Norteamérica 2026: Día cinco o la rebelión en la granja • Fernando Cuevas
Jornada de empates, casi todos inesperados. No es que sea normal, pero es común si uno revisa las primeras participaciones de los equipos contendientes. Al final, todos somos africanos. Y la estampa de Irán en suelo estadounidense quedará para la memoria geopolítica.
INEFICACIA ESPAÑOLA
En el papel, el encuentro entre las selecciones de España y Cabo Verde lucía como uno de los duelos más disparejos de la primera ronda: el principal favorito para llevarse la copa y uno de los debutantes, frente a frente. El partido empezó según las previsiones, con la Furia Roja buscando la posesión eterna, mientras que los Tiburones Azules, hoy de blanco, tratando de aguantar al fondo con línea de cinco -a veces de seis- y soltar de vez en vez alguna avanzada hacia tierras ajenas, si bien con el intento de salir jugando. Pedri al cuarto de hora lanzó un discreto aviso y Cucurella lanzó la pelota por arriba, si bien después se desmarcó y recentró para que Ferrán saludara el travesaño, cuyo rebote y después el venerable arquero Vozinha sacó el contrarremate, al igual que un disparo raso posterior y un cabezazo, mandando el mensaje clásico de que “hay portero”. Resistieron los debutantes el primer medio a una carente de imaginación escuadra española, con ausencias inexplicables en el campo de juego.
El equipo conformado por diez islas que se integran en el logo de la playera saltó al segundo medio con mayor confianza dado el logro de no recibir gol en el periodo anterior; Fabián envió un primer aviso con tiro por arriba de la puerta, repitiendo la dosis algunos minutos después. La defensa caboverdiana, entre la que se ubicaba Borges, apellido de poeta y cuentista magistral, resistía a un cada vez más cansino ataque español, con todo y el ingreso de las jóvenes estelares. Al 73’ se entretejió una jugada que terminó en las seguras manos del arquero, quizá dando para más y el melenudo lateral, quizá el jugador más activo, remató de cabeza al 82’ demasiado picado. El criticado Oyarzabal tuvo la suya cerca del final pero echó la pelota por arriba, mientras que el cuadro multiisleño tuvo la suya al final pero la desperdició. Se consumó el 0-0 con un equipo español sobrado y pagado de sí mismo, en tanto el cuadro africano construyó un gran recuerdo con este logro.
SUFRIDO EMPATE
En el estadio de los Halcones Marinos de Seattle, la selección de Egipto, toda de blanco, se vio las caras con la de Bélgica, en proceso de recambio con algunos puntales de experiencia: fue De Bruyne, de hecho, el que mandó el primer aviso con disparo que pasó muy cerca del poste derecho. Los de rojo tenían la pelota pero se enfrentaban a una defensa egipcia bien plantada y ordenada; de hecho al 20’, Salah tomó la pelota y le dio un esclarecedor servicio a Ashour quien desde fuera del área le pegó con plena convicción para vencer a Courtois y mandar a su equipo al frente, si bien el gigantón arquero salvó pasada la media hora a su conjunto con una gran desviada a disparo de Ziko. Un error al regresar la pelota que por poco les cuesta el segundo y un tiro de esquina con cierto peligro para los africanos, jugando mejor que sus rivales, aunque al final de la primera parte, Doku tuvo la oportunidad para emparejar pero no lo consiguió.
Para la segunda mitad, De Bruyne nuevamente puso el primer peligro en tiro libre que se estrelló en el poste, a través de un soberbio disparo que bajó justo después de rebasar la barrera. Egipto apostaba al contragolpe y tuvo logradas acciones como el remate de Salah que rechazó Courtois y la escapada de Marmoush que terminó lanzando su disparo por fuera tras recibir un recargón que pudo señalarse como penal. Tielemans y De Bruyne nuevamente pusieron a sufrir la puerta egipcia. Al fin entró Lukaku y de inmediato forzó una jugada en el área que terminó en autogol de Hany al 66’, emparejando justamente el marcador por lo visto en el partido. Meunier tuvo la suya pero el arquero Shoubir controló el riesgo, como también ante un cabezazo de Mechelen que llevaba intenciones de arrinconarse en su puerta. Los minutos finales se fueron diluyendo sin que ninguno pudiera alterar el empate que representa un triunfo para Egipto.
LA GARRA APENAS EMPATA
Bajo la conducción del profe Bielsa, el añejo bicampeón Uruguay se enfrentó al conjunto de Arabia Saudita en Miami con la consigna de retener la pelota, salir jugando y no entrar en angustias innecesarias: se aproximaron pronto, a los cinco minutos de partido, con un disparo rechazado por el arquero, que también expulsó un remate cerca de la media hora de un partido escaso de opciones y de ritmo cansino, como si el periodo de adaptación se prolongara más de la cuenta. En tanto, vimos la refrescante estampa del abrazo entre el arquero y Darwin, al 37’ estuvo cerca el conjunto árabe pero Muslera tuvo un lance oportuno. Pero cerca del cierre del primer medio, en un tiro de esquina y tras rechace del arquero, Al Amri terminó de empujar la pelota para romper, inesperadamente, el cero. Reaccionaron los sudamericanos con algunas llegadas al filo del tiempo pero no consiguieron irse al descanso sin la desventaja.
El maestro Bielsa, como cabría esperar, hizo varios ajustes de esquema y hombres para la segunda mitad. Y se notó: los uruguayos funcionaban con mayor dinamismo y se lanzaron a buscar el empate. Un par de cabezazos peligrosos abrieron la presión en el complemento, aderezados por una pelota en el poste, reflejo del completo dominio del equipo sudamericano. Fue en el 80’ cuando, tras un remate de cabeza y el rechazo del portero, Maxi empujó la pelota a la red para alcanzar un merecido empate, largamente buscado. Tuvieron su llegada los saudíes hacia la recta final, en la que los charrúas siguieron insistiendo para buscar la voltereta, generando varias opciones, en particular un disparo raso de Valverde desde fuera del área que sacó el arquero Al-Owais en emergencia, convertido en el héroe de los de verde con sus nueve salvamentos.
FUERA MÁSCARAS
En Los Ángeles, con todo y las absurdas restricciones, la selección de Irán pisó fuerte en el campo entonando el himno y arrancando el partido en plan dominador y llegando a puerta del cuadro de Nueva Zelanda que se presentaba en elegante uniforme todo oscuro. La revolución iraní continuaba pero se vio interrumpida por un pelotazo bien controlado que terminó en el gol de Just, tras recibir la pelota del robusto Wood. El partido se abrió y el espectáculo creció dadas las jugadas en las áreas, como un tiro al palo de los iraníes y un par de disparos que logró controlar el arquero ante los embates neozelandeses. Taremi saludó al palo pasada la media hora y después, en buena combinación, Rezaeian emparejó los cartones empujando la pelota al 32’, reflejando el desempeño de ambas escuadras. Los minutos de cierre de este tiempo inicial transcurrieron entre algunos intentos y oportunas jugadas defensivas que evitaron la caída de los arcos en un memorable primera parte que terminó con un gol anulado por claro fuera de lugar.
En el segundo medio, ambos equipos salieron con similar alegría para buscar la cabaña de enfrente, sabiendo que se trataba de una buena oportunidad para sumar tres puntos. La combinación Wood y Just repitió la fórmula al 54’ para mandar arriba a los océanos, aprovechando una pérdida de balón en el medio campo. El cuadro iraní reaccionó bien ante la desventaja y mantuvo el ánimo necesario para lograr pronto el empate con certero cabezazo al 64’ de Mohebbi ante servicio preciso de Rezaeian al corazón del área. Vinieron los cambios y en el tiempo restante todavía se alcanzó a ver alguna llegada por cada equipo que los arqueros se encargaron de contener para mantener la igualada a dos tantos. Un partido que terminó siendo un festín para los aficionados, independientemente de las preferencias por uno y otro equipo, y que representó que el deporte puede estar por encima de los conflictos políticos, trascenderlos y celebrar el esfuerzo de los jugadores más allá de su nacionalidad.
