sábado. 20.04.2024
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Tachas 535 • La niña callada: Expresarse desde el silencio • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

La niña callada (The Quiet Girl, Irlanda, 2022)
La niña callada (The Quiet Girl, Irlanda, 2022)
Tachas 535 • La niña callada: Expresarse desde el silencio • Fernando Cuevas

Secretos que habitan en las familias, atrapados entre el dolor y la vergüenza, presentes a pesar de no ser mencionados y creciendo de manera imperceptible, ya incorporados en la dinámica relacional como si fueran un miembro más. Desde la percepción infantil se interpretan sucesos, vínculos, gestos y actitudes, se busca comprender el contexto para entenderse a sí mismo, mientras se aprende el difícil arte del silencio, comunicando verbalmente sólo lo justo y en el momento oportuno para no terminar derrumbando las endebles bases de la convivencia.

En la Irlanda rural de principios de la década de los ochenta, en un contexto de estrechez económica, una pequeña de nueve años llamada Cáit (Catherine Clinch, de ternura infinita y expresiva desde el silencio) vive en una caótica casa con sus hermanas mayores, su hermano pequeño y otro más que viene en camino; su madre está rebasada por la situación (Kate Nic Chonaonaigh, ausente) mientras que su padre (Michael Patric, patanesco) se muestra hosco y ausente, distante y con actitud despreciativa; ella trata de encontrar las ventajas de ser invisible (Dunn, 2012), escondiéndose entre la hierba o abajo de la cama donde todavía se orina, para pasar lo más desapercibida posible también en la escuela, donde tiene problemas para leer y socializar.

Llegado el verano, sin previo aviso y sólo con lo que lleva puesto, el distante padre la deja con una prima de su esposa (Carrie Crowley, de comprensiva mirada) que vive con su marido en una granja en Waterford, donde se habla gaélico, para que la cuiden y alimenten por un tiempo que no se precisa, en lo que nace el bebé. Lo que encuentra es más que la simple manutención: la mujer la abraza de inmediato, la procura y la cuida, en tanto que el esposo (Andrew Bennett) poco a poco se va acercando a ella y paulatinamente la involucra en las actividades del cortijo, aunque con mayor dificultad y una cautela que después se va comprendiendo. Ambos la integran a los encuentros sociales y, como un efecto deseado, se vuelven a acercar entre sí.

La niña callada (The Quiet Girl, Irlanda, 2022) se basa en el relato Tres luces (Foster, 2010; Eterna Cadencia, 2011) de Claire Keegan (Wicklow, 1968), mismo que arranca con el viaje que realiza la protagonista rumbo a su destino en el verano, y que ella nos va contando como la voz narradora en primera persona, lo que implicó un desafío para la adaptación  a la pantalla en cuanto a expresar el punto de vista de la niña que sólo habla cuando realmente se requiere, y que vive una experiencia de ostracismo y escasa manifestación de interés hacia su persona por parte de quienes la rodean, justo en una etapa en la que se requiere mucha cercanía y atención. 

Las descripciones de la escritora irlandesa sobre las atmósferas, contextos íntimos, objetos cargados de simbolismo y vínculos que establece la protagonista con sus tíos, se capturan con sensibilidad en su par fílmico, gracias a un contundente y fluido guion de la propia escritora junto con el director Colm Bairéad (Dublín, 1981), que consigue evitar la manipulación, y a una fotografía que va sembrando preciosistas y lúcidos encuadres y perspectivas frecuentemente atravesadas por puertas en los interiores, o de una cercanía absoluta cuando los personajes están en espacios abiertos, caminando rumbo al pozo o laborando en los corrales, soportadas por la evocativa música de Stephen Rennicks, entre un apunte rural y la emotividad contenida en cuerdas desarmantes y pianos miniatura.

Correr cada vez más rápido para recibir los mensajes depositados en el buzón o para intentar cambiar el propio destino, rumbo a la liberación de la indiferencia y hacia el encuentro con personas que le tendieron los brazos y le abrieron su corazón y, que en una relación de mutua transformación, fueron sensibilizados por la callada presencia de su pequeña sobrina lejana, abandonada emocionalmente y agradecida a su modo, llevando alegría y sentido a un hogar con su propia herida, una de las que difícilmente cicatrizan y que saldrá inevitablemente a la luz. 

El aprendizaje central emerge desde la acción más que de las palabras: el cuidado por el otro, el sentido de comunidad cuando se ayuda a los vecinos y la posibilidad de volver a recuperar el espíritu del hogar: mientras las lágrimas se apoderan de su tía, surge el llamado de papi, papi con múltiples significados, como posibilidad abierta, advertencia angustiosa o destino casi manifiesto, recordando la galleta depositada en la mesa, el helado comprado y la confianza de poder recargar la cabeza en un hombro que en ese momento se convierte en refugio seguro frente a cualquier adversidad.


 

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