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Tachas 558 • Hay jueces en Berlín, de José Esteve Pardo • Jaime Panqueva

Jaime Panqueva

Hay jueces en Berlín, de José Esteve Pardo
Hay jueces en Berlín, de José Esteve Pardo
Tachas 558 • Hay jueces en Berlín, de José Esteve Pardo • Jaime Panqueva

Jürgen Popelka, uno de mis maestros más queridos en el bachillerato alemán donde me gradué, gustaba de esgrimir una frase con tanta frecuencia que a esa joven edad nos desesperaba, pero que ahora aquilato como verdadero tesoro. Traducía algo así como: “el buen jurista lee siempre un poco más” o mejor, “el buen jurista acaba de leer el texto”. 

Cayó en mi manos este libro de Esteve Pardo (Marcial Pons, 2020) que por casualidad fue citado y supuestamente explicado por Santiago Creel, abogado con bufete e histórico candidato presidencial del PAN, quien lo usó como base para el artículo publicado en El Universal el 27 de julio de 2022, bajo el título Hay jueces en Berlín. La bonita leyenda del buen emperador Federico el Grande de Prusia y su relación con los tribunales le sirvió como ejemplo ideal del acotamiento del poder dictatorial o tiránico por parte de la judicatura.

No lo traería a colación si no hubiera descubierto que Creel, en términos del profesor Popelka, no es un buen jurista, pues al parecer no terminó de leer el libro citado. Esteve Pardo, tras contar la leyenda, en la que aún no está claro si el molinero de Sanssouci o el emperador dicen la mítica frase, según la cual un juez le daría la razón al molinero para que el monarca le resarciera el daño causado, dice que el evento nunca sucedió o, por lo menos, no hay prueba alguna de que acaeciera. Es decir, es tan leyenda como que Catarina de San Juan hubiese en algún momento vestido como China Poblana. 

Y bueno, acto seguido, y muy en contravía de lo que se inventa Creel, Esteve Pardo explica que ese caso, desconocido por los historiadores del derecho y juristas alemanes, se inventó en Francia por los tiempos de la Revolución al confundir otro caso, el del molinero Arnold, en tribunales prusianos de una provincia alejada del palaciego Sanssouci. 

El caso real, estudiado y reseñado por juristas teutones, es cruel y demostrativo del poder de los déspotas ilustrados, pues la intervención de Federico termina con el encarcelamiento de los miembros del tribunal que escatima al molinero sus justos reclamos. Un enfrentamiento entre el poder monárquico y la “nobleza de la toga” que hace justicia en favor de sus intereses, en detrimento de la gente de a pie. 

Creel alude al caso en un contexto político específico: el enfrentamiento de López Obrador con el Poder Judicial. Aunque por extensión podría también relacionarse con esta lucha entre los intereses de una nobleza siempre dependiente del Poder Ejecutivo, que por estos años ha predicado una independencia de la que históricamente nunca hizo real uso. Y valdría la pena preguntarnos si es una nobleza tan descuidada como Creel, incapaz de leer completo el libro de menos de 100 páginas que cita.

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