Odio Eterno al Mundo Moderno [3]

Tachas 641 • Virtue Signaling • José Luis Justes Amador

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José Luis Justes Amador

 

20. El mundo moderno no ha inventado nada. Simplemente amplifica, siempre los defectos nunca las virtudes, lo que ha existido desde siempre.

21. Por la parte animal que tenemos tendemos a la supervivencia de la especie que es, en el fondo, la supervivencia del más apto. De esa necesidad heredada de nuestro sustrato animal de ser el más rápido, el más alto, el más fuerte (citius, altius, fortius) que de la naturaleza ha pasado a luchar contra ella y al espectáculo en que el mundo moderno (de eso otro día) ha convertido el deporte.

22. Pero no solo somos animales sino también humanos (queda a cada uno decidir y argumentar qué es lo distintivo en la especie del homo sapiens sapiens) y tenemos algo que llamamos virtudes, valores o como cada uno quiera llamarlo.

22.1. Es decir, debemos o tenemos qué ser buenos, en el sentido más amplio de “bondad”. O, incluso, como algunos pueden llegar a afirmar, tenemos qué ser obligados a ser buenos.

22.2. Y también en lo moral, o en lo ético, parece ser que tenemos qué ser mejores que los demás.

23. El "virtue signalling", si es que podemos ponernos de acuerdo en su definición, vendría a ser una práctica de comunicar públicamente valores, posturas o acciones consideradas moralmente positivas.

23.1 Una buena traducción, aunque nada literal, sería, alardeo moral.

23.2.  Algo que ha existido siempre bajo los más sonoros nombres de fariseísmo o hipocresía. Porque si en algo coinciden las antiguas prácticas y las modernas es en ese mostrar ante los demás lo buenos que somos, más que serlo. O siéndolo, pero de una manera, por así decirlo, sesgada.

24. Viene desde lejos. La historia, la con mayúscula y la cotidiana, tienen miles de ejemplos qué ofrecernos de ese tipo de personas que no contentos con hacer algo bueno tienen, además, qué gritarlo a los cuatro vientos. 

24.1. Pero antes de este mundo de declaraciones públicas que se viralizan, publicaciones en redes que ven amigos a quienes no hemos visto en persona hace meses o años, hashtags que señalan y nos señalan y gestos simbólicos en forma de imágenes de perfil, a los cuatro vientos, salvo en el caso de los personajes públicos, eran el vecindario, el círculo de amigos y conocidos y poco más.

24.2. El mundo moderno ha convertido, nos ha convencido, la mayor parte de las veces falsamente, de que esos cuatro vientos son el mundo.

25. En los viejos tiempos había, sí, hipocresía, pero como condición necesaria y anterior para el fariseísmo había una buena acción. O, al menos, un intento de hacer algo.

25.1. “Redes sociales vemos, acciones no sabemos” sería la versión moderna del antiguo y desenmascarador adagio “caras vemos, corazones no sabemos”.

26. Por supuesto que el “virtue signalling” tiene virtudes y es, ¿fue?, útil. Ayuda a visibilizar problemas que quizá no estaban tan difundidos, hace que más gente sea consciente de que hay un problema que debe ser resuelto, puede formar frentes comunes para enfrentar un problema, movilizar recursos e, incluso, reclutar aliados. 

26.1. Es decir, siempre hay una acción buena, positiva, maravillosa.

26.1. Pero, como con la hipocresía de toda la vida, esa acción se ve, se puede ver, enfangada por la necesidad de airear esa bondad. Y eso acontece cuando lo performativo, la demostración de la bondad, es mayor que una acción afectiva, más que efectiva, y que, muchas veces sustituye al gesto en sí mismo.

26.2. Y cuando la verbalización del gesto es más poderosa que el gesto, puede llevar a competiciones (de nuevo el citius, altius, fortius) de superioridad moral para ver quién verbaliza (quién postea, tuitea, instagramea) más alto, más lejos, más fuerte.

27. Y, por desgracia, no decir nada se ha convertido, últimamente, en un problema. 

27.1. El viejo “si no estás conmigo estás contra mí” se ha convertido ahora en “si no te manifiestas públicamente (aunque tus posts los lean cuatro personas) en contra de un problema, eres parte del problema”.

28. Y todo por un problema de preposición. No se trata de que ser mejor porque el otro es peor, sino ser mejor aunque el otro sea peor. 


 

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