Guía de Lectura 627

Tachas 622 • Poemas de agua dulce, de Baudelio Camarillo • Jaime Panqueva

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Entre los libros que he pedido prestados y que por una razón u otra no he devuelto, encontré esta semana este poemario publicado en 2000 por Editorial Praxis dentro de su Colección Dánae. Me entero luego de que hubo una versión ampliada y revisada, impresa en León por editorial Quincenario en 2008. Pero la que tengo, en proceso de regresar a su dueño, fue dedicada por allá del 2002.

Baudelio Camarillo, tamaulipeco asentado desde hace décadas en Celaya, posee una trayectoria poética que inicia en los años ochenta, donde Poemas de agua dulce se yergue como un hito dentro de su obra, al fijar su marca lírica: una poesía clara, sensorial y narrativa, donde el agua simboliza memoria, deseo y tiempo.

El monumental Ensayo panorámico de la literatura en Tamaulipas, compilado por Orlando Ortiz y Tania Ortiz Galicia, a partir de 1957, lo considera “uno de los poetas tamaulipecos contemporáneos más importantes e interesantes. Desplazándose en un ámbito de aparente sencillez, permeado con elementos rurales, sortea admirablemente el pintoresquismo y su voz se eleva a tesituras líricas deslumbrantes.”

Y destaca su relación con el agua al considerar que “posee uno de los registros más amplios de nuestra lírica e, insistimos, dentro de una aparente sencillez fluye como los cauces tamaulipecos, a veces serenos, a veces caudalosos, pero siempre nutricios y promisorios.”

Esta agua dulce de Camarillo es memoria, pues aparece como lo que corre por debajo de la vida familiar, como una forma de recordar sin sentimentalismos. A su vez es deseo y cuerpo, pues deja de ser naturaleza y se vuelve temperatura, contacto, sed, una manera de hablar de lo íntimo sin abstracciones. También tiempo y pérdida: el progreso puede secar la vida interior, el cauce disminuye y el agua a la vez puede languidecer.

 

El agua se marchita
I

Como decir un coágulo en la arteria que nutre al corazón,
el progreso ordenó construir una presa.
Río arriba cerraron el paso a la hermosura
y el caudal descendió hasta mostrar las piedras
donde se estrella a veces la proa de nuestra barca.

Es claro que aún tendremos agua para vivir,
mas no para soñar.
Habrá más producción en toda la comarca
y llenará el progreso de artículos de lujo nuestro sueño.

Pero el cauce del río será menos profundo
y sumergido a medias, como estas grandes piedras,
se secará una parte de nuestro corazón.

Contrasto el anterior fragmento, que me trae a la mente la discordia alrededor del uso de las aguas de la presa Solís, con este otro lleno de sensualidad:

V
Hay luna llena.
Junto al río miramos fluir la claridad.
Pocas noches como ésta nuestra sangre y el agua
son dos ríos que se juntan en un solo recuerdo.
¿Hacia dónde fluimos?
¿Qué sueños cruzaremos?
Tal vez será muy alto el precio de vivir,
pero hay en esta luna un oro suficiente
para pagar entero
nuestro viaje.

 

Ya saben por qué me resisto a regresarlo, pero Poemas de agua dulce de Baudelio Camarillo volverá en unos días a su dueño original.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






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