Narrativa

Tachas 641 • Sentido Del Humor • Damon Runyon

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Damon Runyon

 

Una noche, parado frente al restaurante de Mindy, en Broadway, sin pensar absolutamente en nada, siento de repente un terrible dolor en el pie izquierdo.

En realidad, es un dolor tan terrible que me hace saltar como un sapo y dar gritos de angustia y usar palabras muy soeces, cosa que por lo corriente no hago, aunque por supuesto, me doy cuenta de que el dolor proviene de uno de mis pies que está quemándose, pues a menudo experimenté este dolor otras veces. 

Además, sé que Joe el bromista debe andar por la vecindad, pues es quien tiene el mejor sentido del humor de toda la ciudad y siempre anda persiguiendo a la gente, como lo ha hecho conmigo más veces de las que puedo recordar. Así es: sé que Joe inventa la broma de prenderle fuego a un pie y se populariza en todo el país. 

La broma consiste en ponerse detrás de una persona que esté distraída, pegarle un fósforo de papel en el zapato entre la suela y la parte superior: más o menos donde está el dedo chico, y encender el fósforo. A poco, el tipo siente un dolor terrible en el pie y empieza a pisotear y a gritar sin parar y eso resulta muy cómico y todos los que lo ven sufrir se ríen a carcajadas. 

Nadie en el mundo hace esto tan bien como Joe el bromista, porque se necesita alguien que se llegue a hurtadillas hasta donde está el tipo a quien le va a gastar la broma, y Joe se mueve con tanta suavidad que muchos tipos de Broadway apuestan cualquier cosa a que Joe puede gastarle esa broma a una laucha, si encuentra una laucha que use zapatos. Además, Joe el bromista se sabe proteger para el caso de que el tipo 270 a quien le gasta la broma le pida cuenta, lo que a veces ocurre y en especial con tipos que se mandan hacer zapatos a cuarenta dólares el par y no les gusta que les prendan fuego y les dejen un agujero en esos zapatos. 

Pero a Joe no le importa qué clase de zapatos usan los tipos cuando a él se le ocurre gastarles la broma y menos le importa quiénes son los tipos, aunque muchos ciudadanos piensan que comete un error cuando le gasta la broma a Frankie Ferocious. En realidad, a muchos ciudadanos les horroriza esta acción y andan diciendo que nada bueno saldrá de ahí. 

Este Frankie Ferocious, viene de Brooklyn, donde se le considera un ciudadano eminente en muchos aspectos y es el menos indicado para que le gasten esa broma, sobre todo porque Frankie Ferocious no tiene el menor sentido del humor. En realidad, es muy solemne y nadie lo ve reír y no hay duda de que no se ríe cuando Joe el bromista le gasta la broma un día en Broadway en que Frankie Ferocious está parado hablando de un asunto de negocios con otros tipos del Bronx. 

Frankie no hace más que ponerle mal gesto a Joe y le dice algo en italiano, y aunque no entiendo el italiano, me resulta tan desagradable de oír, que les aseguro que, en dos horas, me iría de la ciudad si me dice eso a mí. 

Por supuesto el nombre de Frankie Ferocious no es tal, en verdad, sino algo en italiano parecido a Feroccio, y sé que viene de Sicilia, aunque vive en Brooklyn hace muchos años y desde un humilde comienzo, se levantó hasta llegar a ser un importante corredor de diversos artículos, especialmente alcohol. Es un tipo grande, de quizá treinta y pico de años, y con el pelo más negro que una chimenea a un metro de la base, y ojos negros y cejas negras y una manera torpe de mirar a la gente. 

Nadie sabe mucho con respecto a Frankie Ferocious, porque él nunca tiene mucho que contar y tarda en contarlo; pero todo el mundo le hace sitio cuando aparece, porque corren rumores de que a Frankie Ferocious no le gusta estar en medio de una aglomeración. En lo que a mí respecta, Frankie no me gusta en ningún sentido, porque su manera torpe de mirar a la gente me pone nervioso; y lamento que Joe le gaste esta broma porque me imagino que Frankie, se considerará obligado a tomarlo como una falta de respeto y así lo sostendrá contra cualquiera que viva en la isla de Manhattan. 

Pero Joe el bromista, cuando alguien le dice que no hace bien en gastarle esa broma a Frankie, lo único que hace es reírse y dice que él no tiene la culpa de que Frankie no tenga sentido del humor. Más aun Joe dice que no sólo le repetirá la broma a Frankie Ferocious si se presenta el caso, sino que hará lo mismo con el Príncipe de Gales o con Mussolini, si los encuentra a tiro, aunque Regret, el que hace las bromas pesadas, afirma que en cualquier momento él apuesta uno contra veinte a que Joe no le gastará la broma a Mussolini, sin que le cueste caro. 

De todos modos, como yo sospecho, Joe el bromista me está observando cuando siento el calor en el pie y se está riendo a carcajadas, y más aun, muchos otros ciudadanos también se están riendo a carcajadas, porque a Joe el bromista no le divierte gastar su broma si no hay gente presente para gozar con el chiste. 

Bueno, por supuesto que cuando veo quién es el que ha prendido fuego a mi zapato, me sumo a la risa general y voy y saludo a Joe, y al darle la mano, la risa aumenta, porque parece que Joe tiene un pedazo grande de queso de Limburgo en el puño y el apretón de manos se lo doy al Limburgo. Además, es queso Limburgo, de lo de Mindy y todos saben que el Limburgo de lo de Mindy es muy blando y aguachento y muy maloliente. 

Desde luego me río también de esto, aunque, a decir verdad, me reiré con más ganas si Joe el bromista se cae muerto delante de mí, porque no me gusta que me hagan víctima de las bromas en Broadway. Pero mi risa es en verdad espontánea cuando Joe saca el resto del queso que no está pegado a mis dedos y con él unta los volantes de algunos automóviles estacionados frente a lo de Mindy, porque me imagino lo que dirán los conductores cuando empiecen a manejar sus automóviles.

Luego me pongo a conversar con Joe el bromista y le pregunto cómo andan las cosas en Harlem, donde Joe y su hermano menor Freddy y otros muchachos, tienen una pequeña organización que opera en cerveza y Joe dice que las cosas andan todo lo bien que se puede esperar, teniendo en cuenta el estado de los negocios. Luego le pregunto cómo anda Rosa que es la amante esposa de Joe y amiga personal mía, pues la conozco desde que era Rosa Midnight y cantaba en la antigua Hot Box antes de que Joe la sacara y se casase con ella. 

Bueno, al oír la pregunta Joe el bromista se echa a reír y veo que hay algo que despierta su sentido del humor, y por fin habla de la manera siguiente: 

—Vaya —dice—. ¿No sabes las noticias de Rosa? Me deja por mi amigo Frankie Ferocious hace un par de meses y vive en un departamento en Brooklyn, muy cerca de la casa de él, aunque, por supuesto, tienes que comprender que te digo esto sólo por contestar tu pregunta y no por denunciar a Rosa. 

Luego suelta otra gran carcajada y en realidad, Joe el bromista sigue riéndose hasta que temo le haga mal internamente. Yo, desde mi punto de vista, no veo nada cómico en que la amante esposa de un tipo lo largue por un tipo como Frankie Ferocious, de modo que cuando Joe el bromista se tranquiliza un poco, le pregunto qué tiene de gracioso el asunto. 

—Vaya —dice—, tengo que reírme cada vez que pienso cómo se va a sentir esa bola de grasa cuando descubra lo cara que es Rosa; no sé cuántas actividades tiene Frankie en Brooklyn, pero va a tener que empezar a hacer funcionar la casa de moneda para mantener a Rosa. 

Se vuelve a reír y me parece magnífica la forma en que Joe mantiene su sentido del humor, aún en situaciones como ésta, aunque hasta ahora siempre pienso que Joe está muy chiflado por Rosa, que es una muñequita que pesa tal vez cuarenta kilogramos con sombrero puesto, y es muy mona. 

Por lo que Joe me dice, juzgo que Frankie Ferocious conoce a Rosa antes de que Joe se casara con ella y siempre la está atacando cuando ella canta en el Hot Box y aun después de que sea la amante esposa de Joe, Frankie la suele llamar por teléfono, y en especial cuando él comienza a ser un ciudadano próspero en Brooklyn, aunque, por supuesto, Joe no se entera sino mucho más tarde de estas llamadas. Y coincidiendo con el momento en que Frankie Ferocious comienza a ser un ciudadano próspero en Brooklyn las cosas empiezan a ponerse difíciles para Joe, a causa de la depresión económica y de otras cosas y tiene que hacer economías en ciertos renglones de Rosa y si hay algo que Rosa no aguanta es que se hagan economías con ella. 

Alrededor de esta época Joe le gasta la broma de quemarle el zapato a Frankie Ferocious, y como lo afirman muchos ciudadanos es un error, porque Frankie empieza a llamar seguido a Rosa, y a decirle qué lindo sitio para vivir es Brooklyn, lo que es cierto, y entre estas alabanzas de Brooklyn y las economías de Joe, Rosa se larga y toma el subte a Borough Hall, dejándole una nota a Joe en la que le dice que si no le gusta ya sabe lo que puede hacer. 

—Bueno, Joe —le digo después de escucharle su relato—, siempre me fastidia enterarme de estas pequeñas dificultades domésticas de mis amigos; pero, tal vez, sea para bien. De todos modos, lo lamento por ti, si eso te consuela —le digo. 

—No me tengas lástima —dice Joe—. Si tienes ganas de sentir lástima de alguien, ténle lástima a Frankie, y si te sobra algo de pena, otórgasela a Rosa. 

Y Joe se ríe de buena gana y empieza a contarme de un esparcimiento que tiene en Harlem donde hay una silla que está conectada a cables eléctricos, de modo que le puede dar un buen sacudón a quien se siente en ella lo que resulta muy divertido, sobre todo cuando Joe me cuenta cómo, una noche, le dieron demasiada corriente y casi matan al comodoro Jake. 

Por fin Joe dice que tiene que volver a Harlem, pero antes va al teléfono de la cigarrería de la esquina y llama a lo de Mindy imitando una voz de chica y le dice a Mindy que él es Peggy Joyce (o algo así) y le pide que mande cincuenta docenas de sándwiches a un piso en la calle 72 Oeste, para una fiesta de cumpleaños, aunque por supuesto, el número que él da no existe, y aunque existiera, nadie querría cincuenta docenas de sándwiches. 

Entonces Joe sube a su automóvil y arranca, y cuando el coche se detiene por las luces del tránsito en la calle 55, veo ciudadanos en las aceras que dan saltos inesperados y que miran en derredor con cara de furia y me doy cuenta de que Joe los está atacando con bolitas hechas de papel de estaño que él dispara con un elástico que se engancha entre el pulgar y el índice. 

Joe el bromista tiene gran habilidad para estas cosas y es gracioso ver saltar a los individuos, aunque una o dos veces en su vida Joe la pifia y le saca un ojo a alguien. Pero todo es en broma y muestra qué magnífico sentido del humor tiene. 

Bueno, pocos días después veo en los diarios que un par de muchachos de Harlem, del grupo en que anda Joe, es encontrado envuelto en sacos en Brooklyn, bien muertos, y los policías dicen que es porque están tratando de instalarse en ciertas empresas de negocios que pertenecen nada menos que a Frankie Ferocious. Pero, por supuesto, los policías no dicen que Frankie Ferocious meta a esos tipos dentro de los sacos, porque en primer lugar, Frankie los denunciará a la Central de policía si dicen esas cosas de él, y en segundo lugar, eso de meter a la gente dentro de sacos es una idea exclusiva de St. Louis y para hacerlo como se debe hay qué hacer venir, desde allí, los expertos en esa materia. 

Ahora bien, eso de meter a un tipo en un saco no es tan fácil como parece, y en realidad se necesita mucha práctica y experiencia. Para hacerlo, primero hay que dormirlo, porque nadie que esté bien despierto va a entrar en un saco caminando, a menos que sea un idiota sin remedio. Algunos sostienen que la mejor manera de dormir a un tipo es dándole, dentro de la bebida, unos polvos para dormir; pero los verdaderos expertos no hacen sino dar un golpecito en la cabeza con una cachiporra con lo que se ahorra el gasto de comprar la bebida. 

Sea como sea, después que el tipo está dormido, se le dobla como un cortaplumas y se le ata una cuerda o un alambre alrededor del cuello y por debajo de las rodillas. Después se le pone dentro de un saco de yute, y a poco, cuando el tipo se despierta y se encuentra dentro del saco, quiere salir y lo primero que hace es tratar de estirar las piernas. Esto estira tanto la cuerda que tiene alrededor del cuello que después de un rato se queda sin aliento… 

Entonces, cuando viene alguien y abre el saco encuentra al tipo muerto y nadie es responsable de esta situación poco afortunada, porque después de todo, el tipo en realidad se suicida, porque si no trata de estirar las piernas puede llegar a ser viejo si se recobra del golpe en la cabeza. 

Bueno, un par de días después me entero por los diarios que tres tipos de Brooklyn han sido liquidados mientras están caminando apaciblemente por la calle Clinton. Se dice que fueron atacados por unos individuos desde un automóvil que parecen tener una ametralladora, y los diarios afirman que los individuos son amigos de Frankie Ferocious y que corren rumores de que son de Harlem. 

Deduzco por esto que pasa algo en Brooklyn, sobre todo porque alrededor de una semana después de que los individuos son liquidados en la calle Clinton, otro tipo de Harlem es encontrado cerca de Prospect Park atado dentro de un saco como si fuera un jamón de Virginia y ahora, quién va a ser sino Freddy, el hermano de Joe el bromista, y sé que a Joe no le va a gustar nada esto. 

Al poco tiempo ocurre que nadie en Brooklyn se anima a abrir ni un saco de papas sin primero llamar a los gendarmes, de miedo a que aparezca un par de zapatos número 8. 

Ahora bien, una noche veo a Joe y esta vez está solo, y quiero decirle que estoy dispuesto a dejarlo solo, porque algo me indica que está más caliente que un horno. Pero cuando paso por ahí, me agarra, así que me paro a hablar con él y lo primero que le digo es cuánto lamento lo de su hermano. 

Joe dice que Freddy es un bobo. Rosa le pide que vaya a verla a Brooklyn. Quiere hablar con Freddy para que consiga que yo me divorcie, supongo que para poder casarse con Frankie Ferocious. De todos modos, Freddy le dice al comodoro Jake por qué la va a visitar. A Freddy le gusta Rosa y cree que tal vez pueda arreglar la desavenencia entre ella y yo. Así concluye dentro de un saco. Lo pescan cuando él sale del departamento de Rosa, Joe no pretende insinuar que Rosa le haya pedido que vaya si tiene idea de que lo meterán dentro de un saco, pero, siempre según Joe, ella es responsable de lo que ocurre. Es una muñequita que trae mala suerte. 

Entonces empieza a reírse, y al principio estoy horrorizado al pensar que el hecho de que Freddy sea metido dentro de un saco le despierta su sentido del humor. 

—Oye —dice—, le pienso gastar una broma magnífica a Frankie. 

—Bueno, Joe —le digo—, no me estás pidiendo consejo, pero te lo voy a dar sin cargo, gratis y de balde: no le gastes ninguna broma a Frankie Ferocious, que tiene tanto sentido del humor como una cabra. Me dicen que Frankie Ferocious no se reirá ni aún si consigues que Al Jolson, Eddie Cantor, Ed Wynn y Joe Cook, juntos, le cuenten chistes. En realidad —le digo— me dicen que es un auditorio difícil de contentar. 

—¡Oh! —dice Joe—, en alguna parte debe tener algo de sentido del humor para tolerar a Rosa. Me dicen que está chiflado por ella. En realidad, tengo entendido que es la única persona en el mundo a quien él quiere, y en quien confía. Pero tengo que gastarle una broma. Voy a meterme dentro de un saco que le será entregado a Frankie Ferocious. 

Bueno, por supuesto, yo mismo me tengo que reír de esto y Joe se ríe conmigo. Por mi parte, sólo me estoy riendo de la idea de que alguien sea llevado dentro de un saco y entregado a Frankie Ferocious, especialmente Joe el bromista; pero, por supuesto, no tengo idea de que Joe habla en serio. 

—Escucha —dice, por fin, Joe— un tipo de St. Louis que es amigo mío es a quien Frankie ocupa cuando se trata de meter a alguien dentro de un saco. Se llama Ropes McGonnigle. En realidad —dice Joe—, es un amigo que quiero mucho y tiene, como yo un magnífico sentido del humor. Ropes McGonnigle no tiene nada que ver con haber metido a Freddy dentro de un saco —dice Joe—, y está muy indignado por eso desde que se entera que Freddy es hermano mío, así que está deseoso de ayudarme a gastarle una broma a Frankie Ferocious. 

—Anoche —dice Joe—. Frankie manda buscar a Ropes y le dice que lo considerará un favor especial el que Ropes me entregue a él en un saco. Supongo —dice Joe—, que Frankie sabe por Rosa lo que con seguridad Freddy le dice sobre lo que pienso del divorcio. Tengo un criterio muy estricto sobre el divorcio —dice Joe—, y en especial si se trata de Rosa. Prefiero verla donde tú sabes antes que hacerle a ella y a Frankie, semejante favor como es el de concederles el divorcio. 

—De todos modos —dice Joe—. Ropes me cuenta la propuesta que le hace Frankie Ferocious, así que mando a Ropes de vuelta a Frankie Ferocious a decirle que él sabe que voy a estar en Brooklyn mañana por la noche, y además, Ropes le dice a Frankie que no tardará en meterme dentro de un saco. Y así lo hará —dice Joe. 

—Bueno —digo—, yo, personalmente no veo la ventaja de que me entreguen a Franquie Ferocious dentro de un saco, porque de acuerdo con lo que leo en los diarios, cuando Frankie recibe un tipo metido dentro de un saco, el pobre tipo tiene poco porvenir por delante. Lo que no me imagino —digo—, es dónde está la broma que se le gasta a Frankie Ferocious. 

—Vaya —dice Joe—, la broma consiste en que no estaré dormido dentro del saco y en que no tendré las manos atadas y en que tendré en cada mano una pistola John Roscoe, de modo que, cuando le entreguen el saco a Frankie Ferocious y yo salga dando tiros ¿te imaginas su asombro? 

Bueno, me lo imagino, en realidad, cuando me pongo a pensar en la expresión de sorpresa que sin duda tendrá la cara de Frankie al ver salir del saco a Joe el bromista, tengo que reírme y Joe se ríe junto conmigo. 

—Claro —dice Joe—. Ropes McGonnigle estará allá para sumar sus disparos a los míos, para el caso de que Frankie Ferocious esté acompañado. 

Entonces Joe el bromista se va, calle arriba, y me deja todavía riéndome de pensar en el asombro de Frankie Ferocious cuando Joe salga del saco y empiece a disparar tiros a derecha e izquierda. No tengo noticias de Joe desde entonces; pero me entero del resto del relato por fuentes muy fidedignas. 

Parece que, después de todo, Ropes McGonnigle no entrega el saco personalmente, sino que lo manda con un mensajero a casa de Frankie Ferocious. A su debido momento, Frankie Ferocious recibe muchos sacos como éste, porque parece que tiene una especie de pasión por ver con sus propios ojos el contenido de los sacos y por controlarlos antes de que sean distribuidos por la ciudad y, por supuesto, Ropes McGonnigle está enterado de esta pasión pues hace muchos de estos trabajos para Frankie Ferocious. 

Cuando el mensajero lleva el saco a casa de Frankie, Frankie mismo lo baja al sótano y allí lo abre con una John Roscoe grande y dispara seis tiros dentro del saco, porque parece que Ropes McGonnigle le pasa el dato del plan de Joe el bromista de salir tirando tiros. 

Me dicen que Frankie Ferocious tiene una expresión muy rara en la cara cuando los gendarmes irrumpen y lo detienen por asesinato, y que se está riendo la única risa que se le ha oído, porque parece que cuando Ropes le cuenta a Frankie el plan de Joe el bromista, Frankie le dice a Ropes lo que va a hacer con sus propias manos antes de abrir el saco. Por supuesto, Ropes habla a Joe el bromista de la idea de Frankie de vaciar su pistola en el saco; y aquí vuelve a ponerse de manifiesto el sentido del humor de Joe. Porque, dentro del saco que le es entregado a Frankie Ferocious, con mordaza y con manos y pies atados, no crean que está Joe el bromista, sino Rosa. 

 

Traducción de Elizabeth Lee.

 




 

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Damon Runyon (EUA,1880-1846) Fue un periodista y escritor reconocido por sus cuentos.


 

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