EXPERIMENTAL
Tachas 656 • Los Ríos • Jeanne Karen
Anoche te conté que los ríos tienen los nombres más hermosos y sorprendentes y te pregunté qué sentía la gente cada vez que se encontraba con un cuerpo de agua distinto, con su fuerza, con la forma, con su sonido particular, y me lo dijiste de forma tan concreta, después seguí con mi lista, con los nombres de una de las creaciones de la naturaleza más impresionantes y como de un mundo propio, ¿habrá algo así de milagroso como el río?
Y no tengo que escribir cada nombre, ¿te imaginas?, abrir este documento y encontrarte con el enorme caudal del Amazonas o la extraña perfección del Nilo o los colores del Yangtsé, las barcazas del Támesis o la profundidad de todos los demás, con la poesía que arrastra el Orinoco o los pequeños caimanes del Pánuco.
Pienso en las cosas que son inevitables, lo mucho que me molesta haber perdido algunos libros, los presté porque había amor en mi corazón y porque en el fondo creí que era recíproco y que esos tesoros volverían a mí como las aguas del río de Jalpan que envolvieron mi infancia y que quienes los leyeron serían más doctos o tal vez conocerían nuevas formas de hacer poemas, de devolver los afluentes a mis ojos, a mi pecho.
Cada poeta tiene su método, igual que un asesino lo perfecciona con el tiempo, la forma de crear, de destruir, de salir del caos y entrar a la perfección, el espacio de un río donde las aguas no se arremolinan ni se tornan violentas-.
Vuelvo a lo inevitable, a las líneas en prosa que se han guardado con cierta esperanza en la mente, se quedan las descripciones de lugares o recuerdos que no deben morir. En la infancia encontré una casa oscura con el misterio de las cosas que yacen a la orilla de los cuerpos de agua, estaba sumida en el camino, pero el segundo piso se levantaba de entre las frondas de viejos árboles, al mirar por los agujeros del portón se apreciaba una escultura mediana, una pantera o un tigre, cómo saberlo, en ese entonces no hubiera podido diferenciarlos, gatos enormes, gatos de otras tierras. Allí descubrí el silencio de las edificaciones abandonadas, las dulces ruinas con raíces rotas y altos muros de piedra apurando la curiosidad de los paseantes. Era un mediodía muy caluroso, buscaba algo en qué perder el tiempo, un entretenimiento, una salida rápida, una emoción especial, porque pasaba las mañanas sumergida en páginas de libros de la biblioteca de mis padres, enciclopedias de conocimiento general, volúmenes de los que aprendía cómo arreglar un artefacto o cómo cuidar un pequeño huerto, también leía historias interesantes y los ríos aparecían de vez en cuando para enloquecer la música de mi corazón, fueron días de aguas agitadas, yo era un río que buscaba desembocadura.
El espíritu del río pertenece al reino de lo intangible. Cerca de 1982 el Vantaa al sur de Finlandia llevaba aún agua fresca para beber; las gotas de lluvia que caen en el lago Itasca tardan 90 días en llegar hasta el Golfo de México, llevadas por el Misisipi; el pequeño río que cruzaba el centro de mi ciudad se ha ido, solamente dejó un vacío, la húmeda herida de lo que fue, de lo que fuimos, agua que no vuelve.
***
Jeanne Karen (San Luis Potosí, México, 14 mayo 1975). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Temas como la muerte, la introspección y la complejidad semántica en la comunicación en relación con el autismo y las ciencias exactas como las matemáticas y la física, influyen su trabajo en un debate casi ético. Premio estatal de poesía Viene la muerte cantando (1998) Premio de Poesía Salvador Gallardo Dávalos (1999), de Poesía Manuel José Othón (2002 y 2006) Premio de Periodismo Francisco de la Maza por Publicación o Programa de Difusión Cultural (2009).
Ha publicado los libros: Simulación dinámica (Bitácora de Vuelos, 2015), Cementerio de elefantes (Múltiples editoriales). Hollywood (Ponciano Arriaga), Menta (Ponciano Arriaga).
[Ir a la portada de Tachas 656]