Tachas 639 • La estupidez natural • José Luis Justes Amador
José Luis Justes Amador
7. Guillermo del Toro, en la rueda de prensa posterior a su prometedor Frankenstein, fue tajante: “No me asusta la inteligencia artificial, sino la estupidez natural”.
(7.a. Justamente en la rueda de prensa para presentar una película basada en la novela de Mary Wollstonecraft Shelley que, probablemente, mejor haya descrito nunca los peligros de la tecnología: Frankenstein, cuyo significativo subtítulo es o el moderno Prometeo)
7.1. Más allá del juego de palabras y el acertadísimo uso del oxímoron, la frase es genial en un detalle que parece mínimo pero que resulta toda una carga de profundidad en la línea de flotación de todo el ciberoptimismo que rodea la siempre mal llamada inteligencia artificial.
7.2. ¿Era consciente Guillermo del Toro de lo interesantísimo de su frase? Probablemente sí.
8. Todo avance tecnológico, y la inadecuadamente nombrada Inteligencia artificial lo es, ha servido siempre, sin excepción (los malos usos son eso: malos usos), para potenciar una cualidad que ya tenía la humanidad. Las hachas de sílex para desgarrar la carne de la caza con mayor fuerza que la mano, la flecha y el arco para acertar con la presa a mayor distancia y con mayor fuerza, la rueda para poder transportar cosas más pesadas y más lejos, la imprenta para poder compartir con mayor número de gente ciertas ideas, las que fueran, la computación para hacer cálculos más complejos en menos tiempo. Y a esta lista se le podría añadir cualquier otro invento humano.
8.1. Y en su descripción todos tendrían la misma estructura: el invento y una capacidad humana a la que le añadiríamos más.
9. El problema está en la sutil oposición que propone el director mexicano: inteligencia artificial y estupidez natural.
9.1. Con lo cual nuestra fórmula para aplicar a cualquier innovación tecnológica quedaría así: la inteligencia artificial logra llevar a más y más lejos nuestra estupidez natural.
(9.2. ¿Es todo tan malo? No, pero de ciberoptimistas ya está lleno el mundo. A mí me toca lo negativo).
10. El primer problema es: parece que no nos enteramos de si estamos a favor de este nuevo desarrollo tecnológico. Hasta ahora con cualquier avance humano la gente, por usar la terminología de Umberto Eco refiriéndose a la galaxia Gutemberg, se dividía, simplificando mucho, en apocalípticos (los que exclaman “qué horror”) e integrados (que exclaman “que buen avance, utilicémoslo”).
10.1. Abro el periódico un día (no en papel sino en la edición digital, un punto para la tecnología) y leo el titular: “Los padres de un adolescente que se quitó la vida en EE UU demandan a ChatGPT por ayudarle a “explorar métodos de suicidio””. Y en el mismo periódico al día siguiente: “La IA que mejorará el diagnóstico de la enfermedad que provoca vómitos, depresión y cansancio”.
10.2. Y en esta sociedad cada día más polarizada las noticias son, o alarmantes (apocalípticas) o exageradamente optimistas (integradas).
11. Aburrido de buscar argumentos para atacar a la IA le pido a ella misma, a Copilot, que hable mal de sí misma. Y escribo: “Escribe un breve ensayo de alrededor de 200 palabras en un tono MUY irónico y sarcástico sobre las desventajas de la inteligencia artificial en el mundo moderno, utilizando una vez la expresión "estupidez natural"”.
11.1. Y esto contesta: “¡Oh, la inteligencia artificial, ese maravilloso invento que llegó para liberarnos de pensar! Con ella, ya no tendremos que preocuparnos por nuestras ideas originales, ¡para eso están los algoritmos que nos sirven recetas prefabricadas de creatividad industrial! ¿Investigación profunda? Bah, mejor confiar en modelos entrenados con datos sesgados hasta el hartazgo: nada dice “progreso” como reproducir prejuicios con impecable eficiencia. ¿Privacidad? Un concepto tan anticuado que las corporaciones se alegran de auscultar cada susurro digital con un entusiasmo desmedido. Y ni hablemos del empleo: la automatización promete ofrendar más tiempo libre, siempre que no consideres detalles nimios como el desempleo masivo o la pérdida de propósito existencial. Por supuesto, reemplazar nuestra estupidez natural por un complejo entramado de códigos y redes neuronales es la cúspide del ingenio humano. ¿Salud mental? Tranquilos, un feed perfectamente curado de noticias falsas y deepfakes hará maravillas en nuestro bienestar psicológico. Después de todo, ¿qué sería de la humanidad sin un conjunto de ceros y unos dictando cada paso? Aplaudamos con entusiasmo la inminente dictadura algorítmica que vendrá a sustituir nuestro juicio falible por un juicio programado con amor ciego a la eficiencia”.
11.2. De ironía no va mal. Un aprobado justo, pero se nota falsa, demasiado poco humana. Pero ¿no es triste (preocupante, alarmante, inquietante, aterrador, turbador; desazonador, en fin) que con lo único que esté de acuerdo, y con lo único que no ironiza, es con la “estupidez humana” que parece dar por supuesta?
12. Seguro que en algún católico todo esto de la Inteligencia Artificial le recuerda al versículo 6 del capítulo 3 del Génesis: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría”.
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