Tachas 658 • Aunque caminen por el valle de la muerte, de Álvaro Colomer • Jaime Panqueva
“Aunque camine por el valle de la muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás a mi lado…” reza el famoso Salmo 23. Regreso a este autor español, Álvaro Colomer, porque me gustó su novela juvenil, reseñada aquí hace poco, Ahora llega el silencio, y quise probar su faceta como novelista-periodista. La cita bíblica viene a cuento porque se trata de un escenario límite, el campo de batalla de Nayaf, durante la invasión liderada por los Estados Unidos a Irak en busca de armas de destrucción masiva, que jamás encontraron. Eso sí, se apoderaron del petróleo. Tras derrocar con relativa rapidez y facilidad a Saddam Hussein, los aliados, entre los que se encontraban países tan disímiles como El Salvador y España, se encontraron con el caos alentado por su indolente ocupación y las milicias musulmanas que ofrecían feroz resistencia.
Colomer despliega su habilidad para presentar los prolegómenos y las luchas internas entre los diversos bandos ocupantes de la base Al-Andalus, así como para resaltar la asimetría de la batalla. Sus personajes, todos hombres, representan la crueldad de los contratistas (mercenarios) gringos, a quienes Trump desea emplear ahora para asegurar la extracción de crudo venezolano; el fanatismo inocente de los milicianos, encarnados por un chico de quince años; el arrojo militar del coronel Dalton, imagino su nombre como homenaje al poeta; la indecisión del destacamento de blindados español, pues por obedecer órdenes superiores entran tarde al combate; y la eficacia pragmática de los soldados norteamericanos.
La superioridad numérica de las milicias de chiíes de Muqtada al-Sadr no fue suficiente para derrotar las tropas de la coalición, mejor armadas, apoyadas vía aérea por el ejército norteamericano. También es importante decir que según las fuentes oficiales, la batalla relatada no fue más que la escaramuza del 4 de abril, pues se libró otra mucho más sangrienta en agosto, cuando ya no había tropas españolas.
Ese intento por apoderarse de una pequeña base militar, ocupada por poco menos de quinientos soldados aliados, de parte de más de 2.000 milicianos, se saldó, según cifras conservadoras, con 20 muertos de bando guerrillero y dos de las tropas invasoras.
Colomer pone el énfasis en las vidas personales de los soldados, sus orígenes y visión particular de la guerra. Muchos de ellos entraron en combate real por primera vez en su vida, como era caso del ejército español, que no ha tenido desde entonces intervención alguna en combate. Pocos días después del enfrentamiento, y por el cambio de gobierno en su país, el contingente europeo fue repatriado.
Un libro ágil que sin pretender ensalzar un episodio bélico aislado, como Roncesvalles o las Termópilas, presenta una imagen de las guerras contemporáneas, sus injusticias, brutalidades y destellos épicos. Un ejemplo:
El miembro del Batallón Cuscatlán palidece mientras la sangre brota de su cuello y el norteamericano, consciente del peligro que ese latino corre, le mete los dedos en el boquete, pinza con las uñas la arteria seccionada y detiene el chorro justo a tiempo. Es una escena terrible, habría quien se desmayaría con tan sólo imaginarla, pero mantiene con vida a un hombre y merece ser recordada.
Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com
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