Guía de Lectura 621

Tachas 656 • El embarazo de mi hermana, de Yoko Ogawa • Jaime Panqueva

El embarazo de mi hermana’, de Yoko Ogawa - Portada del libro

Traducido al inglés como Pregnancy Diary, del japonés Ninshin karendaa, 妊娠 カレンダー, literalmente Calendario de embarazo, no habría llegado seguramente a nosotros sin haber escandalizado A algunas embarazadas japonesas que compraron la primera edición por su título. A la espera de una guía para sus cuarenta semanas de dulce espera, se toparon con este perturbador librito de la escritora japonesa Yoko Ogawa, que en 1990 obtuvo el prestigioso premio Ryūnosuke Akutagawa.

El prestigio premio Akutagawa, otorgado por la Sociedad de Promoción de la Lectura de Japón, ha distinguido los relatos de escritores emergentes desde 1935 y su calidad se ha sustentado en que puede ser declarado desierto cuando ninguna de las obras finalistas obtiene la mayoría de votos necesaria entre los miembros del jurado para merecer el galardón. El año pasado fue el caso, tras 27 años sin que esto hubiera ocurrido.

En El embarazo de mi hermana, Yōko Ogawa convierte uno de los acontecimientos más cargados de simbolismo positivo, el embarazo, en un territorio inquietante. No hay celebración, ni épica, ni exaltación del origen de la vida. La narradora y protagonista despliega una mirada fija, minuciosa y silenciosa que reseña con ajena frialdad cómo el cuerpo de su hermana se transforma. Lo físico, las lonjas, las náuseas y el vómito, se combinan con las obsesiones mentales, los antojos, repulsiones sin sentido a ciertos olores y un hambre desmesurada por ciertos alimentos.

Desde su voz neutra, casi clínica, Ogawa despliega a través de su narradora una prosa contenida que niega el afecto: Ella se dedica únicamente a comer sin prestar atención a estos cambios físicos, así que yo no puedo intervenir. Parece que su cuerpo se hubiera convertido en un tumor enorme, que va reproduciéndose con toda libertad.

Cada síntoma, antojo e incomodidad corporal se registra con la precisión de un informe, no con la cercanía del vínculo familiar. En esa distancia se instala lo perturbador: el embarazo no es vivido, sino observado; no es experiencia, sino fenómeno.

La relación entre las hermanas se tercia por el marido que convive con ellas en un pequeño apartamento. La narradora también lo ve con repulsa, su interacción es mínima. De igual forma, y a medida que el embarazo avanza, la protagonista muestra una agresividad pasiva y soterrada hacia su hermana y la criatura. A esta última, de paso, la priva de toda humanidad y afecto.

El texto breve y preciso incomoda sin estridencia, hiere sin alzar la voz. Para Ogawa, el horror no siempre llega como ruptura, sino como costumbre. En esa rutina, la del cuerpo observado y registrado de forma calendárica, la del silencio aceptado e incombustible, se cifra la verdadera inquietud de esta novela.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






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