Poesía

Tachas 668 • Los enfermeros, que saben • Osvaldo Lamborghini

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Los enfermeros, que saben.
dicen que son irresistibles.
¡Tantas veces han perdido
la cabeza (y el puesto)
por ellas!
—Y también los médicos.
Quiebra en el cotidiano manejo profesional:
hay “algo” en el olor de las locas,
en el vaho que se desprende de sus cuerpos.
Locas: Ellas,
con “algo” en la carne y en el olor de la carne
que ni la electricidad puede arrancarlo,
ni las palabras.

Las palabras son el último intento
antes de la perdición definitiva.
La que entra en el consultorio delirando
se lleva a otro atrapado en sus respuestas.
Las vidas “arruinadas”, ojo,
no merecen elogio ni elegía
ni melancólica
oda postrera.
En el momento la loca habló
y en el otro vino el vértigo.

La encuesta previa para el levante de este
remedo de poema (¡y el tiempo vino!)
llevó a la puerta oclusa del ex doctor Groshen,
el expulsado de los cuerpos de salud.
“Me seducían invariablemente”, dijo,
con los dedos manchados,
“y después me abandonaban a mi suerte”.

—Por una loca hija de puta o puta... —comentamos
“¡No!”, él cortó la frase.
Suerte: Expulsión, él: el expulsado.
La medicina no lo necesita
ya más
y tampoco, tampoco es preciso
a las palabras placentas de las locas:
por un cuerpo que pierden
encuentran toda una academia para ejercer.

¿Cómo decirlo?
¿Quién ejerce y a quién ejerce?
La puerta se abre y los razonamientos
de Groshen exdóctor se evaporan
“¡Me quemó los sesos!”
Hay una mujer con la mirada perdida
y vaga sonrisa
que llama desde el umbral.

El olor llega hasta aquí
hasta la noche del blanco castillo,
o sombras débiles. Hasta el órdago
de las curaciones.

Me estaré
me pregunté
volviendo “loca”.
Oleré, acaso,
de esa manera y con ese
perfume y dardo de que hablé.
Groshen me ruega
un poco de amor:
“¡Un poco de amor!”
O que le dirija, en última instancia,
la palabra

llegaste ¿estás contento Groshen?
los berbiqüines de Dios están aquí
y guirnaldas
en una cantidad tal
y de gran preciosura
que ninguna boca sola
podría proferirlas

se pierde todo temor a estafa aquí
hay joyas brillando y jodas perennes
hay un grano de anís
orgullo de la placenta
hay un pliego y lápiz
japonés
o leeré
reclinado sobre la solución adivinanza
o el invento de otra en su
insoluble reemplazo que
que, inmensamente castillejo corresponde
a hidalgojo
inmensamente
y el que tiene
¿con qué me hueles?
¿la nariz el culo o la boca?

 

 




 

***
Osvaldo Lamborghini (Argentina, 1940 - 1985) Su obra poética y narrativa, de una singularidad admirable, construida fuera de escuelas y de tendencias al uso, ha sido recogida por su albacea, el también escritor César Aira, en dos volúmenes titulados Novelas y cuentos (1988) y Tadeys (1994), ambos en Ediciones del Serbal, de Barcelona. La obra de Osvaldo Lamborghini constituye una sorprendente combinación del conde de Lautréamont, Roberto Arlt y Witold Grombowicz, además de una revisión paródica de otros autores de la literatura argentina como Esteban Echeverría (el relato El niño proletario, parodia de El matadero), José Hernández (en Las hijas de Hegel: ¿que no me lo pueda arrancar al tal Hernández (por cual) de mi pantanoso cerebro?), Horacio Quiroga y Lucio Victorio Mansilla, entre otros. El autor exacerba los alcances de la ironía, de la digresión y los circunloquios como recurso de ruptura con la linealidad del discurso, del humor aliado a la crueldad, de la hipérbole de las referencias pornográficas y de las llamadas "malas palabras", uso éste que deriva en una superación de la moralidad aplicada a la lengua y a la literatura. Lo sexual, en todo caso, se asocia a motivos como el poder, la sumisión y la humillación. Como observara el crítico español Rafael Conte acerca de las relaciones entre lenguaje y violencia en la literatura latinoamericana, plasmar la injusticia social y el absurdo de la suerte de los hombres implica hacer estallar las formas de la comunicación literaria, lo que no excluye la burla y la risa, lo escatológico y lo obsceno: lo ridículo suele ser el otro lado de lo trágico. Se encuentran repetidas alusiones a personajes de la política argentina y especialmente al peronismo, en cuyas filas militó Lamborghini. Según la síntesis biográfica que César Aira introduce en el Prólogo al volumen de Novelas y cuentos, Osvaldo Lamborghini publicó en vida El fiord (1969); Sebregondi retrocede (1973), novela que había sido inicialmente un poemario; textos críticos y poéticos en la revista Literal; los poemas Los Tadeys y La negación, en revistas norteamericanas; y Poemas (1980). Había dejado inéditas la novela corta La causa justa; el ciclo Tadeys, compuesto por tres novelas, la última inconclusa, además de notas y relatos sueltos; y los siete tomos de Teatro proletario de cámara, mezcla de verso, prosa y diseño gráfico próximo al cómic.






 

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