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Andamos en Catar • Día once: Angustia y pase inesperado • Fernando Cuevas

"tunecinos, daneses, árabes y mexicanos tendrán que hacer las maletas de regreso a casa"
México
Adiós México
Andamos en Catar • Día once: Angustia y pase inesperado • Fernando Cuevas

Argentinos y polacos en el grupo C, franceses y australianos en el grupo D, continúan vivos en el torneo, mientras que tunecinos, daneses, árabes y mexicanos tendrán que hacer las maletas de regreso a casa. Hubo momentos de drama por el cruce de los partidos y de inevitable tristeza y festejo, sobre todo los más inesperados. Equipos que avanzan a pesar de perder y algún otro que se queda fuera no obstante el triunfo conseguido. La diferencia de goles apareció como factor de desempate y la capacidad de recuperación tras un debut incierto de un par de selecciones.

El salto de los canguros 

Primero fue Dinamarca la que mostró ambición para buscar el arco de enfrente, considerando su necesidad de ganar para seguir en el torneo. Australia esperaba un poco y resolvía lo suficiente para no verse tan comprometida, si bien pasados los diez minutos se vieron en alto riesgo y después a los veinte. Los circuitos a partir de ahí empezaron a fallar para los escandinavos e incluso hacia el final del primer episodio, fueron los aussies quienes se acercaron más a la portería rival. En una lucidora combinación de los colores primarios presentes en los uniformes, el trámite no correspondía a lo que estaba en juego, en particular por las dificultades que fueron presentando los de rojo en el medio campo y la delantera, no obstante la disposición táctica de atacar por sobre cualquier otra estrategia.

Como no queriendo la cosa, Leckie fue llevándose la pelota en un contragolpe y con rasante disparo cruzado logró vencer la meta de Schmeichel y colocar adelante a su equipo a falta de media hora de juego. A partir de ahí, los socceroos amortiguaron el intento de reacción de los daneses que se fueron apagando paulatinamente, como asumiendo un destino manifiesto que se fue imponiendo sobre ellos, aunque al final estuvieron cerca de empatar más por el orgullo que por alguna utilidad práctica. El estadio Al Janoub de Al Wakra fue testigo de cómo los australianos repiten su clasificación como lo hicieran en el 2006 y la decisión de eliminarse en Asia sigue rindiendo evidentes frutos. Dinamarca, por su parte, queda como una de las principales decepciones del torneo, jugando muy por debajo de lo que se esperaría dados sus partidos recientes.

Francia descansa y pierde

Túnez buscaba despedirse de manera digna del Mundial con una actuación que resonara en casa, aunque ya estuvieran en una difícil situación para avanzar, misma que creció como posibilidad mientras se iban ajustando los resultados. Francia descansó a sus estelares y salió al campo con nueve cambios respecto al partido anterior, al final sin responder según lo requerido y con la tribuna en contra. El cuadro norafricano buscó hacer su parte y esperar la combinación necesaria para avanzar por lo que se lanzó al abordaje y anotaron antes del minuto diez pero el gol fue invalidado por centímetros, mientras que los peluqueros, como se le llama al equipo B francés, no mostraban mucho acoplamiento e idea futbolística. La presión tunecina, sin embargo, parecía menguar y el primer lapso se diluyó sin mayores noticias en las porterías.

Para la segunda parte, la tónica fue similar hasta que Kharzi puso el gol para la causa de los de Túnez, ante ciertas complacencias de la defensa y de paso enloquecer a la tribuna. Con media hora por delante y ante la falta de respuesta de los suplentes, Deschamps decidió mandar al campo a su Mbappé, Rabiot y Saliba, como pelotón de avanzada, y después a Griezmann y Dembelé. Claro que el panorama cambió y las oportunidades se presentaron en racimo, pero la defensa tunecina no terminaba de quebrarse hasta el final, cuando cayó un gol de Griezmann que tras muchas dudas, acabó siendo también anulado por fuera de juego. Túnez le gana por primera vez a Francia y el júbilo no se hizo esperar, si bien quedaba el resquemor de que no había sido suficiente para seguir en la competencia. Los franceses, por su parte, se dieron cuenta que solo con sus estelares pueden aspirar al bicampeonato.

Las aguas vuelven a su cauce

Después del accidente inicial, la selección de Argentina ha vuelto a recobrar el control de sí misma y de su desempeño, como lo demostró ante Polonia, rival que estaba a la expectativa para no ser goleado y que en el otro partido se diera un resultado a su favor. Muy pronto empezaron a avisar los sudamericanos que iban con todo para quedarse con el liderato del grupo, pero se toparon en la primera mitad con el gran arquero Wojciech Szczesny, resistiendo los embates e incluso sacándole un penal a Messi en forma espectacular, segundo en su cuenta personal. Intento de gol olímpico, disparos apenas desviados e intervenciones en el área, anunciaban cada vez con más fuerza que el gol estaba en la punta del botín o la cabeza, sobre todo porque los polacos no inquietaban en lo absoluto al meta argentino.

Fue pronto en la segunda mitad cuando Alexis Mac Allister se encargó de abrir el marcador con disparo pegado al poste, poniendo justicia al nivel de desempeño alcanzado y, para confirmarlo Julián Álvarez anotó el segundo al 67’ tras recibir la pelota de espaldas, brindando la necesaria tranquilidad para los suyos que no dependían de nada más para seguir adelante en el certamen. Estuvieron cerca de ampliar el marcador los sudamericanos ante un indolente cuadro europeo que en determinado momento solo estaba dentro por la diferencia de tarjetas amarillas en su favor, pero un gol más en contra y el asunto cambiaba. Finalmente no fue así y lograron, a pesar de dejar varias dudas con respecto a su funcionamiento colectivo e individual, instalarse en la siguiente fase, en parte gracias a su notable arquero; en tanto, los argentinos han ido ganando en confianza y ahí están, listos para lo que venga.

Adiós México

Con la esperanza todavía encendida a pesar del desalentador panorama, la selección mexicana saltó al campo a hacer lo que no pudo en sus dos anteriores encuentros: atacar con efectividad. Arabia Saudita, por su parte, no atinaba a acomodarse en el campo y el caos prevalecía en su funcionamiento y estructura, a pesar de que un triunfo los metería a la siguiente fase sin atender otro resultado. México dominó las acciones y fue punzante de medio campo hacia arriba, ante un público mayoritariamente a favor del rival, que solo se aproximó en un par de ocasiones concluidas por Kanno sin demasiado peligro. Con dinamismo, disposición y poniendo sus capacidades al servicio del trabajo colectivo, los jugadores mexicanos se mostraban comprometidos con hacer valer el dejo de esperanza, aunque la primera parte se fue sin movimiento en las redes pero con la expectativa elevada.

Pero muy pronto en la segunda mitad, Henry Martin culminó una desviada de Montes en tiro de esquina para poner al frente a los suyos con toda justicia y merecimiento. Aprovechando el momento, Chávez puso en juego su gran técnica de golpeo de la pelota para anotar el segundo al 57’ en tiro libre y dejar media hora por delante para que el milagro descendiera sobre el campo, sobre todo cuando en el otro partido el resultado daba motivos de ánimo: con un gol más se lograba la clasificación. Se intentó, se tuvieron ocasiones e incluso se anotó pero en fuera de juego, con el drama escurriendo por todas partes. Solo por tener más amonestados, los mexicanos estaban fuera, hasta que ya sobre el final, el último mazazo para el seleccionado tricolor: una jugada de pared que Al Dawsari tuvo a bien concretar y sentenciar la despedida para ambos equipos. México hizo lo esperado: un empate (en el que jugó mejor), una derrota (jugando al tú por tú con el favorito) y un triunfo (que debió ser por más goles de diferencia), pero no le alcanzó dados los criterios.

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