Tachas 661 • Conmemoraciones literarias 2025 • Fernando Cuevas
Breve repaso por algunas publicaciones que cumplieron 200, 150, 100 o 50 años en el 2025 y que aún siguen siendo recorridas por lectores sobrevivientes del siglo XXI.
SIGLO XIX
1825
El autor escocés Sir Walter Scott dobleteó con un par de novelas históricas que conformaron la serie Cuentos de los cruzados: Los prometidos, ambientada en la frontera entre Inglaterra y Gales en la que se involucra una joven de 16 años como motivo de la disputa entre dos hombres, trascendiendo a un conflicto mayor, y El Talismán, ubicada en la tercera cruzada y en la que repasa el vínculo entre Ricardo Corazón de León y Saladino, líder Kurdo, además de Sir Kenneth, asumiendo personalidades distintas éstos dos últimos; los relatos transcurren durante el siglo XII, el primero en los inicios y el segunda hacia finales.
En esta tesitura histórica, el estadounidense John Neal dio a conocer Hermano Jonathan o los habitantes de Nueva Inglaterra, gran fresco que se introduce en los procesos de mestizaje y las dificultades de integración de las 13 colonias, a través de ciertos personajes que encarnan este proceso de transición, mientras que la activista antiesclavista Lydia Maria Child escribió Los rebeldes o Boston antes de la Revolución, en la que continuó con su mirada feminista, encarnada por la protagonista que supo aprender de sus errores.
Los primitos es la continuación de Rose in Bloom y ahora tenemos a la protagonista llegando a casa de su tío para integrarse a la familia junto a los hijos de éste: la pluma especialista de Louise May Alcott en este tipo de textos familiares de aliento juvenil, se muestra en el desarrollo de personajes y de situaciones, integrando elementos de drama, humor y fresca emotividad. El dramaturgo John Poole, por su parte, entregó Paul Pry, obra en clave de farsa dividida en tres actos que desarrolla al personaje del título, un hombre metiche y ocioso que termina siendo un héroe inesperado.
James Sheridan Knowles escribió la obra teatral Guillermo Tell, basada en el mítico personaje suizo de fina puntería que desafió a la casa de Habsburgo. Del clérigo irlandés Charles Maturin, escritor de orientación gótica, se publicó póstumamente el relato El castillo de Leixlip, sobre un hombre que, desencantado de la política, se muda al sitio del título en donde sus tres hijas empiezan a experimentar sucesos sobrenaturales. Por su parte, Lord Normanby entró a la moda de las novelas sobre clases económicas altas y contribuyó con Matilda, llena de enredos habituales entre los ricos de aquella sociedad de principios del siglo XIX y que se mantienen en tiempos actuales.
1875
El gigante de las letras francesas, Victor Hugo, publicó Actos y palabras. Antes del exilio, declaración de principios en defensa de la democracia, la igualdad y la justicia, tras experimentar un recorrido ideológico que partió de posturas más conservadores a otras de carácter más social, así como funcionario público (diputado y alcalde de París) en el contexto de la revolución de 1848 desde una perspectiva crítica hacia Napoleón III por el golpe de estado. Por su parte, el maestro ruso Fiódor Dostoievsky entregó El adolescente, novela con la acostumbrada profundidad psicológica que el autor le imprime a sus personajes, en este caso el protagonista -también narrador- que se enfrenta a la realidad con respecto a la figura paterna, además de internarse en crisis existenciales y dilemas morales con respecto a sus propios ideales.
El escritor noruego galardonado con el Nobel en 1903, Bjørnstjerne Bjørnson, entregó un par de dramas que se convirtieron en los que lo dieron a conocer más allá de sus fronteras y que fueron resultado de sus viajes de autoexilio por Europa, particularmente en Italia: La bancarrota, obra teatral alrededor de la crisis económica vivida por una familia cuyo padre había tratado de modificar las cuentas, y El corrector, de enfoque más político en el que se revisan aspiraciones y conflictos a partir de las relaciones familiares y de imagen pública. En tanto, apareció Roderick Hudson de Henry James, en la que el protagonista del título es un joven y talentoso escultor que recibe el apoyo de un especialista en arte y se embarcan rumbo a Europa, donde viven diversas experiencias, incluyendo conflictos, momentos de apoyo y, en particular Hudson, dilemas relacionados con vínculos románticos: novela de crecimiento emocional y descubrimiento artístico.
Un par de novelas coincidieron en la situación que viven sus protagonistas religiosos, frente al dilema de romper sus votos por estar con la mujer deseada. Una fue El crimen del padre Amaro del autor portugués José Maria Eça de Queiroz -llevada al cine por Carlos Carrera en el 2002- en la que el sacerdote del título va cometiendo una serie de actos contrarios a su vocación y votos, incluyendo varios delitos que involucran a la manipulada joven con la que tiene relaciones sexuales: el tono crítico hacia la iglesia católica levantó ámpulas en la sociedad. La otra fue La culpa del abate Mouret del maestro del naturalismo Émile Zola -también llevada al cine bajo la dirección de George Franju en 1970- en la que el personaje del título se enfrenta al dilem del celibato y la eterna lucha entre el cuerpo y el espíritu.
Dentro de la serie de los Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós presentó La batalla de los Arapiles, relato con su dosis de heroísmo, enclavado en el contexto de la independencia de España y el fin de la invasión francesa y en donde un ejército conformado por ingleses, portugueses y españoles se enfrenta a los galos en las proximidades de Salamanca. En tanto, Pedro entregó El escándalo, novela de conversión personal ambientada en Madrid, con los maniqueísmos del caso, en la que un hombre pasa de una vida frívola y poco auténtica, según su propio pasado, a un estado de mayor conciencia moral. Y este año se publicó una de las obras maestras de Julio Verne, La isla misteriosa, parte de la trilogía compuesta por Veinte mil leguas de viaje submarino (aparece el capitán Nemo y su Nautilus) y Los hijos del capitán Grant, en la que un grupo de fugitivos sobrevive en el ecosistema gracias a los conocimientos aplicados de uno de ellos, además de un protector misterioso: todo un clásico de lectura temprana.
SIGLO XX
1925
Fue un gran año para las letras: aquí un breve recuento de algunos ejemplos perdurables en el ámbito de la novela.
Publicada de manera póstuma por Max Brod, el amigo Franz Kafka, desobedeciendo -afortunadamente- su petición de que destruyera todos sus textos después de su muerte, El proceso es una de las grandes novelas del siglo XX que contribuyó, incluso, a inventar un adjetivo para referirse a situaciones absurdas e inexplicables donde se involucran, usualmente, autoridades: kafkiano. El señor Joseph K. se despierta una mañana en su casa y, en lugar de convertirse en insecto, resulta que es acusado por un crimen del cual no tiene la menor idea, por lo que tendrá que introducirse en un infierno burocrático que nunca da la cara pero atrapa en sus laberintos siniestros al acusado sin ningún tipo de información o evidencia clara. Orson Welles realizó la versión fílmica en 1962 con Anthony Perkins en el protagónico. En tanto, Corazón de perro es una implacable sátira de Mijaíl Bulgákov, inicialmente prohibida, en la que apunta sus críticas hacia la creación del “hombre nuevo” revolucionario en la URSS, retomando elementos de Frankenstein en donde un perro a punto de fallecer es convertido en humano
Los roles de género y la sexualidad, los vínculos amorosos, la depresión y locura, las consecuencias de la guerra y la colonización, así como la forma de resolver la vida cotidiana en un presente que carga con el pasado a cuestas y un futuro ya plantado de frente, se entretejen en La señora Dalloway, una de las cumbres de Virginia Woolf y del siglo pasado, desarrollada en un solo día que arranca con el clásico “La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores”, a partir de la organización de una reunión casera en el Londres de los veintes entre personas que llevan tiempo sin verse: narración que se enclava en los pensamientos y perspectivas de los personajes, incluyendo una mirada hacia sí misma, tal como buscó recuperar la novela Las horas (1998) de Michael Cunnigham, llevada al cine por Stephen Daldry en el 2002.
Los locos años veinte, las clases adineradas, el mundo del espectáculo, el art decó, los decorados exagerados, el jazz sonando a todo volumen, fiestas extenuantes y una cierta decadencia se integran en El gran Gatsby, descriptiva y esencial novela de F. Scott Fitzgerald que transcurre en West Egg, ficticia ciudad en Long Island (ahora que se habla tanto de islas de perversión), en la que vamos de la mano del narrador, un vendedor egresado de Yale y participante de la Primera Guerra Mundial que termina relacionándose con el joven millonario del título y su contexto de infieles amoríos, excesos y vacíos existenciales. Ha sido retomada varias veces en el cine, desde la versión extraviada de Herbert Brenon de 1926, hasta la de Baz Luhrman del 2013, pasando por la de Elliott Nugent de 1949, la de Jack Clayton de 1974 y la de Robert Markowitz del 2000, entre otras.
El gran John Dos Passos fue moldeando su estilo y propuso en tono coral Manhattan Transfer, alrededor de diversos personajes que habitan el Nueva York de las décadas finales del siglo XIX a las iniciales del XX con sus cuotas de derrotismo, incorporando yuxtaposiciones narrativas y aventurándose por un escritura libre y apesadumbrada. Por su parte, E. L. Doctorow también se adentró en la gran urbe para narrar las vicisitudes de una familia adinerada con un negocio de fuegos artificiales que entra en contacto con un niño afroamericano, su madre y su padre, un pianista de jazz que toca, justamente, ragtime, despreciado por un grupo de bomberos con quienes entra en conflicto; también aparece un artista de Europa del Este y algunos personajes históricos: Ragtime se constituyó como un gran fresco de largo aliento de las tensiones raciales y sociales en un entorno convulso.
Retomando el caso de un joven acusado de matar a su novia, aunque él siempre alegó que fue una muerte accidental, Theodore Dreiser escribió con lujo detallista Una tragedia americana, relato alrededor de Clyde, quien de su origen sencillo empieza a involucrarse en contextos al filo de la legalidad y en relaciones conflictivas que lo van sumiendo en un paulatino descenso moral; la novela ha servido como inspiración para obras teatrales, programas radiales y televisivos y películas, entre las que se encuentra Un lugar en el sol (1951), realizada por George Stevens. El Doctor Arrowsmith, novela ganadora del Pulitzer que fue rechazado por Sinclair Lewis, propone un alegato sobre la ética y la investigación en el campo médico a través de un idealista científico metido en constantes líos amorosos y que paulatinamente es reconocido por sus hallazgos, además de tratar de ayudar a la gente ante un brote de peste bubónica en una isla ficticia, en donde trata de mantener los principios de la ciencia pero se ve rebasado por la cruel realidad.
En clave feminista, Edna Ferber entregó ¡Así de grande!, acerca de una viuda que se entrega al trabajo en el campo para sacar adelante a su hijo en una comunidad agrícola de origen holandés cerca de Chicago: novela que retoma elementos costumbristas para enfatizar su esperanzadora propuesta de vislumbrar una posibilidad frente a la adversidad estructural. En La casa del profesor de la originaria de Virginia, Willa Cather, enclavada en el modernismo estadounidense, el protagonista es un historiador que trata de convivir con su famila de sangre y política, mientras se siente profundamente atraído por la llegada de los españoles a América y las mezclas en torno al mundo anglosajón y nativoamericano; la llegada de un alumno aventajado contribuirá a salir de ciertas rutinas por momentos aplastantes Y Agatha Christie publicó El secreto de Chimneys con el superintendente Battle trabajando en el caso que involucra un chantaje y varias sorpresas contenidas entre las paredes de la mansión del título.
El delator, una de las principales novelas de Liam O’Flaherty, se ubica en los años posteriores a la guerra civil de Irlanda y revisita con sentido persecutorio los bajos fondos dublineses por los que circula un ex terrorista que traicionó a un compañero de lucha y es buscado por la organización revolucionaria para ser juzgado; John Ford la retomó para The Informer (1935), dirigida con su habitual maestría. Con referencia a Shelley en el título, El velo pintado es un relato de redención, en el que W. Somerset Maugham construye el relato de un matrimonio fallido en el que la esposa ha sido infiel y el marido decide irse con ella a un pueblo remoto en China azotado por el cólera, donde ambos enfrentarán su destino; ha ameritado adaptaciones teatrales y al cine: la de Boleslawski en 1934 con Greta Garbo; la de Neame y Minnelli, titulada El séptimo pecado (1957) y la de John Curran del 2006.
Por su parte, François Mauriac publicó El desierto del amor, novela ganadora del premio Goncourt, en la que profundiza sobre un particular triángulo amoroso entre una mujer, un joven de 17 años y el padre de éste, entre quienes surgen una gran diversidad de sentimientos encontrados e impulsos contradictorios, descritos con pausa y claridad sicológica; en tanto, Los monederos falsos de André Gide es una novela de múltiples ramificaciones y descripciones cuidadosas en las que se despliega como eje central las vicisitudes de dos amigos del bachillerato y un escritor, alrededor del cual giran otras tramas marcadas por el conflicto emocional, la identidad sexual y la necesidad de pertenencia. Como parte de la trilogía de La Medeleni, Ionel Teodoreanu entregó la primera novela, La frontera inconstante, retomando la vida de los personajes, entre quienes se encuentran un par de hermanos y su hermana adoptiva, a principios del siglo XX en claro estilo costumbrista con mirada idealista.
En el campo de la poesía, se publicó Marinero en tierra de Rafael Alberti, escrito a partir de la nostalgia y la cercanía con formas populares para la expresión de sentimientos, mientras que Salvador Novo entregó XX poemas, su primera publicación cuando apenas tenía 21 años en la mira la cotidianidad como materia prima para el lance poético. Frans Maserel estampó La ciudad, libro de imágenes en las que se representan momentos en la vida cotidiana que transcurre en zonas contrastantes del entorno urbano, en el que conviven todo tipo de personas: uno de los grandes referentes de la novela gráfica posterior. Para cerrar, un par de esenciales pensadores españoles en tesitura crítica: Ortega y Gasset firmó La deshumanización del arte, reflexionando sobre las vanguardias de la época, y Miguel de Unamuno, La agonía del cristianismo, enclavada en un contexto de pérdida de la fe y crisis existencial.
1975
Textos que vieron la luz hace medio siglo, entre muchos más, que mantienen vigencia y relevancia en el planeta literario.
Elfriede Jelinek revisó con ironía el papel femenino en la cotidianidad occidental a través de Las amantes, novela que sigue a dos mujeres que quedan embarazadas y se casan, asumiendo unos roles determinados que se narran con precisión quirúrgica por parte de la ganadora del Nobel del 2004, profundizando en anhelos y sueño rotos. Por su parte, Agatha Christie se despidió de Hércules Poirot, el segundo detective más importante de la literatura, en la intrigante Telón, última novela publicada en vida por parte de la genial autora inglesa en la que el famoso belga se reúne con su viejo amigo Arthur Hastings para resolver el caso en cuestión con la sagacidad habitual. En el campo de la fantasía, Roger Zelazny entregó la imaginativa El signo del unicornio, tercera entrega de Las crónicas de Ámbar, en la que Corwin debe enfrentar diversos desafíos ahora que ya ha tomado posesión del trono, incluyendo la misteriosa muerte de Caine.
Y en cuanto a reencontrar razones para vivir, en El legado de Humboldt, obra mayor de Saul Bellow que ganó el Pulitzer con versátiles recursos narratológicos de alcance experimental, se recorre el vínculo amistoso que establece el poeta del título, venido a menos, y un joven aficionado a la literatura, cada vez metido en más problemas que lo tienen empantanado: la muerte del escritor, paradójicamente, le otorgará un motivo en términos de continuidad para uno y de mantenerse vivo para el otro. Por su parte, James Salter publicó una de sus más grandes obras, la realista Años luz, intromisión en la cómoda y plácida vida de un matrimonio y sus dos hijas, que viajan de Manhattan a una casa de campo donde pasan felizmente el tiempo; a partir de una escritura cuidadosamente descriptiva, el relato va develando de manera sutil la realidad de puertas hacia dentro, haciendo mella de manera paulatina en este paraíso aparente.
Ganadora del National Book Award, la monumental Jota Erre refleja a lo largo de sus más de mil páginas la constitución de una sociedad individualista y fragmentada, atrapada entre las ambiciones capitalistas y la ruptura del sueño americano; mostró la gran capacidad de William Gaddis para la construcción de diálogos y situaciones empapadas de sátira social y económica encabezada por su protagonista, quien da título a la novela, un precoz niño de 11 años que encarna la ambición y el emprendimiento enfocado a la acumulación, más allá de consideraciones relacionadas con el bien común. Del premio Nobel 2002, el húngaro Imre Kertesz, se publicó Sin destino, duro relato con tintes autobiográficos sobre un judío y su paso por campos de concentración, en tanto Naguib Mahfuz, Nobel 1988, publicó Un señor muy respetable, acerca de un hombre que busca escalar en la escala burocrática a como dé lugar, entre la ambición, la búsqueda de poder y la necesidad de ser reconocido.
Gabriel García Márquez abordó un tema recurrente en El otoño del patriarca, convertida en una de sus cumbres literarias y acaso la más arriesgada de su trayectoria en términos de estilo, construido en tesitura de prosa poética con prolongadas disertaciones apenas secuenciadas por algún punto en forma de pausa provisional, aventurando un toque postmoderno: un viejo y violento dictador impuesto por fuerzas extranjeras y nombrado una sola vez como Zacarías, yace entre recuerdos nebulosos y soledad merecida; lo vamos conociendo a partir de monólogos de diversos personajes que lo conocieron, enfatizando la forma en la que el poder corrompe cualquier tipo de brújula moral. Por su parte, Carlos Fuentes entregó Terra Nostra, compleja y amplísima novela que recorre pasajes históricos desde los Reyes Católicos y el poder ejercido en las tierras americanas: un fresco sustancial que revisita mitos, pensamientos y múltiples referencias y reflexiones sobre el nacimiento de la tierra nuestra, como la conocemos.
Jorge Luis Borges, invidente pero con toda la sabiduría e imaginación fantástica a punto, publicó El libro de arena, integrado por 13 relatos y un epílogo (para no spoilear con una introducción) ya en absoluta madurez, entre los que se encuentran varias de sus obsesiones: ahí están el autorreferencial El otro; El Congreso, con su personal carga política; Hay más cosas, de aliento Lovercraftiano; el imposible amor de mirada mitológica nórdica de Ulrica, como El disco, también alrededor de la magia escandinava; Undr y El espejo y la máscara, buscando síntesis imposibles en la poesía y la narración; La secta de los treinta, adoradora de Judas y Jesús; La utopía de un hombre cansado, de enfoque melancólico; La noche de los dones y su dosis de narración dentro de la narración; la decisión de un profesor en El soborno; la ficción histórica de Avelino Redondo, y el cuento titular, expresando ese gusto del gigante argentino acerca de la infinitud, particularmente del mundo libresco.
Un par de grandes autores austriacos: Thomas Bernhard publicó, además de El origen, el volumen de memorias sobre la propia rebeldía adolescente, la exploradora y desafiante Corrección, relato de interminables oraciones oxigenadas por comas, en la que el narrador regresa de Inglaterra a su tierra para organizar los textos de Roithamer, un desquiciado científico que usa una herencia para construir un cono en medio del bosque que sirva de hogar para su hermana, quien muere poco después de instalarse, seguida del protagonista, quien se suicida. El momento de la sensación verdadera es una de las novelas clave del corpus literario de Peter Handke (Nobel 2019), en la que a través de la figura de un diplomático de su país asentado en París, vamos encontrando experiencias en torno a la muerte, la infancia, la dificultad de construir sentido vital y la contrastante existencia que un sueño puede mostrar, cual posibilidad perturbadora.
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