Ensayo

Tachas 645 • Contra el fascismo • Umberto Eco

Contra el fascismo - Imagen IA generada con Adobe Fireflu

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La primera característica de un ur-fascismo es el culto a la tradición. El tradicionalismo es más antiguo que el fascismo. No fue típico solo del pensamiento contrarrevolucionario católico posterior a la Revolución francesa, sino que nació en la edad helenística tardía como reacción al racionalismo griego clásico.

En la cuenca del Mediterráneo, los pueblos de religiones diferentes (aceptadas todas con indulgencia por el Olimpo romano) empezaron a soñar con una revelación recibida en los albores de la historia humana. Esta revelación había permanecido durante mucho tiempo bajo el velo de lenguas ya olvidadas. Estaba encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de las religiones asiáticas.

Esta nueva cultura había de ser sincrética. «Sincretismo» no es solo, como indican los diccionarios, la combinación de formas diferentes de creencias o prácticas. Una combinación de ese tipo debe tolerar las contradicciones. Todos los mensajes originales contienen un germen de sabiduría y, cuando parecen decir cosas diferentes o incompatibles, lo hacen solo porque todos aluden, alegóricamente, a alguna verdad primitiva.

Como consecuencia, ya no puede haber avance del saber. La verdad ya ha sido anunciada de una vez por todas, y lo único que podemos hacer nosotros es seguir interpretando su oscuro mensaje. Es suficiente mirar el texto fundacional de cualquier movimiento fascista para encontrar a los principales pensadores tradicionalistas. La gnosis nazi se alimentaba de elementos tradicionalistas, sincretistas, ocultos. La fuente teórica más importante de la nueva derecha italiana, Julius Evola, mezclaba el Grial con los Protocolos de los Ancianos de Sión, la alquimia con el Sacro Imperio romano. El hecho mismo de que, para demostrar su apertura mental, una parte de la derecha italiana haya ampliado recientemente su literatura esencial juntando a De Maistre, Guénon y Gramsci es una prueba fehaciente de sincretismo.

Si curiosean ustedes en los estantes que en las bibliotecas norteamericanas llevan el rótulo «New Age», encontrarán incluso a san Agustín, quien, por lo que me parece, no era fascista. Pero el hecho mismo de juntar a san Agustín con Stonehenge es un síntoma de ur-fascismo.

 

Texto cedido para promoción por los editores del libro Contra el fascismo. Umberto Eco. 2012, Alianza Editorial. Traducción: Esther Benítez.

 




 

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Umberto Eco (Italia, 1932-2016). Filósofo, medievalista, semiólogo, estudioso de los mass media, es el intelectual italiano de mayor renombre internacional cuya obra resulta fundamental para entender la historia del siglo XX y de nuestros días. Entre sus ensayos destacan Apocalípticos e integrados, El superhombre de masas, Sobre literatura, Historia de la belleza, Historia de la fealdad, Confesiones de un joven novelista, Construir al enemigo, De la estupidez a la locura y A hombros de gigantes, estos dos últimos publicados póstumamente. Hace más de treinta años hizo su entrada triunfal en el mundo de la ficción con El nombre de la rosa. A este primer éxito siguieron otras novelas como El péndulo de Foucault, Número cero y Baudolino.  







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