Arquitectura

Tachas 636 • Arquitectura contemporánea • Ernesto Ballesteros Arranz

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Ernesto Ballesteros Arranz

 

Amenazada de una parálisis creacional alarmante desde hace más de un siglo, la arquitectura española realiza ahora los últimos ensayos de reafirmación personal. 

La revolución demográfica que Europa y el mundo entero han sufrido desde el siglo XVIII, ha tenido una faceta especialísima en el aumento de población urbana que se viene experimentando en los últimos tiempos. La avalancha de población hacia las grandes zonas fabriles o burocráticas ha provocado grandes aglomeraciones que plantean pavorosos problemas a los gobiernos. Problemas que son, ante todo, urbanísticos, es decir, relacionados con el planteamiento racional y la conservación de viviendas y servicios. Los grandes conjuntos de evacuación, suministro hidráulico y eléctrico, transportes, etc., son objetivo de los ingenieros, pero sobre esta infraestructura, los arquitectos, artistas al fin, han de crear un mundo nuevo, agradable y congruente con nuestro modo de vivir. El urbanismo ha pasado a ser la preocupación capital de los últimos años.

Dejamos a la arquitectura española de los años 20, anclada en estilos monumentales o eruditos. El genio de Gaudí había pasado como un meteoro sobre el panorama artístico español y era demasiado original para dejar una escuela que continuara su estilo. 

Tampoco vamos a tener, a partir de 1920, arquitectos geniales que creen algo impensado, pero sí van a surgir muchos constructores con ganas de reformar lo antiguo y de introducir una nueva sensibilidad estética en la pálida y enfermiza arquitectura española. Como el número de obras y de autores se multiplica por momentos y en la mayoría de los casos falta perspectiva suficiente para valorar la obra de los más recientes, hemos decidido hacer una selección provisional, que en ningún momento pretende ser canónica. Sabemos de antemano que, en cualquier tema de actualidad, los peligros de ignorar a los mejores o de sobrevalorar obras de segunda importancia, son enormes. Pero tenemos que correr el riesgo para poder brindar una honesta visión de nuestra arquitectura contemporánea. Tenga en cuenta, pues, el lector, que en ninguna serie como en esta nos vemos precisados a utilizar un material tan lejos de toda sistematización artística. La mayor parte de nuestros apuntes están tomados de revistas especializadas y publicaciones inconexas, que se orientan hacia los más diversos objetivos. Por otro lado, el carácter de divulgación y síntesis, que es la tónica marcada por esta colección, nos obliga a intentar al menos un ensayo de sistematización en el que dar cabida a las corrientes actuales. Faltarán, pues, nombres importantes a juicio de algunos, y obras en ciernes o recién concluidas cuya precisa colocación en el panorama arquitectónico del siglo XX no es bien conocida aún. Nos disculpamos de antemano por estos defectos y hacemos esta selección con la íntima convicción del que emprende una obra incompleta, que sabe ha de quedar inacabada para que sea de alguna utilidad.

Después de las últimas influencias centroeuropeas representadas por Palacios (Cf. serie 52), llegan a nuestra península, a partir de 1915-1920, los ecos de arquitectos como Le Corbusier, Gropius, Van der Rohe, Lloyd Wright, etc., y en general toda la pléyade de pioneros de la arquitectura del XX. 

Los hombres que recogen la nueva antorcha forman la generación, que va a protagonizar el acontecimiento de la guerra civil (1936-1939). Algunos han trabajado ya en estilos anteriores; han intentado abrirse caminos en la imitación medievalista o plateresca, por ejemplo, pero la mayoría acuden a los tiempos nuevos con el entusiasmo propio de la juventud creadora e inconformista. 

La obra más importante del tercer decenio va a ser el conjunto de la Ciudad Universitaria madrileña, encomendada a Modesto López Otero, aunque en un principio se pensó encomendarla a Luque, autor de los Ministerios de Educación y Marina, obras ambas bastante desafortunadas. La gigantesca programación de la Ciudad Universitaria de Madrid, cuyos más significativos constructores vamos a conocer seguidamente, se vio interrumpida por la Guerra civil de 1936. Con este acontecimiento bélico se cierra en arquitectura, como en muchos otros campos de la vida española, toda una época. La inacabada Ciudad Universitaria, escenario de cruentas batallas y bombardeos, quedó casi totalmente destruida y tuvo que ser levantada de nuevo al acabar la guerra. 

Casi al mismo tiempo que se proyecta la Ciudad Universitaria madrileña surge en Barcelona el G. A. T. C. P. A. C. (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para la Arquitectura Contemporánea), que alberga a los más vanguardistas constructores del momento, inspirados en las nuevas corrientes racionalistas y funcionales de Le Courbusier y Van der Roñe. Pero esta primitiva asociación se vio casi disuelta poco después, y en 1930, los elementos que aún seguían conservando la idea de una renovación orgánica y total de la arquitectura española, se unen a una nueva empresa llamada el G. A. T. E. P. A. C. (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para la Arquitectura Contemporánea). Como se ve, la simple sustitución de «Catalanes» por «Españoles» pone en evidencia lo similar de estas dos tendencias y al mismo tiempo nos habla también de sus diferencias. El exclusivismo del primitivo grupo catalán queda ahora abierto a la posible actividad de todas las zonas regionales. El G. A. T. E. P. A. C. se constituye en Zaragoza en 1930, y tiene su líder más destacado en la figura de García Mercadal. Tiene tres núcleos fundamentales: Madrid, Barcelona y San Sebastián, con dos delegaciones en Bilbao y Zaragoza. En el grupo Norte del G. A. T. E. P. A. C. actúan arquitectos como Labayen y Aispurua; en el Centro, García Mercadal, López Delgado o Esteban de la Mora; en el Este, J. L. Sert. Illescas, Torres Clavé, Armengou, Churruca, etc. Estos arquitectos van a prolongar su actividad casi hasta nuestros días, si bien en los últimos tiempos conviven con tendencias que les son ajenas. 

Como nos parece que la obra del G. A. T. E. P. A. C. tiene una importancia capital en la historia de la arquitectura española del siglo XX, hemos querido añadir algunos de los principios que sostienen sus creadores y que dan un perfil bastante exacto de las posibilidades y objetivos que esta obra pretende. El hecho asociativo en sí, solo es un síntoma del carácter socializante de nuestra época. Hay épocas esencialmente individualistas (el Renacimiento) y otras radicalmente socializantes (el mundo bizantino o nuestra época). A Miguel Ángel le hubiera parecido un delito de «lesa estética» crear en colaboración, pero es lógico que a un arquitecto del siglo XX le agrade e incluso necesite, relacionarse con otros para conseguir un movimiento creativo enérgico y eficaz. Tras esta leve deserción del tema principal, pasamos a exponer algunos de los principios del G. A. T. E. P. A. C., extractados de un estudio del arquitecto Fullaondo. 

A)En primer lugar, es una forma de aceptar el hecho arquitectónico desde el principio hasta el final. 

B)Una potenciación del afán singular dentro de la escala del grupo, un autoestímulo y una defensa, un intento de trascendencia del particularismo. 

C)Una visión de la arquitectura dentro del contexto de la sociedad, un contexto, unas estructuras ante las que urge el testimonio, la elección, el compromiso. Desaparecía el arquitecto como técnico aislado, moral y socialmente agnóstico, abstraído de las repercusiones éticas. Emerge la visión del choque frontal entre este técnico con el discurrir de los procesos de la sociedad. 

D)El «réquiem» definitivo del aislacionismo español. La cultura arquitectónica española se nos aparece como una obligada derivación de un sentir internacional. 

E)La puesta al día. La incorporación de los más avanzados expedientes del momento, de la vanguardia espiritual y cronológica, al quehacer de cada día. 

 

F)             Estos son los objetivos del G. A. T. E. P. A. C., según J. D. Fullaorido en su estudio publicado en la revista «Nueva Forma». Termina el señor Fullaorido esta enumeración aportando su juicio critico de esta obra y dice que «son los objetivos del intento más serio, ilusionado, coherente y conmovedor de toda la moderna historia española». 

Pero este ambicioso proyecto se ve cortado de raíz por la guerra de 1936, como queda dicho. Al terminar la contienda el horizonte político y cultural había cambiado bastante. Los tiempos de la República no se sentían como tiempos pasados, sino como tiempos peligrosos y hostiles. Por eso entramos, a partir de 1939, en una nueva etapa de la arquitectura española, que algunos han llamado de la «Reconstrucción». No está mal ideado el nombre porque había que hacer, en efecto, un gran esfuerzo de reconstrucción en todo el horizonte español y uno de los más señalados era la arquitectura, pues la guerra había dañado no poco a nuestras ciudades, monumentos, edificios públicos, etcétera. Asistimos, entre los años 1940 y 1950, a un nuevo movimiento neoclásico, con una arquitectura que se inspiraba directamente en los modelos alemanes nacionalsocialistas. Alemania, Italia y Rusia, regímenes totalitaristas reaccionan en política y en todos los órdenes de la cultura contra el funcionalismo racionalista anterior, que consideran una secreción del liberalismo occidental. Se abandonan las fórmulas racionalistas y organicistas para resucitar una arquitectura mastodóntica y pesada que quiere subrayar el prestigio del Estado y la fuerza del espíritu ario. España, por múltiples razones que no son del caso detallar, se deja llevar moderadamente por estas tendencias y conecta el sentido de sobria monumentalidad, que estas naciones pretendían, con la obra de Herrera y Villanueva. Y henos aquí con década y media de decadente neoclasicismo inspirado en el arquetipo escurialense de Herrera. La recién creada Dirección General de Arquitectura y Regiones Devastadas, acogió con agrado esta corriente y le prestó el apoyo oficial que necesitaba. Muchos edificios, sobre todo oficiales, se levantan dentro de estos cánones de afectada sobriedad. Algunos de los arquitectos más característicos de este movimiento, como Gutiérrez Soto, proceden de tendencias más modernas y lógicas. Se trata en resumen, de un período de reconstrucción transitorio, una reacción artística y cultural comprensible si se tienen en cuenta las circunstancias políticas. 

Pero algunos de los arquitectos del desaparecido G. A. T. E. P. A. C. siguieron trabajando dentro del espíritu racionalista y Moderno que inspiró la obra, y reunieron en torno a ellos a un numeroso grupo de discípulos y seguidores. Así, al margen de las grandes obras oficiales, seguían produciéndose en España algunos intentos de auténtica creación. No a todos los acompañó el éxito; para ser sinceros tendríamos que decir que a muy pocos, pero lo interesante no es el resultado sino el esfuerzo. Conviviendo con esta arquitectura oficial de postguerra se alza todo un grupo de arquitectos racionalistas más o menos relacionados con el fenecido G. A. T. E. P. A. C. y protagonistas muchos de ellos de la propia arquitectura oficial, como en algunos casos señalaremos. 

Por último, después de 1950, comienzan a sentirse brotes de auténtica originalidad en la arquitectura española, si bien la proximidad histórica de estas creaciones nos aconseja no emitir un juicio apresurado sobre ellas. Hemos dejado para el final unas cuantas obras de los que nos parecen los arquitectos más representativos de esta vanguardia. 

 

 

Texto cedido para promoción por los editores del libro Arquitectura contemporánea. Ernesto Ballesteros Arranz. Educación Hiares. 2013, Madrid. 

 




 

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Ernesto Ballesteros Arranz (Madrid, 1942) Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense y Doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis sobre “La negación de la substancia en Hume” (1983), ha sido catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Escuela de Magisterio de Cuenca, donde ocupó el cargo de director (1976-1982) y en una segunda etapa entre 1986 y 1988, antes de que el centro se transformara en Facultad de Educación. A pesar de su inicial inclinación académica ya señalada, y a cuya enseñanza se dedicó profesionalmente, de forma progresiva fue orientando sus preocupaciones hacia el ámbito de la Filosofía, con especial interés por las corrientes de pensamiento relacionadas con el mundo hindú, al que durante un tiempo dedicó repetidos trabajos de investigación y divulgación. En esa labor destaca la presentación en Madrid, en mayo de 1995 de una traducción al castellano de la obra El Yoga Vasishtha, uno de los elementos filosóficos esenciales de la cultura hindú. Durante los años 1996 y 1997 ha presentado diversas comunicaciones en el I y II Congresos de estudios hindúes, celebrados en Salamanca. Su traducción al castellano del Yoga Vâsishta fue recibida en ese momento como la versión antológica más completa realizada hasta la fecha en castellano de ese texto espiritual hindú tradicionalmente atribuido al legendaria Valmiki, el autor del Ramayana y uno de los textos fundamentales de la filosofía Vedanta. Modernamente viene dedicando su pensamiento a elaborar diversas teorías sobre el tiempo y el espacio, como elementos esenciales de las preocupaciones filosóficas básicas en el mundo moderno. Además de los libros publicados tiene en su haber los textos de varios centenares de carpeta de material gráfico proyectable (diapositivas), sobre historia, historia del arte y educación vial.




 

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