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CINE COLISEO

Contrabando y traición

Gerardo Mares

 Young Star
Estrella joven. Crédito: NASA/ESA.
Contrabando y traición

Si no fuera por los esfuerzos de realizadores de talento y que han rescatado al thriller fronterizo como una temática a seguir, el género seguiría enterrado en la fosa común de los relatos olvidados por la cinematografía local.

En nuestro país, este tipo de películas suele remitirnos por lo general, a imágenes sobre maleantes del tipo Emilio Varela, Camelia la Texana y alcanza a salpicar a la otrora temida policía federal de caminos. También a títulos explícitos como Contrabando y Traición, Matanza en Matamoros, Operación Mariguana  Mataron a Camelia la Tejana y cuyo símbolo de máxima degradación resulta ser la indescriptible Masacre en el río Tula con todo y su guacareante apertura influenciada por el mondo.

En síntesis, de su origen podemos afirmar que el narco-thriller deriva directamente del chili western, gracias a la descripción sobre el ambiente fronterizo de mediados de la década de los ochentas, panorámicas de carreteras en medio del desierto, trocas y tejanas que desde un acento melodramático, se narra el ascenso y caída de antihéroes emblemáticos de la cultura popular (encarnados por Valentín Trujillo, Mario y Fernando Almada, Jorge Russek, Sergio Goyri, Jorge Luke et al), y por regla general, personajes abatidos a plomazos gracias al trasfondo moral de las historias, “cuerno de chivo” apuntando a mansalva como seña de identidad inequívoca.

Alimentado en gran parte por la cultura melódica norteña, más en específico, sobre corridos hoy prohibidos por la censura gubernamental, el registro de este tipo de cine es más amplio de los que el grueso de la población suele suponer. Al fin películas de carácter artesanal, en 1977 se estrenó La dinastía de la muerte, producción realizada por Raúl de Anda hijo con guión de Ramón Obón, y que toma prestada la premisa de varias canciones elaboradas sobre la tragedia que enfrentó a la familia del Fierro contra el clan de los Arriaga, dedicados a la fayuca.  

La dinastía de la muerte es de esas películas que trascienden su rígido marco temático de manera involuntaria, a pesar que la propia secuencia de créditos manifieste la limitada imaginación característica del género. En una rara aportación, la música de introducción, compuesta por Ricardo Carrión, envuelve al filme en un aura extraña, en parte por la mezcolanza entre un country transnochado y el indudable acento rockabilly, origen del estilo del hermano menos conocido del ubicuo Güero, ambos integrantes de la mítica alineación mexicana Los Hermanos Carrión.

Como buen asunto criminal, las figuras de autoridad brillan por su ausencia y en el cuadro pintado por de Anda Hijo hasta se les otorga una presencia benigna, derivado de la censura oficial que no permitía alusiones negativas a los estamentos policiales. Si bien personajes incidentales de imagen incorruptible a niveles inverosímiles, estos policías serán rebasados por una ola de violencia incontenible, como sucede en nuestros días, paradójicamente. Bien encarrilado, De Anda Jr. no se tienta la mano y se atreve a recrear con vigor el estado de excepción instaurado por una familia influyente, que no duda en tomar la “justicia” entre sus manos, y otra venida a menos, dedicada al tráfico de mercancía ilegal, en una confrontación que abonó para una matanza de alusiones casi bíblicas.

En el aspecto formal, el realizador contó con la colaboración de Rafael Villaseñor Kuri y entre ambos se erigen como discípulos aplicados del buen director Sam Peckinpah. El manejo de la cámara lenta adquiere visos cercanos al virtuosismo, influenciado por el trabajo del sabio maestro norteamericano y demostrado en la espectacular muerte de Daniel del Fierro (Rodolfo de Anda), el que parecía ser el muchachón de la película y cuyo deceso deja sin asidero emocional al espectador, transformándose la película en un relato abiertamente macabro.

Rodada en locaciones de Tamaulipas, donde ocurrieron los hechos reales, la dinastía de la muerte, además de  poseer un valor testimonial, pudo recrear un entorno con naturalidad y eficacia: el de la frontera bárbara que se debate en sus contradicciones donde impera la ley del revólver. Y hasta destaca por el ominoso clima cuya violencia surge desde la cobardía del anonimato y de los lugares más inesperados.

Convertida en un clásico del cine de acción mexicano, es una pena que el género eludiera las virtudes y la madurez que anunciaba la película, y que el grueso de la producción comercial se conformara con repetir hasta el agotamiento una fórmula previsible de cabo a rabo, sin presagiar el posterior y real recrudecimiento del crimen organizado en la sociedad contemporánea… y que ha alcanzado un grado de descomposición indescriptible e intolerable.

La dinastía de la muerte/ D: Raúl de Anda Hijo/ G: Ramón Obón/ F en C: Raúl Domínguez/ E: Francisco Chiú/ M: Ricardo Carrión/ Con: Rodolfo de Anda, Mario Almada, Fernando Almada, Jorge Russek, Gerardo Reyes, Patricia Aspillaga, Carmen Montejo, Juan Peláez y Fernando Almada/ P: Reynosa Films, S.A. México. 1977.