miércoles. 17.04.2024
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NO-RESEÑA

Tachas 529 • ¡Cucarachas!, novela queer de ficción bizarra, de Víctor Santana • Joserra Ortiz

Joserra Ortiz

¡Cucarachas!, de Víctor Santana
¡Cucarachas!, de Víctor Santana
Tachas 529 • ¡Cucarachas!, novela queer de ficción bizarra, de Víctor Santana • Joserra Ortiz

La buena literatura no le debe nada a la verdad, y aunque la mayoría de las grandes novelas de la historia se han concebido bajo el signo del realismo, la distancia entre realidad y representación sucede en la valoración subjetiva del mundo, proveniente de las experiencias individuales de quien escribe, y después de quien lee. En el territorio de la literatura especulativa, los espacios y acontecimientos ficcionales que desobedecen las leyes naturales de nuestro mundo tangible no dejan de ser realistas ni verdaderos en tanto que la lógica de lo relatado sea plausible, conforme al mundo que el propio texto está creando. Esto es diferente en la literatura fantástica en donde la anormalidad es instantánea, extraña e incómoda, y tiene el objetivo estético de sorprender al lector. El relato fantástico no crea mundos, sino que disloca el nuestro y bien conocido, mientras que el texto especulativo, como la ciencia ficción en cualquiera de sus múltiples formas, sí propone realidades alternativas y diferentes, basadas o no en nuestra cotidianidad y en las que cualquier cosa imaginada es posible y real, aunque no sea verdad. En la novela de “ficción bizarra” ¡Cucarachas! de Víctor Santana (Nitro/Press, 2023), la realidad del mundo sobreviviente a la pandemia por Covid-19 incluye una colonia de cucarachas alienígenas que visten trajes humanos para convivir en el ambiente violento y en el texto abiertamente homosexual del narco mexicano, donde las preocupaciones pasan por el tráfico y consumo exagerado de cocaína, hasta el remake de la película porno-gay y orgiástica más exitosa de la cuarentena pandémica. Sus personajes funcionan en una realidad donde, entre otras cosas no muy alejadas de nuestra cotidianidad, la educación está en manos de los tutoriales de YouTube, los drones hechizos tienen personalidad y las guerras territoriales, además de transfronterizas, guardan ecos, aunque sean meramente pop, de la geopolítica de la Guerra Fría y del imaginario soviético, todo a ritmo de corridos tumbados y otros ritmos populares con letras de contenido explícitamente gay. Sí, ¡Cucarachas! es una novela burlesca, conscientemente ridícula y valiosa, precisamente, por su ridiculez, para ser más claros. En este análisis me explico brevemente, con la advertencia de que tocaré temas en los que no soy experto pero que novelas como ésta me ayudan a comprender mejor.

(Nota del editor: Aquí hay una versión en video de esta no-reseña, que también tiene su no-encanto.)

 

Una novela sobre visitas extraterrestres y que reflexiona sobre una nueva ergonomía humana a través de la tecnología, podría pensarse inmediatamente como parte del archivo de la literatura de ciencia ficción. Aunque eso es posible, me parece una discriminación fácil y que no habla de la apertura cosmopolita y colindante con la inteligencia contracultural internacional que tiene la literatura de Santana, y que el autor anunció primero en su colección de cuentos No es material para pistas de baile de hace una década. ¡Cucarachas! tiene antes que nada una fijación con el presente actual, es decir, el interés de Santana es escribir sobre el momento exacto en que estamos viviendo, así que no vaticina, sino que describe y lo hace desde una perspectiva absurda, incluso surreal, que, al final, funciona como un espejo que no reproduce, sino que satiriza y caricaturiza la experiencia hiperviolenta, hipersexual e hiperestúpida de la vida en el México del siglo XXI. En nuestro país del día de hoy, según lo presenta la novela, todo es tan narco que incluso dos otredades muy ajenas a los discursos heteronormados del mundo del trasiego ilegal de drogas, como la vida extraterrestre y la extravagante comunidad LGBTTTIQ+, narrada desde su agencia sexual, han sido arrastrados al centro mismo de la narcocultura. El narco mexicano, una extensión brutal del capitalismo más salvaje, ha conseguido así que toda disidencia a su hegemonía cultural, por más extrema que sea, se convierta en uno más de sus engranajes existenciales. ¡Cucarachas!es un ejemplo muy irónico y extremo de lo que Herbert Marcuse calificó de “Tolerancia represiva”. Igualmente, esta fijación en el presente desde la especulación bufona y terrible es propia de la ficción bizarra, una narrativa contemporánea norteamericana que se recrea en el absurdo grotesco y el humor, y que nadie había publicado antes en México, creo, hasta ahora que con mucha visión lo hace la editorial Nitro/Press.

La bizarra es una literatura estadounidense subversiva y contracultural, que existe sobre todo en antologías, revistas y publicaciones digitales, pero que también ha conseguido novelas muy exitosas como Satan Burger, de Carlton Mellick III, I Will Rot Without You, de Danger Slater (novela en la que, por cierto, también hay cucarachas), o Tangerinephant, una locura de Kevin Dole 2, cuya publicación coincide ideológicamente con el origen del movimiento bizarro. El trabajo de Dole 2 me sirve para pensar en la obra de Víctor Santana, sobre todo porque en una carta abierta titulada “¿De qué carajos se trata todo esto? (No es un manifiesto del género)”, explica la poética y ética de su literatura, que se volvería el parámetro de lo bizarro según los pocos críticos que han estudiado esta estética, y que definitivamente es todo lo que se puede encontrar en ¡Cucarachas! Se trata de una escritura posmoderna y antiacadémica donde los géneros se superponen: hay algo de ciencia ficción, pero más que nada como pretexto o como preocupación estética, también realismo mágico y horror muy grotesco, además de contenido que podría ser considerado pornográfico si su intención fuera excitar, todo muy oscuro, pero también muy divertido. Sobre todo, insiste Dole 2, es una narrativa realista en sus propios términos, que en la revista británica Dazed and Confused han considerado como el resultado de una bastardía entre la obra de William Burroughs y la de Dr. Seuss.

Para mí, a todas luces, esto no indica otra cosa que ridículo como categoría estética y narratológica. Lo ridículo es lo que hace reír a través de la herida, y busca la burla a costa de los otros. En este sentido, ¡Cucarachas! concibe el relato como una estrategia para degradar, y, por lo tanto, es divertida desde un humor muy radical e ideológicamente contestatario. De entrada, se opone en su planteamiento a algunas de las solemnidades más condescendientes que tiene la literatura de género mexicana actual, sobre todo en el caso del tema del narcotráfico. Víctor Santana no revisa este asunto desde la perspectiva moral (o hasta moralista) que sí han tenido en los últimos 25 años la novela policial, la crónica periodística y otras manifestaciones literarias que tratan la criminalidad de alto impacto en México, ya sea el ensayo, la poesía, el cuento o las formas de la novela no detectivescas. En la literatura y la intelectualidad mexicana, el narco es siempre una cuestión moral, una máxima dicotómica que divide a los hombres buenos de los malos, y el resultado de una reflexión profunda, pero siempre igual, que habla de desigualdades estructurales y malformaciones culturales de la identidad nacional. Lejos de eso, en ¡Cucarachas!, la idea completa de la narcorealidad es entendida como ridícula: rara, deforme y extravagante, donde los narcos no tienen el rostro terrible de las fotografías que se presumen en las fichas rojas de la DEA y de la CIA, sino que tienen cara “atwinkada”, y son “onvres” “básicos” que ya no creen en cosas como la defensa del territorio, sino en hacer guerrilla digital al estilo Anonymous mientras escuchan “El corrido del eterno pasivo”. Subversivamente, el material que generalmente da para escribir metáforas de la necropolítica le sirve a Santana para hacer literatura necroridícula: satiriza la economía de la muerte en el planteamiento de un conflicto social en que la mayor preocupación es describir el destape narcogay, junto a la fijación insistente en la producción pornográfica en donde el simplísimo mundo del narco extralimita sus esferas de acción, tocando incluso la sociabilidad de las cucarachas interestelares y la privacidad de la vida sexual de sus aliados.

Con respecto a esto último, quiero señalar que ¡Cucarachas! es una novela sin miedo al sexo y, paralelamente, sin miedo al lenguaje. En mi experiencia, la literatura mexicana toca el tema de la sexualidad con tanta solemnidad como hace con el de la violencia. Si se trata de una sexualidad forzada es descrita en todo lo doloroso y terrible de su acontecer, y si se trata de una sexualidad recreativa y consensuada, pasa por el tamiz de un romanticismo generalmente muy cursi y poco carnal. Los personajes de Santana, por ejemplo, no tienen relaciones sexuales, mucho menos hacen el amor, sino que cogen con la naturalidad de esa palabra tan común y corriente, tan adecuada en su normalidad. Y lo hacen durante toda la novela, y a todas las cosas y a todas las partes las llaman por sus nombres. La atención a la sexualidad, o más bien, a la agencia sexual de los personajes, me parece muy importante para entender el sentido estético de la novela. Lo dijo Aristóteles y lo repitió el Arcipreste de Hita en El Libro de Buen Amor (obra cumbre del bizarro medieval), a los hombres, a los seres humanos, pues, los mueven solo dos cosas: la materia y el sexo. Aquí hasta las cucarachas fornican en sus trajes humanos mientras buscan defraudar a los narcos con los billetes falsos que imprimen para cambiar por cocaína.

            Todo esto me confirma que una literatura que no dialoga directamente con su época es una literatura vacía y gratuita. En este sentido, más allá del tratamiento del mundo del narco, es muy importante que la novela de Santana sea queer, homosexual, que lleve esa etiqueta, se le señale de esa forma, de narcogay o de algo parecido, porque así se abona positivamente a las lecturas y discursos contemporáneos sobre el género, uno de los temas más importantes de las agendas política y cultural del mundo contemporáneo, y que en la escritura mexicana es apenas una nota al pie del mainstream editorial. Desde el arte, la hechura queer entiende el género como una construcción cultural y reconoce que tanto el género como la sexualidad existen en un espectro variado y siempre cambiante. Acabo de parafrasear a Robyn Warhol y Susan Lanser, que en su libro Teoría desatada de 2015 explican que tanto las narratologías feministas como las queer tienen la misma intención de centralizar los contextos verdaderos de estas comunidades subalternas, como las realidades históricas, socioculturales y políticas, a través de una manera de escribir que interpela abierta y directamente las identidades y los cuerpos de los sujetos. Por eso mismo, como indicaron hace cuarenta años Jen Green y Sarah Lefanu, en Desde las fronteras de la mente femenina, el terreno de la ciencia ficción, de la literatura especulativa, es ideal para este cometido, pues en las visiones supuestas de la realidad humana, se pueden imaginar todas las alternativas sexuales y de género posibles en total normalidad, cuestionando la estructura y cultura patriarcal más establecida. Víctor Santana consigue todo esto a través de la risa, desarticulando un referente siempre hipermasculino como el crimen organizado. A través de sexualidades no normativas que reproducen los mismos patrones de violencia, ¡Cucarachas! señala que el mundo queer existe en todas las realidades humanas, y que no hay excepciones. En este mundo, la única ley que vale es la del dinero y ella vale para todos, incluso para los narcos queer y los insectos que nos visitan del espacio exterior. Llego hasta aquí. Podría anotar más, pero estos breves apuntes me parecen por ahora suficientes para esperar opiniones ajenas con las cuales dialogar sobre esta novela, uno de los esfuerzos narrativos más impresionantes que he leído en años recientes.  



 





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Joserra Ortiz es doctor en estudios hispánicos por Brown University y publicó los libros Los días con MonaLa conquista del Monte de Venus y El complot anticanónico.

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