Tachas 670 • Homenaje a Alain-Fournier • Jorge Teillier
Estrellas rojas y blancas nacían de tus manos.
Era un atardecer de hace más de sesenta años
Era en 189… en La Chapelle d’Aiguillon
Eran las estrellas eternas del cielo de la adolescencia
En la noche apagaste las lámparas
Para que halláramos los caminos perdidos
Los caminos que nos llevan hacia el cuarto en donde hay un laúd roto
Hacia una caballeriza ruinosa y un granero de fiesta
En donde se reúnen niños y ancianos que lo perdonan todo.
Pues lo que importa no es la luz que encendemos día a día
Sino la que alguna vez apagamos
Para guardar la memoria secreta de la luz
Lo que importa no es la casa de todos los días
Sino aquélla oculta tras un recodo de los sueños.
Lo que importa no es el carruaje
Sino sus huellas descubiertas por azar en el barro
Lo que importa no es la lluvia
Sino su recuerdo tras los ventanales del pleno verano.
Te encontramos en la última calle de una aldea del sur:
Eras un vagabundo de barba crecida con una niña en brazos
Era tu sombra —la sombra del desaparecido en 1914 en Bois St Rémy—
Que se detenía con nosotros
A mirar a los niños que fuimos
Jugando a los bandidos igual que en cualquier pueblo del mundo
O persiguiendo a los gansos bajo una cansada llovizna
O ayudando a sus madres a desvainar arvejas
Mientras las nubes pasaban como al entierro de una desconocida —la única
que nos hubiese de verdad amado—
Anochecía
Cuando se rompió la dura corteza de las apariencias
Y surgieron la casa solariega rodeada de glicinas cansadas de su propia
belleza una campana llamando a la fiesta, una muchacha paseando
en un parque con un libro centenario en las manos
La realidad secreta brilló como un fruto maduro.
Estábamos en la última calle de un pueblo del sur
Empezaron a encenderse luces
Los niños entraron a sus casas. Oímos el silbido de un
titiritero llamándote
Luego desapareciste
Diciendo: «No hay casa, ni padres, ni amor; sólo compañeros de juego»
Y todas las luces se apagaron
Para que sólo brillaran en el cielo de la adolescencia
Las estrellas rojas y blancas nacidas de tu mano en un atardecer aldeano de 189…
***
Jorge Teillier (Lautaro, Chile, 1935 - Viña del mar, 1996). Nació en Lautaro, el 24 de junio de 1935, día de la muerte de Carlos Gardel y día en que los mapuches celebran el Año Nuevo. Fue un ferviente admirador de Sergei Esenin, Georg Trakl, Rainer María Rilke, René Char y Jean Arthur Rimbaud entre tantos otros autores.
Estudió Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, para luego ser director del Boletín de esa misma Universidad. Sus poemas han sido traducidos al francés, ruso, italiano, inglés, rumano, checo, polaco, alemán y portugués.
En 1990, la University Press of New England publicó la antología bilingüe con su obra poética titulada From The Country of Nevermore; y a lo largo de su existencia obtuvo diversos premios, tales como el Municipal de Poesía Gabriela Mistral y el Premio en Conmemoración del Sesquicentenario de la Bandera Nacional. En 1994 fue declarado Hijo Benemérito de su tierra natal y en los últimos años de su vida lo galardonaron con el Premio Eduardo Anguita, concedido por Editorial Universitaria al poeta vivo más importante de Chile que no haya recibido el Premio Nacional de Literatura. Por su parte, el Consejo Nacional del Libro y la Lectura lo distinguió, también en 1994, por su libro El Molino y la Higuera. En la actualidad está siendo leído prácticamente en toda Hispanoamérica. Murió el 22 de abril de 1996, en Viña del Mar. Sus restos mortales yacen en el Cementerio de La Ligua.
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