Tachas 630 • Encontrar El Momento • Jeanne Karen
Jeanne Karen
El tiempo, uno de los temas que más me apasionan, tal vez porque siempre siento que me falta, que se me va de las manos. He dejado de dormir ocho horas seguidas, pienso que ahora son seis, o un poco menos; con esas dos horas extras trato de cubrir lo que me falta: una lectura pendiente, la escritura de un nuevo texto, la edición de algún libro que he guardado por largos meses, sin embargo, tampoco es suficiente; parece que el cansancio se apodera de mis pensamientos, la lucidez se va, se me escapa, por más que trate de reunir palabras, ideas, todo se desvanece. Sé que no todos los creadores tenemos el mismo camino, la misma suerte, el talento. La vida de hoy nos exige estar constantemente conectados con el aquí, el ahora, a través de las pantallas, con unas largas jornadas de trabajo y otras tardes o noches en casa, con todo lo que implica tratar de tenerla en orden: hacer comidas, limpiar, lavar y una larga lista de actividades.
La creación se va por la ventana, la idea de terminar de leer algo que realmente nos apasiona también, o dibujar, tocar un instrumento, etc. Entre tanto, busco un instante para tratar de conectar con el libro más reciente que tengo en mis manos, a veces quisiera leer solamente libros con pequeños textos, con versos que construyan en mi imaginación todo un mundo de posibilidades, ahí está el poder del lenguaje, lo cambia todo. Esos libros, creo, son difíciles de encontrar, versos que como espejos o como mundos paralelos nos ayuden a descubrirnos a través de otros ojos, de otra mirada.
Sostengo el libro, lo abro en la primera página, sigo buscando, luego suspiro, tengo todas mis esperanzas puestas en los pequeños poemas, en esos surtidores de sentido y encuentro la magia, lo que me ayuda a fortalecer mi espíritu por las noches, Emily Dickinson escribió en un poema:
Presentimiento –es esa larga sombra- en el Césped-
indicio de Soles ponientes-
anuncio al asustado Pasto
que la Oscuridad –viene al paso-
Trato de improvisar mi visión, lo que encuentro entre los versos: mi propia calma, el orden, la necesidad del lenguaje poético, es decir, la mía. Siento entonces que el día completo valió la pena para mí, únicamente para mí, que la falta de tiempo, el cansancio: son como corderitos que vuelven al redil.
No todo está perdido, pienso, mientras pueda encontrar siempre un pequeño poema, un par de versos, un minuto, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia.
La soledad también ayuda, ha sido una buena consejera, pero ese es otro tema que dejaré para las siguientes entregas.
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Jeanne Karen (San Luis Potosí, México, 14 mayo 1975). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Temas como la muerte, la introspección y la complejidad semántica en la comunicación en relación con el autismo y las ciencias exactas como las matemáticas y la física, influyen su trabajo en un debate casi ético. Premio estatal de poesía Viene la muerte cantando (1998) Premio de Poesía Salvador Gallardo Dávalos (1999), de Poesía Manuel José Othón (2002 y 2006) Premio de Periodismo Francisco de la Maza por Publicación o Programa de Difusión Cultural (2009).
Ha publicado los libros: Simulación dinámica (Bitácora de Vuelos, 2015), Cementerio de elefantes (Múltiples editoriales). Hollywood (Ponciano Arriaga), Menta (Ponciano Arriaga).
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