sábado. 20.04.2024
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Tachas 529 • Sinéad O’Connor: El sonido y la furia • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Sinéad O’Connor
Sinéad O’Connor
Tachas 529 • Sinéad O’Connor: El sonido y la furia • Fernando Cuevas

Un atormentado espíritu contestatario cuya voz privilegiada entonaba canciones propias y ajenas, reconfiguradas gracias a su sensible capacidad interpretativa, transitando de la furia a la melancolía, del dolor a la denuncia y de la profunda expresividad de íntimas emociones a miradas sociales y políticas. Una fuerza interior emanada de una autenticidad a prueba de fama, soportada por una extrema emotividad y un frágil equilibrio que se topó con incomprensiones de unas estructuras sociales demasiado prejuiciadas y una creciente batalla con demonios propios.

Lo suyo fue un rock pop infectado de sonidos propios del folk irlandés y una mirada punk, reflejada al inicio de su carrera y después de haber alcanzado prematuramente el estrellato por un intenso sencillo que antecedió a su protesta contra el encubrimiento de la pederastia por parte de la jerarquía de la iglesia católica: al romper la foto de Juan Pablo II en vivo, que le generó múltiples críticas y cancelaciones, paradójicamente logró regresar al camino correcto, según contó en Remembraznas. Escenas de una vida complicada, su libro de memorias. Es decir, lo que el mundo pensaba como un descarrilamiento de una trayectoria artística, se convirtió en la piedra de toque de su faro orientador.

Nombrada Sinéad Marie Bernadette O’Connor (Dublín, 1966), la cantautora tuvo una infancia difícil, entre el abuso y el abandono hasta que en el reformatorio al que fue enviada, conocidos como lavanderías, se le puso atención a su privilegiada voz. De adolescente, fue su padre quien la mandó a un escuela donde empezó a componer y en 1984, al año siguiente, se integró a una banda llamada Ton Ton Macoute, haciendo referencia a la milicia haitiana. La muerte de su madre en 1985, un golpe fuerte para ella a pesar de la distante relación, hizo que volviera a Londres, donde conoció a The Edge, con quien participó en el soundtrack de Captive (Mayersberg, 1986).

Su imparable The Lion And The Cobra (1987), en el que se integraron algunas canciones compuestas con anterioridad, se convirtió en uno de los grandes debuts de la década, con esencias punketas de aliento adolescente salpicadas en un pop enfático, tal como se deja escuchar en Never Get Old con la presencia de Enya; la roquera Maninka y la incisiva TroyJackie y Jerusalem, de naturaleza más ambiental; Just Like U Said It Woudl Be, con el aporte del waterboy Steve Wickham; I Want You (Hands On Me) con sus apuntes hipoperos en los que aparece la voz de la precursora MC Lyte, y la combativa Drink Before the War. Una cantante calva para expresar rebeldía despuntaba en el horizonte musical por el que se iban asomando colegas de sensibilidades variopintas como Tori Amos, Dolores O’Riordan y Sara McLachlan, entre otras.

Bien cobijada por brillantes colegas, se puso en la palestra con el definitivo I Do Not Want What I Haven’t Got (1990), que incluyó la afamada versión de Prince, Nothing Compares 2U, que todos entonábamos por nuestro propios motivos mientras ella recordaba a su madre, a pesar de todo, plantando las flores en el patio trasero que mueren ante su partida. Una obra personalísima, como se enfatiza en la canción titular a capela, en torno a las conflictivas relaciones familiares que abrió con Feel So Different, declaración clara de principios, y que presentó las elusivas The Emperor’s New Clothes y Jump the RiverI Am Stretched on Your Grave, basada en una canción tradicional de su tierra; la sensible Three Babies; la protesta hacia el régimen tatcheriano en Black Boys on Mopeds y Cause as Much Sorrow y The Last Day of Our Acquaintance, de carácter rupturista.

Pero el éxito mediático no era lo suyo: presentó Am I Not Your Girl? (1992), álbum con orquestales versiones de standards y en este año ocurrió la ruptura de la foto del Papa en el programa Saturday Night Live por una causa, ahora lo sabemos, que era totalmente válida y necesaria. Participó en el filme En el nombre del padre (Sheridan, 1993) con la canción You Made Me the Thief of Your Heart. Grabó Universal Mother (1994) homenaje al matriarcado con todo y un duro recuerdo familiar expresado en Fire in Babylon, además de una versión de All Apologies, original de Nirvana, y cortes memorables como In This Heart y John I Love You

Después del recopilatorio So Far: The Best of Sinéad O’Connor (1997), inauguró el siglo con Faith & Courage (2000), en el que refirió a sus inclinaciones espirituales y sus búsquedas curativas, con todo y su convulsa relación con la iglesia católica, al punto de ser ordenada como sacerdotisa por un grupo disidente a finales de los noventa; se integra la afirmante e independentista No Man’s Woman en contraste con la fragilidad expresada en JealousDancing Lessons y Emma´s Song. Exploró sus raíces irlandesas en el profundo Sean-Nós Nua (2002), interpretando canciones tradicionales con apropiado sentido. En estos años salieron a la luz sus problemas de salud mental y en el documental Nothing Compares (Ferguson, 2022) se puede profundizar en su complejo paso por este mundo.

Presentó el recopilatorio Collaborations (2005) y Throw Down Your Arms (2005) en clave reggae, seguido por el doble espejo Theology (2007), con versiones y piezas propias y por How abou I be me (and you be you)? (2012), recurriendo a temáticas familiares revisadas con la potencial vocal de costumbre cual reina de Dinamarca. Su último álbum fue I’m Not Bossy, I’m the Boss (2014 ) con How About I Be Me y Take Me To the Church como estandartes y ese dejo de contrastante optimismo melódico y tono apesadumbrado.

Fueron años de una extraña combinación entre el tono de su música el estado de ánimo que la rodeaba, entre la depresión y la angustia. Se integró a la religión musulmana en el 2018 y en el 2022 uno de sus cuatro hijos se suicidó, final evento devastador de su atribulada vida que terminó el 26 de julio del 2023: el sonido, por supuesto, permanece lleno de trascendencia con la honesta furia de quien sobrevivió a flor de piel con el dolor y la pérdida, expresados a través de una fuerza compositiva de inmarcesible profundidad. 



 

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