Lunes. 09.12.2019
El Tiempo

Policía Federal

“…con tanto maltrato, hasta San Francisco de Asís se desanima y se convierte en el hermano Lobo…”


En el gremio médico hay 99% de buenos profesionistas y 1% de compañeros que hacen quedar mal y poner en duda el trabajo de la mayoría. Dentro de la grey católica hay sacerdotes de conducta intachable, y por algunos casos de pederastia, pésimamente manejados desde El Vaticano, tiende a generalizarse el linchamiento mediático contra los católicos, azuzado por oscuros poderes. Algo parecido pasa con la Policía Federal, organismo que ha representado lo más honrado de las fuerzas civiles y donde muchos de sus miembros han dejado la vida en el campo de batalla en defensa del pueblo, y a quienes ahora intentan degradar y humillar, generalizando la mala actuación de algunos de sus miembros.

En el municipio que habito, posterior al famoso “michoacanazo”, se llevaron a investigación a todos los policías municipales y sus mandos, por lo que la seguridad pública quedó durante un año a cargo de la Policía Federal. Es el único periodo de paz que recuerdo, donde los habitantes podíamos pasear sin sobresaltos a altas horas de la noche. Una vez que se retiraron, volvimos a quedar en la indefensión en todo el sur de Guanajuato, con toques de queda autoimpuestos. Tal vez sea por eso que tengo otro concepto y siento gratitud hacia la Policía Federal.

Los derechos laborales, que no sólo los policías, sino todos los trabajadores al servicio del Estado han ganado, no se deben mendigar, sino exigir, ya que los han alcanzado a base de esfuerzo y lucha, no como los políticos, que se ponen y quitan salarios y prestaciones a su antojo o del de su jefe en turno. Y aunque la Policía Federal no cuenta con un sindicato como otros gremios, eso no quiere decir que cualquiera pueda pasar por encima de sus derechos laborales. ¿Desde cuándo la lealtad exige el sacrificio familiar y la autoinmolación? Defender conquistas laborales debe ser del interés de todos. Del mismo modo que muchos estuvimos del lado de los maestros en  el sexenio pasado, hoy los policías deben saber que no están solos.

¿La esclavitud? Estamos en contra de ella; eso es una cuestión de principios básicos. Aunque haya que tolerarla, claro está, en la Guardia Nacional, en la Policía Federal o en el personal de confianza que labora para el Estado Mexicano. Al fin y al cabo, ellos son fifís y no tienen derecho a protestar. “Nosotros tenemos la verdad absoluta, ustedes pueden protestar, discutirla, pero eso no nos interesa, desde el momento en que su génesis no fue obra de la 4T”, es el mensaje que el Presidente manda a las instituciones formadas y establecidas decenas de años atrás.

Sólo espero que se haga justicia a los federales porque, como dice el dicho: “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Si a ellos, que han dejado la vida por puñados para defendernos, les hacen esto, ¿qué espera al resto de los trabajadores al servicio del Estado Mexicano? Por lo pronto, aunque conjurada la necedad de incluir al ISSSTE y al IMSS en el sistema universal de salud, se rumora que en la próxima revisión contractual de octubre, pretenden quitarles días de aguinaldo a los trabajadores del IMSS, para que también dejen de sentirse “fifis”. Ojalá sea sólo una llamarada de petate, porque ni con la seguridad, ni con la educación, ni con la salud del pueblo de Mexico se juega. Esos tres rubros deben quedar, por el bien de todos, y la gobernabilidad de México, fuera de la llamada “austeridad republicana” que más bien parece “miseria franciscana”.

Si desde un inicio les hubiesen dicho que la 4T consistía en recortar personal y quitar prestaciones luego de denostarlos, con la intención de desviar recursos a programas sociales y quimeras mesiánicas, muchos (tal vez pronto me cuente entre ellos; por lo pronto, sigo pensando que el gobierno apenas se está asentado y por eso comete injusticias que no tenía previstas) no habrían caído en la trampa. Seguro cobrarán facturas en el 2024, espero que no antes, porque con tanto maltrato, hasta San Francisco de Asís se desanima y se convierte en el hermano Lobo.

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