Tachas 664 • Manda fuego, Antología personal de Alberto Chimal • Jaime Panqueva
Publicado hace poco más de diez años en una edición lujo, auspiciada por Summa de letras del Estado de México, pasta dura y cd de audio con algunos de los cuentos en voz de su autor, es quizá uno de los libros que debí reseñar hace mucho pero que aprovecho la distancia del tiempo para hacerlo ahora. Al revisar los estantes, recordé a mi tocayo que, en su cuento La catarata, rememora (si es posible regresar a los recuerdos de la pila bautismal) cómo lo cristianaron: “Mauricio es “oscuro”, y Alberto es “brillante”; la elección, como decimos, tiene su poesía… Aunque el conjunto suena horrible… espantoso.” Ese rasgo particular nos hermana…
Antología personalísima, ganadora del Premio Bellas Artes de Narrativa Colima en 2014, abre con otro de sus alter ego, el explorador de lugares anómalos, maravillas y fenómenos extraños, Horacio Kustos, de sus novelas, La torre y el jardín, El último explorador y en las gráficas La puerta secreta y ¡Todos juntos ya!
Manda fuego constata la rara habilidad de Chimal para mirar la realidad para extraer bajo su superficie otra sustancia más oscura, más inestable y viva. No se conforma con narrar; insinúa, perturba, abre una grieta en lo cotidiano para filtrar a través de ella lo extraño. El fuego, con el que juguetea desde su epígrafe, no es sólo una imagen de destrucción, sino también de revelación que arde para arrasar e iluminar aquello que normalmente permanece oculto. La doble condición, de violencia y claridad, o de amenaza y descubrimiento, se concentra en buena parte de los relatos del libro.
La escritura de Chimal, precisa y contenida, evita el exceso y apuesta por la intensidad. Hay en estas páginas una imaginación rigurosa, capaz de transformar lo familiar en una zona de incertidumbre, y de dejar al lector con la sensación de que algo ha cambiado, aunque no pueda nombrarse del todo. Manda fuego construye una estela de imágenes y preguntas, una combustión lenta que continúa después de la lectura. Esa persistencia, esa manera de seguir ardiendo en la memoria, es una de sus mayores virtudes.
Desde el inicio del libro, el autor que ha escogido las mejores canicas nos revela su credo: “La imaginación es la insolencia del alma: en estado puro no “suspende” la conciencia del mundo sino que la amplifica, y permite figurarse no sólo mundos y sucesos imposibles sino también otras formas que podría tener la misma realidad. Las mentes autoritarias le temen porque implica una amenaza para su poder y todo poder: la posibilidad de cuestionar la idea de que las cosas sólo pueden ser como ya son. (O como nos han dicho que son.)”
Lectura ideal para ingresar a los mundos propuestos por Chimal. En mi selección personal, recomiendo un cuento muy breve y fascinante: Álbum.
Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com
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