Tachas 666 • Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievsky • Jaime Panqueva
Leía hace unos meses sobre la sorpresa de ventas que supuso en la Gran Bretaña una novela poco conocida de Dostoievsky: Noches blancas. Penguin Books afirmó haber vendido más de 100.000 ejemplares en 2024 de este trabajo sentimental que se desarrolla en San Petersburgo a mediados del siglo XIX. Según algunos analistas, fue comprado al parecer por lectores jóvenes aupados por los breves reels de TikTok y comunidades como BookTok. La trama, alrededor de dos jóvenes que unen sus soledades a lo largo de cuatro noches; y las ediciones baratas, de unos 80 pesos el ejemplar, supieron aprovechar a este impulso digital.
De Dostoievsky, maestro en la descripción de las emociones, precursor de la novela psicológica moderna, había comentado hace tiempo El jugador, algo también muy contemporáneo si consideramos que las redes son ahora nuestro gran casino… Y pensé que si uno de sus trabajos menores empezaba nuevamente a hacer furor, me había llegado la hora de leer su última y más extensa novela: Los hermanos Karamazov.
Tras ser publicada por entregas a lo largo de dos años, en la revista literaria El mensajero ruso, sus cuatro libros más epílogo (en algunas ediciones son doce más el epílogo) aparecieron publicados en 1880, pocos meses antes de la muerte del autor. Monumento literario y canto de cisne, además de una cátedra de cómo escribir una novela. Manifiesto de un millar de páginas en torno a temas esenciales a la existencia humana: las relaciones familiares, el libre albedrío, la religión, la culpa, la justicia, la codicia y la fraternidad, entre muchos otros. Su extensión quizás pueda imponer, pero los eventos fluyen de tal manera que se lee con agrado y sin prisa.
Aunque me era conocida por la famosa fábula del inquisidor, que narra Iván Karamazov a su hermano Alexei no muy lejos del inicio de la novela, no imaginaba que ésta se desenvolviera tan bien en otros derroteros, del thriller psicológico o de la novela judicial. En los tres hermanos, aunque nos queda siempre la duda de que hayan sido cuatro, y su padre desnaturalizado, se concentran las virtudes y vicios del ser humano, diría el defensor de Mitia, Fetiukovitch:
¿Por qué? Porque es un alma de gran amplitud, un alma de Karamazov (he aquí el punto clave de la cuestión), capaz de todos los contrastes, de contemplar a la vez dos abismos: el de arriba, es decir, el de los ideales sublimes, y el de abajo, el abismo de la más innoble degradación… esos espíritus necesitan en todo momento esta mezcla extraordinaria. No están satisfechos, sienten que les falta algo si no ven al mismo tiempo los dos abismos.
El final, a pesar de su injusticia y marcado por la muerte, nos deja un buen sabor de boca: la buena vida se juega en lo pequeño, en nuestro trato cotidiano con nuestros semejantes. No sé si sea tema para TikTok, pero quizás debería serlo.
Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com
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