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GUÍA DE LECTURA

Las nubes, de Aristófanes

Jaime Panqueva

Las nubes, Aristófanes
Las nubes, Aristófanes I Tachas 357
Las nubes, de Aristófanes


Por el año 423 a.C., Aristófanes representa por primera vez Las nubes, en las Dionisias atenienses. No triunfa, pero obtiene un tercer lugar. Años más tarde reescribiría el texto de esta farsa en contra de los sofistas, cuyo protagonista es el filósofo Sócrates, a quien culpa de corromper a la juventud y negar la existencia de los dioses, en particular de Zeus. De hecho, la comedia recibe su nombre porque Sócrates proclama a las nubes como deidades a seguir, las cuales en escena fueron representadas como mujeres desnudas.

Estrepsíades, un hombre ahogado por las deudas que ocasionan los lujosos gastos de su hijo Fidípides en caballos y equipo para competir en las carreras, decide de forma desesperada, para huir de sus acreedores, aprender retórica y filosofía. Piensa que de esta manera podrá embrollarlos y evadir el pago. Sus primeros intentos bajo la tutela de su vecino, Sócrates, son infructuosos, por lo que decide enrolar a Fidípides en el “caviladero” de aquel, con resultados lamentables. Primero debe escapar de los golpes de su hijo, confundido en el uso de los Argumentos mejor y peor, y luego ponerse a salvo de los prestamistas en demanda de su dinero. Desilusionado y colérico, Estrepsíades decide prender fuego a la escuela del filósofo, cosa que logra con la ayuda de un esclavo.

Las nubes es el primer documento que se refiere por su nombre al filósofo Sócrates y, dentro de la burla a que se hace acreedor, también muestra de soslayo una de sus preocupaciones fundamentales, el “conócete a ti mismo”, y alude al método mayéutico como forma de alumbrar nociones que yacen en nosotros.

Habrá que recordar que Sócrates sería condenado casi veinticinco años después por un tribunal ateniense a beber la cicuta. Los cargos imputados: introducir nuevos dioses y corromper la moral de la juventud. La defensa ante el tribunal, realizada por el mismo Sócrates, asaz irónica, selló su suerte. Quizá como otra broma del destino y en relación con obra de Aristófanes, habría que recordar las últimas palabras del filósofo, dirigidas a uno de sus discípulos tras el consumo del veneno:

—Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides.

Se acerca una dura época de deudas e intereses impagables, de embargos y juicios a cargo de instituciones financieras y el fisco. Quizá remontarnos un par de milenios a las historias clásicas pueda ser de provecho para el espíritu y el bolsillo.

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