, y por más que me lastime aceptarlo, hay dos realidades innegables:

La primera es que a pesar de la estabilidad económica que se vivió por primera vez en México en los 12 años de gobierno panista, también pudieron haber desterrado la corrupción del país, liquidando la anquilosada estructura del PRI que operaba desde los estados, en lugar de terminar confundidos con ellos, tanto así que Meade trabajó para los gobiernos azules. La segunda realidad, es que Anaya terminó por fragmentar al partido que una vez fue la única oposición verdadera en México, y que costará trabajo volver a reconstruir de los puros tepalcates que quedarán luego del 2018. El Frente Ciudadano formado por PAN-PRD, sólo me ofrece una sopa aguada e insípida.

Quizás, cuando ellos vuelvan a creer en la lucha social para un México justo como en los tiempos de Clouthier, de Castillo Peraza, del doctor Salvador Nava, o de don Luis H Álvarez, también me volveré a poner mi vieja playera azul. Mientras tanto, está colgada en el perchero.

Sólo me queda una sopa que más bien parece mole, porque está compuesta de muchos chiles, más cercana a un alimento barroco cocinado en una honda olla de barro de la cual nada más la cuchara conoce el fondo, y que al final nos puede causar la indigestión que ya hemos vivido con las alternancias.

La transformación de la lealtad de un paradigma a otro es una experiencia de conversión que no se puede forzar. Asimilar un tipo de hecho nuevo exige, algo más que un ajuste auditivo a otra teoría distinta, sin ir más allá del análisis palabra por palabra, hecho por hecho. De lo contrario sólo será lanzar una moneda al aire, ante la ausencia de opciones. La decisión carecerá, en el mejor de los casos, de sensatez alguna.

Decidiré hasta el 2 de julio. Tal vez lo haga por MORENA, la única opción viable de cambio (no sé si para bien o para mal), porque se requiere de un borrón y cuenta nueva en la administración pública. Pero estoy consciente que para avanzar como país se requerirán por lo menos tres generaciones de estudio, educación y salud, con un nuevo enfoque filosófico en la manera de gobernar. Nadie puede cambiar nada de un día para otro, ni de un año a otro y ni de un sexenio a otro. El problema no es solo la clase política, somos todos los mexicanos en la generalidad. Si el nuevo gobierno (del color que sea) no comienza a cimentar las bases para a largo plazo convertir a México en una potencia mundial, fracasará de nuevo la alternancia. México no necesita demagogos ni caudillos que prometan cambios de un día para otro, o que vayan a sacar a patadas al PRI de Los Pinos. El país requiere para las nuevas generaciones, a ciudadanos educados, saludables, cultos y bien alimentados; con una clase política no tan bien tragada como la actual.