Tachas 631 • Y este poema tampoco expresará su llanto • Iván Palacios Ocaña
Iván Palacios Ocaña
La historia de Dios y Satán
puede narrarse en términos románticos:
Dios está enamorado de Satán,
pero digamos que Satán se fue de viaje a la playa
sin Dios. Y no le dijo ni contesta sus llamadas.
Como Dios es eterno, técnicamente
Satán no puede irse más de lo que nosotros
sentimos como un fin de semana.
Los teólogos dicen que antes del pecado
existía la eternidad y todo era Dios: el espacio
es la cicatriz de la caída de Satán y el tiempo, lo que pasa
mientras Dios espera que vuelva su deseo.
Dios es una persona resentida y celosa
que sueña con crear un universo oscuro,
violento y ambiguo, lleno de entropía.
Cuando Satán cayó, sus pedazos tomaron nuestra forma
¡se convirtió en la gente!
por eso Dios nos ama con locura
y le interesa tanto eliminar el pecado
y todo eso. Cada persona es una parte
del alma rota de Satán. En un ataque de ansiedad, Dios incluso
sacrificó a su hijo, como un sangriento ritual de amor
para que regresara su creatura más bella.
Pero fue en vano. Aquí seguimos. En la periferia del kapital.
Leí que la tristeza de Dios es como Dios: infinita
y quise escribir sobre eso,
.pero quizá no creí suficiente en las palabras
o ellas no creyeron en mí (y se acabaron las ideas):
lo que sé es que mientras escribo, ella está con alguien más
y que pasará algunas de las próximas noches en su casa.
Escribí para no pensar en eso, pero no funcionó.
Tampoco salir a caminar, ni leer Watanabe, ni ver Mulholland Drive.
Creo que solo queda embriagarme, como la gente triste de algunas
películas.
Ya sé lo que están pensando: es ridículo escribir
un poema como éste. Solo lo hice para hacerme compañía
***
Iván Palacios Ocaña (Oaxaca). Nació en Oaxaca. Es autor de Cosas inútiles y otros poemas —ganador del Premio de Poesía Joven de la unam en 2018— y el e-book Nostalgia de Tacubaby (Matrerita, 2021). Fue ganador en 2016 del premio de Poesía del Concurso 47 de Punto de partida. Publica constantemente poemas inéditos en línea. Su obra, obsesionada con la poesía japonesa tanto como con sus traductores y reformuladores occidentales, sigue la premisa central de la contemplación, pero arraigada en contextos completamente cotidianos —su barrio, su gato, un amor imposible— o provenientes de la cultura popular, lo mismo «Satellite of Love» que Grand Theft Auto que Miley Cyrus.
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