Tachas 653 • Aviso • Salvador Elizondo
I. M. Julio Torri
La isla prodigiosa surgió en el horizonte como una crátera colmada de lirios y de rosas. Hacia el mediodía comencé a escuchar las notas inquietantes de aquel canto mágico.
Había desoído los prudentes consejos de la diosa y deseaba con toda mi alma descender allí. No sellé con panal los laberintos de mis orejas ni dejé que mis esforzados compañeros me amarraran al mástil.
Hice virar hacia la isla y pronto pude distinguir sus voces con toda claridad. No decían nada; solamente cantaban. Sus cuerpos relucientes se nos mostraban como una presa magnífica.
Entonces decidí saltar sobre la borda y nadar hasta la playa.
Y yo, oh dioses, que he bajado a las cavernas de Hades y que he cruzado el campo de asfodelos dos veces, me vi deparado a este destino de un viaje lleno de peligros.
Cuando desperté en brazos de aquellos seres que el deseo había hecho aparecer tantas veces de este lado de mis párpados durante las largas vigías del asedio, era presa del más agudo espanto. Lancé un grito afilado como una jabalina.
Oh dioses, yo que iba dispuesto a naufragar en un jardín de delicias, cambié libertad y patria por el prestigio de la isla infame y legendaria.
Sabedlo, navegantes: el canto de las sirenas es estúpido y monótono, su conversación aburrida e incesante; sus cuerpos están cubiertos de escamas, erizados de algas y sargazo. Su carne huele a pescado.
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Salvador Elizondo (CDMX. 1932-2006) fue escritor, traductor y crítico. Fue autor de novelas, como Farabeuf o la crónica de un instante, libros de relatos, como El retrato de Zoe y otras mentiras, Narda o el verano y El grafógrafo, y ensayos. Uno de los escritores más originales de la generación de los años 1960 en México. De niño vivió varios años en Alemania, antes de la Segunda Guerra Mundial, y cursó tres años en una escuela militar de California. Realizó estudios de artes plásticas en la Ciudad de México y de literatura en las universidades de Ottawa, Cambridge, La Sorbona, Peruggia y la UNAM. Fue fundador de las revistas S.N.O.B. y NuevoCine, y colaborador de Vuelta, Plural y La Cultura en México, suplemento de Siempre, entre otras publicaciones. Fue becario en El Colegio de México, catedrático de la UNAM y becario de la Fundación Ford para cursar estudios en Nueva York y en San Francisco, becario del Centro Mexicano de Escritores 1963-1964, y becario también de la Fundación Guggenheim 1968-1969. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional. En 1965 recibió el Premio Xavier Villaurrutia por su novela Farabeuf o la crónica de un instante. En 1990 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura.
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