jueves. 09.02.2023
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Would You Believe? El disco perdido de Billy Nicholls

Esteban Cisneros

Would You Believe? El disco perdido de Billy Nicholls

¿Alguien alguna vez ya encontró el disco perdido de los Liquorice Comfits? ¿El disco de la cubierta de mezclilla de Bull Tapp? ¿Quién puede resistirse a una leyenda de un "disco perdido"? ¿Quién no se une a su búsqueda?

Hay, claro, discos perdidos que no lo son tanto. SMiLE de los Beach Boys, tal vez el disco más rodeado de leyendas del pop, es el ejemplo más inmediato. Entre bootlegs, grabaciones alternas o/y oficiales con los Beach Boys, títulos alternativos (¿les suena The Four Elements Suite?), rumores y exageraciones varias, es uno de los discos de culto más populares, por paradójico que parezca. Pero la leyenda fue muerta (o revivida) a manos del propio Wilson en 2004 al lanzar su versión definitiva del álbum (la versión del grupo se lanzó en 2011 y es serio candidato a Mi Disco Favorito en el Mundo). Y no le fue mal. Lo mismo ha sucedido con discos de Little Ann, Gene Clark, The Monks y hasta de otro Wilson, Dennis, con su Pacific Ocean Blue (y el posterior Caribou, otra maravilla).

Un ejemplo un poco más oscuro (y apócrifo) es el álbum de The Masked Marauders (1969), un disco de broma. Ese año la Rolling Stone publicó una reseña falsa sobre un disco inexistente como un chascarrillo, en que un supergrupo (Bob Dylan, Mick Jagger, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Al Kooper, nada más) habían grabado juntos y por cuestiones legales con las disqueras no daban la cara. Por ello el Masked Marauders. La broma se llevó más allá y el disco apareció con músicos de sesión, aunque muchos sí creyeron que de verdad Mick Jagger cantaba I can't get no nookie.

Pero lo que me ocupa ahora es el caso de Billy Nicholls, un chico británico que cayó en la disquera Immediate, la casa que construyó Andrew Loog Oldham, manager de los Stones para The Small Faces, P.P. Arnold y otros geniales actos británicos de la segunda mitad de los 60. Allí escribió canciones para Del Shannon y grabó un disco propio en 1968, con la ayuda de Steve Marriott y su banda. En ese momento, Immediate pasaba por aprietos financieros y el disco de Nicholls nunca fue lanzado oficialmente. Algunas copias circularon, sobre todo en estaciones de radio, copias promocionales que había enviado el sello; Nicholls interpretó el tema titular en algún programa de televisión. Pero nada pasó. Nada.

El tiempo borró muchos rastros del disco. Pero la calidad musical de esas grabaciones dio mucho de qué hablar. Tanto que se convirtió en uno de esos discos perdidos muy cotizados. Era una especie de pequeño Santo Grial mod, hasta su relanzamiento al fin en disco compacto en 1999. Estoy hablando de Would You Believe (1968).

El álbum es maravilloso. California sunshine pop meets Swinging London. Las armonías vocales y el barroquismo de Brian Wilson tienen completa coherencia con la psicodelia del Sgt. Pepper o incluso de The Piper At The Gates Of Dawn. Billy Nicholls amaba tanto a Phil Spector como a The Small Faces. Y el productor Andrew Loog Oldham quiso que esa mezcla diera un sonido sensacional. Lo logró. Would You Believe no es Pet Sounds, seamos justos. Pero resulta un discazo. Es pretensioso, sobreproducido, melódico y muy evocativo. Está lleno de canciones estupendas. La canción del título es “Wouldn't It Be Nice” de Wilson, pasada por ácido. “London Social Degree” fue incluso recogida en la lindísima recopilación Mod Box Set de Immediate. “Come Again” es una canción envidiable para cualquier songwriter. “Daytime Girl” es POP en mayúsculas, un rabioso intento de perfección. “Portobello Road” es el viaje mágico y misterioso propio de Mr. Nicholls. “Girl From New York” es una excelente melodía con una poderosa guitarra eléctrica que entra y sale de escena.

Would You Believe es un álbum emocionante, y mucho. Es alegre. Complejo. Injustamente olvidado. De culto. Porque Billy Nicholls ya no hizo nunca algo así, porque nunca pudo, nunca tuvo los medios, tal vez sí la creatividad. Terminó ayudando a los Who, haciendo coros aquí y allá. Pero su álbum cumbre es una little masterpiece obligada. Tremendo.

C/S.

 

 

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Esteban Cisneros
(León, Guanajuato) es panza verde, músico de tres acordes, lector, escritor, dandi entre basura. Cuanto sabe lo aprendió entre surcos de vinilo y vermú y los Beatles. Está convencido de que la felicidad son los 37 minutos que dura el primer disco de Dexys Midnight Runners. Procura llevar una toalla a todos lados por si hay que hacer autoestop intergaláctico.

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