Tachas 668 • De Harrison G. O. Blake • Henry David Thoreau
Worcester, Massachusetts, marzo de 1848
[De Harrison G. O. Blake a Henry David Thoreau]
Su artículo[1] ha reavivado en mí la impresión inolvidable que tengo de usted, que me llevé conmigo gracias a unas palabras que dijo.
La última vez que fui a Concord, habló de retirarse más aún de nuestra civilización. Le pregunté entonces si no sentiría deseo alguno de la compañía de sus amigos. Su respuesta fue: «No, yo no soy nada».
Esa respuesta fue, para mí, memorable. Indicaba una profundidad de recursos, una entereza en la renuncia, un equilibrio y una fe en el universo que casi no alcanzo a concebir; algo que, sin embargo, en usted parecía domesticado, y hacia lo cual yo alzo mi mirada con admiración. Me gustaría conocer el alma que dice: «Yo no soy nada». Verme elevado por sus palabras hacia una vida más verdadera y más pura.
En mí parece revestirse de un nuevo significado la idea de que Dios, simplemente, está aquí; de que no debemos hacer sino inclinarnos ante Él con profunda sumisión en cada momento, y de que Él llenará nuestra alma con su presencia. En este abrirse del alma a Dios, todos los deberes parecen encontrar su centro; ¿qué más habríamos de hacer?
Si comprendo correctamente, el significado de su vida es el siguiente: querría separarse de la sociedad, del sortilegio de las instituciones, de los usos, de los conformismos, de tal modo que pueda llevar una vida simple y nueva. Antes que infundir una nueva vida a las viejas maneras, tendrá una vida nueva por fuera y por dentro. Hay algo de sublime para mí en esta actitud, de la cual yo mismo estoy muy lejos. Hábleme en esta hora, ya que es solicitado…
Lo venero porque se abstiene de la acción, y abre su alma con el objetivo de poder ser. En mitad de un mundo de actores bulliciosos y superficiales, es noble hacerse a un lado y decir: «Simplemente quiero ser». Si pudiese plantarme enseguida sobre la verdad, reduciendo al mínimo mis necesidades, me vería inmediatamente más cerca de la naturaleza, más cerca de mis compañeros… y la vida sería infinitamente más rica. Pero ¡heme aquí!, temblando en la orilla…
Fragmento del libro Cartas a un buscador de símismo. Henry David Thoreau. Errata Naturae. 2013. Traducción de Antonio García Maldonado. Publicado con autorización de sus editores.
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Henry David Thoreau (EE. UU., 1817 - 1862) fue agrimensor, naturalista, conferenciante y fabricante de lápices, además de ensayista y uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense. Disidente nato, tan completamente convencido de la bondad de la naturaleza como para proclamar un «pensamiento salvaje», se le considera también un pionero de la ecología y de la ética ambientalista. Sin embargo, su auténtico empleo fue, según se ocupó de recordar, «inspector de ventiscas y diluvios». Thoreau quiso experimentar la vida en la naturaleza, por lo que el 4 de julio de 1845, Día de la Independencia, se fue a vivir durante dos años a los bosques cercanos a Walden Pond. Abandonó la cabaña que él mismo construyó en septiembre de 1847 para volver a vivir con su familia. Su obra Walden, que relata su vida en los bosques, fue publicada en 1854. Años antes, en 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su ensayo La desobediencia civil, pionero en sus propuestas relativas a la insurrección frente al Estado y la no violencia.
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[1] Se trata de «Aulus Persius Flaccus», escrito por Thoreau en 1839 y publicado en el primer número de The Dial (julio de 1840, pp. 117-121), el órgano de los trascendentalistas norteamericanos. Aulo Persio Flaco, estoico y poeta satírico latino de Volterra, dejó seis Sátiras en hexámetros (sobre los vacuos literatos, la hipocresía religiosa, la presunción de los poderosos, la libertad de quien conoce la doctrina estoica, y el recto uso de las riquezas). La preferida de Thoreau era la quinta. (Todas las notas son de los editores).