Tachas 660 • Discos 1975 [VI]: Negritudes y fronteras abiertas • Fernando Cuevas
Cerramos esta revisión de los discos que cumplieron medio siglo en el 2025 con las orejas puestas en sonidos de distintas partes y otros puestos en el funk, góspel, soul, R&B y demás propuestas de cuna afroamericana.
Roberta Flack, una de las grandes cantantes de la historia de la música popular, puso la luz tenue e invitó a respirar aromas frescos y matinalmente iluminados a través de Feel Like Makin’ Love, mientras que, con su amplio rango vocal, Minnie Riperton, originaria de Chicago, iluminó el camino para llegar a su Adventures in Paradise, acondicionado con un soul de sensibilidades varias y ese distintivo silbido. Con enjundia y de manera decidida, Betty Davis grabó Nasty Girl, R&B de acotaciones rockeras que no teme mostrarse de frente y dar cierto espacio a cierta sensualidad proveniente del control de la situación.
Por su parte, Shirley & Company empezaban a mandar el aviso de la avalancha disco que se aproximaba con su única obra, Shame Shame Shame, salpicado de un funk que se recuerda tanto como la portada del álbum, parodiando a Nixon; por esa ruta de abrir pista a media luz, Donna Summer entregó Love to Love You Baby con la prolongada y atrevida pieza titular al frente. En tanto y firmando en conjunto como Rufus & Chaka Khan, tejieron un tapiz de versátil combinación en la que cabía el funk, el R&B e incluso el jazz y el rock, al que llamaron de forma casi ídem: Rufus featuring Chaka Khan.
El patriarca George Clinton estuvo detrás de tres discos bajo el nombre de sus dos proyectos: con Funkadelic entregó Let's Take It to the Stage, disco guitarrero lleno de ironía y crítica a propios y extraños; con Parliament levantó la mano por partida doble con su homenaje a Washington D. C. en Chocolate City y con una de sus obras cumbre de gran trascendencia titulada Mothership Connection, esparciendo el funk a niveles cósmicos con una negritud que invadía todo el imaginario popular. Por su parte, Latimore desarrolló su enfoque blues con miras hacia las rítmicas que invitaban a levantarse e incluso soltar una sonrisa vía Latimore III. En tanto, War lanzó su séptimo disco a partir de una pregunta en busca de armonía más allá de diferencias raciales y culturales: Why Can´t Be Friends? funde apacibles pasajes con funk de altura pacifista, mensaje ecológico y rítmica pegajosa.
Al Green se puso en plan compartido y efusivo, con todo y esas cuerdas que sostienen sus vocalizaciones souleras, para entregarnos de todo corazón Al Green Is Love, el disco que cerró toda una etapa de su carrera con un alto reconocimiento masivo. Imposible de resistirse para ingresar a la pista y hacer lo que uno pueda, KC and the Sunshine Band propuso un clásico de la música disco, aunque el término todavía no llegaba a todas partes, titulado de manera homónima, KC and the Sunshine Band, como para que no quedara duda de que así es y te gusta. En su séptimo disco, That 's the Way of the World, la multitudinaria banda Earth, Wind & Fire nos atrapó en un irresistible groove bañado de soul, disco, funk y hasta florituras latinas, sin dejar los momentos baladeros.
The Meters incendiaron la pradera, habitualmente poblada de jazz, a partir de Fire on the Bayou, funk con sello de origen que emerge del pantano, sacudiendo cuerpos y conciencias para llegar al Mardi Gras y bailar un mambo con sabor a puro Nueva Orleans, como el distinguido y elegante Southern Nights del gran jazzista Allen Toussaint, justo para tomar el último tren y llegar a tiempo para la puesta del sol y disfrutar la cálida oscuridad entre acentos R&B que acompañan el final de la fiesta. Curtis Mayfield se aventuró con su habitual integración del soul y R&B, incluyendo apuntes góspel, en There's no Place Like America Today, con el consabido apunte social hacia las conflictivas relaciones étnicas, expresadas desde la portada, pero con un dejo de esperanza que se genera en sus agudas vocalizaciones: si viera lo que hoy sucede.
En su disco más importante, Burning Spear puso su reggae al servicio de la libertad en Marcus Garvey, recordando al influyente activista y político rastafari nacido en Jamaica y afilando las lanzas para incendiar los ritmos cadenciosos y recordar la historia con el fin de no repetirla, mensaje que también propusieron Bob Marley and The Wailers, quienes fueron atrapados en todo su ceremonial vía Live!, durante un par de conciertos en el Teatro Lyceum de Londres, mientras que Lee “Scratch” Perry & The Upsetters levantaron rítmica y voz con Revolution Dub, anticipatorio y con ciertas estrategias innovadoras para buscar sonidos que alcanzaron la trascendencia en otros géneros.
Los longevos The Isley Brothers continuaron poniéndole una sólida base rock a su desenfadado funk en The Heat is One, de encendidas estructuras que de pronto se quedan en cierta calma humeante; esenciales en el movimiento del sonido Motown, The Miracles entregaron Don´t Cha Love It, que pareció preparar el terreno para el álbum conceptual, que presenta a un hombre que sigue a su novia, City of Angels, con Billy Griffin y ya en su etapa post Smokey Robinson, quien por su parte firmó en solitario A Quiet Storm, su tercer álbum firmado por él en el que transpira alma y sentimiento, como esa calma que se presenta justo antes de la tormenta, en efecto.
Los Ohio Players destilaron consistencia R&B en el nutritivo y duradero Honey, mientras que Harold Melvin & The Blue Notes, asociación clave del sonido Filadelfia, dobletearon en forma brillante con el revelador To Be True y el entusiasta Wake Up Everybody, álbumes finales, no exentos de lamento, de la participación de Teddy Pendergrass con el grupo y en los que se contó con la colaboración de Sharon Paige en algunos cortes, reforzando la esencia del R&B en pleno encuentro con el soul; de por aquellos rumbos, The Spinners y su energía para el gancho armónico nos entregaron Pick of the Litter, desplegada con un sólido piano, voz segura y alguna honda balada.
De los álbumes producidos en 1975 del gran panafricanista Fela Kuti destacan Confusion y Expensive Shit, conformados por dos largas piezas cada uno, ya en plena búsqueda identitaria y anticolonial, con el afrobeat a tope, entre apuntes funkies y jazzeros. Un par de guitarristas, un percusionista atmosférico y mucha conversación musical, entre tropicalia, folk brasileño, samba e improvisación que brota de la rítmica ecléctica de Gilberto Gil y Jorge Ben: un encuentro de efusión creativa desparramada a lo largo de los 9 cortes de Gil e Jorge, en tanto su compatriota Tim Maia entregó el ecléctico Racional Vol. 1, enclavado en sus creencias de aquel momento relacionadas con los OVNIS conocida como Cultura Racional, musicalmente enriquecido por apuntes soul y samba, además de ciertos aires de reggae.
Desde Cuba, Pablo Milanés entregó su segundo disco con esa voz trémula tan característica, Pablo Milanés canta a Nicolás Guillén, en el que musicalizó algunas letras del poeta y periodista, mientras que Silvio Rodríguez debutó con Días y flores, mostrando su capacidad letrística para el ámbito de la llamada música de protesta, si bien ambos eran apoyados por el gobierno de su país. Por su parte, el salsero puertoriqueño Héctor Lavoe debutó con La voz, contagiante álbum enclavado en la diáspora caribeña asentada en Nueva York. Joan Manuel Serrat, en tanto, produjo Para piel de manzana en pleno final del franquismo y con el equilibrio poético reconocible entre la historia cercana y el canto ambicioso, incluyendo una canción con letra del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal.
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