Política

Tachas 660 • Capítulo Primero • Aristóteles y Pseudo Aristóteles

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Diferencias entre el gobierno de una casa y el de una ciudad

 

El arte de gobernar una casa y el arte de gobernar una ciudad[1] difieren en lo mismo que una casa y una ciudad (pues éstas son el fundamento de aquéllos), pero, además, el arte de gobernar una ciudad depende de un número de jefes y el arte de gobernar una casa de uno solo. Algunas de las artes[2] están divididas claramente, y no pertenece a la misma hacer y servirse de lo hecho, como en el caso de una lira o de una flauta; pero el arte de gobernar una ciudad consiste en constituir la ciudad desde el comienzo y, una vez que existe, hacer un buen uso de ella. Es claro, por tanto, que pertenecen al arte de gobernar una casa adquirir la casa y hacer uso de ella. Una ciudad es un conjunto de casas, tierras y propiedades autosuficiente[3] para vivir bien[4]. Es evidente, ya que, si los hombres no pueden alcanzar este fin, la comunidad se disuelve. Es más, se reúnen con este fin; y por él cada cosa existe y ha llegado a ser, y su entidad es precisamente ésta. Así es evidente que el arte de administrar una casa es anterior, en origen[5], al arte de administrar la ciudad, pues su función es anterior: una casa es una parte de una ciudad. Por consiguiente, se debe examinar el arte de administrar una casa y cuál es su función.

 

 

Texto cedido para promoción por los editores del libro Constitución de los atenienses - Económicos. Aristóteles y Pseudo Aristóteles. Colección: Biblioteca Básica Gredos.  Editorial Gredos. 2022.Traducción de María Concepción Giner Soria.  

 

 

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Pseudo Aristóteles.  No nació en el 384 a. C. en Estagira; no fue discípulo de Platón, así como tampoco se encargó de la educación de Alejandro Magno. No regresó a Atenas para fundar en el recinto consagrado a Apolo Licio, un centro de investigación donde se desarrollaron estudios literarios, científicos y filosóficos: el Liceo. Sin embargo, dentro de esta órbita de estudio, sí que redactó hacia el III a. C. un tratado sobre fisiognómica que por su contenido y características formales ha sido atribuido a lo largo de los siglos a Aristóteles, uno de los pilares de todo el saber occidental.

 

 

[1]     Oikonomiké y politiké son términos que están formados, en su primera parte, por los vocablos oikía y pólis respectivamente. Oikía, en el sentido amplio antiguo de «casa» como unidad familiar, constituida por el hombre, la mujer, los hijos, los esclavos y los bienes. Es la comunidad natural más elemental. (Véase Introducción, pág. 2, sobre el término economía.) Pólis, palabra griega que se refiere a una realidad histórica sin un paralelo exacto en nuestra época; en ella se recogen las nociones de sociedad y estado; la traduciremos con la acepción usual de «ciudad», sin recurrir a la expresión ciudad-estado. Observamos en los dos vocablos el empleo del sufijo -ikós, muy frecuente en Aristóteles, como recurso ante la necesidad de crear un vocabulario para el análisis sistemático de las variadas parcelas del saber. En este caso forma los adjetivos citados, referidos al sustantivo sobreentendido tékhne: «arte de gobernar una casa», «arte de gobernar una ciudad».

[2]     Tékhne significa «arte» en general, pero primeramente implica saber especializado, aprendizaje; es el arte manual. Cada especialidad está definida por los procedimientos de fabricación; de ahí técnica, oficio, profesión. Se opone a epistéme «conocimiento teórico». Véase Ética a Nicómaco VI 3 y 4, 1139b14 - 1140a23: define tékhne como una facultad de producción seguida por la razón; es el arte que produce una obra, por la aplicación práctica, en una técnica determinada, de las indicaciones generales y teóricas suministradas por la razón o la ciencia. (Cf. J. P. VERNANT, Mito y pensamiento en la Grecia antigua, Barcelona, 1973, págs. 242-231.)

[3]     aútarkes «autosuficiente». La noción de «bastarse a si mismo» juega un papel muy importante en la doctrina política y ética de Aristóteles. Es una de las condiciones del buen funcionamiento del Estado. Éste es verdaderamente independiente en la medida en que produce en su tierra los productos necesarios para la vida. (Véase Política I 2, 1253a1; III 9, 1280b34; VII 4, 1326b4.) En la Ética a Nicómaco la define: «estimamos autosuficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no necesita nada» (I 5, 1097b14).

[4]     Tò eû zên «el bien vivir», por oposición a la simple existencia, es otro tema esencial del autor: Política I 2, 1252b30; I 9, 1257b41-1258a1; III 6, 1278 b21 ss.; VII 10, 1329b27. Véanse, también, PLATÓN, República II 11, 369c ss.; Hipias menor 368b-e. Y más adelante, 1343b18-19.

[5]     Aristóteles, en Política I y II, presenta una investigación de los elementos de la ciudad, para comprobar su carácter natural y necesario, y del complejo superior llamado pólis. La comunidad más elemental y sencilla es la «casa» (oikía) en su amplio sentido, que se constituye para la satisfacción de las necesidades cotidianas. La incorporación de varias «casas» forma la aldea (kóme). Varias aldeas constituyen la ciudad (pólis), que es la comunidad perfecta y suficiente (Política I 2, 1252b). Según esto, la casa es anterior cronológicamente a la ciudad, las unidades inferiores se dan antes en el tiempo. En este sentido entendemos, en el pasaje, la palabra genései «en su origen». Tal prioridad temporal de la «casa» no es incompatible con la prioridad real y natural de la ciudad: «la ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es anterior a la parte» (Política I 2, 1253a18-20). Una explicación coherente del razonamiento aristotélico, que aquí resultaría largo exponer, se encuentra en J. MARÍAS, M. ARAUJO, Aristóteles. Política, Madrid, 1951, Introducción, págs. LIII-LVIII.