Tachas 672 • Curación De Las Enfermedades • Hildegarda de Bingen
LIBRO IV
Más sobre la retención de la menstruación. La mujer que padece una menstruación dolorosa que se le obstruye, que coja anís y la misma cantidad de matricaria y un poquito más de verbasco que de cada uno de los anteriores por separado, y caliéntelas al aire libre y en agua de río de buena corriente que el sol y el aire templen. Coja entonces alguna teja y póngala al fuego y dese con dicha agua y dichas hierbas un baño de sudor. Cuando haya penetrado este vapor, ponga sobre una banqueta estas hierbas calientes y siéntese encima, y ponga estas hierbas en torno al aparato reproductor y subiendo hasta el ombligo y por todo el ombligo. Si entretanto se han ido enfriando, vuelva a ponerlas a calentar en dicha agua en los mismos lugares y vuelva a ponerlas en torno a las mismas partes y así todo el tiempo que dure el baño, para que por los líquidos de estas hierbas la piel y la carne de aquella zona por fuera y de la matriz por dentro se reblandezcan, y para que sus venas, que estaban cerradas, se abran. Pues el calor del anís estimula los humores; mientras que el de la matricaria sana y el calor del verbasco provoca el flujo. Y cuando estas hierbas han sido dispuestas en la justa proporción y cuando el calor de cada una se estimule con el agua del río calentada (agua que es más sana y rica que la de una fuente ya que está en contacto con otros elementos al aire libre) y también cuando se alteren las hierbas con las tejas al fuego (cosa que también si se tratara de otra piedra ya no sería lo mismo, dado que han sido cocidas al fuego, por lo que acaban siendo más salubres): entonces con la sensación grata del baño provocan la menstruación como quedó dicho. Toma luego arándano (rifelbere), y un tercio de éste de milenrama, y de ruda un tercio de la cantidad de milenrama, y tanto de aristoloquia larga cuanto de arándano y milenrama, y díctamo blanco de esto lo que más. Tritúralo en un mortero y cuécelo en una olla nueva en vino puro y ya cocido mézclalo con vino en una bota. A continuación todo lo que puedas conseguir de clavo abierto, y pimienta blanca menos que de clavo. Se tritura todo junto y se añade bastante miel pura y recién extraída (para que no tenga impurezas) y se lleva a hervir en el mejor vino posible, se mezcla en el balde junto a las mencionadas hierbas, y con todo ello se prepara un clareto y se bebe en ayunas todos y cada uno de los días y con las comidas, pero no en el baño antes mencionado, ya que a veces el baño corta la digestión.
Y cuando el frío del arándano se compensa con el calor de la milenrama y de la ruda y de la aristoloquia larga y con el calor del díctamo blanco y el calor, distinto, del vino y del clavo abierto (pues este le va a esta enfermedad mejor que cualquier otro clavo), y combinado también con el calor de la pimienta blanca, que también provoca la menstruación, y con el de la miel recién extraída (que también es muy conveniente), entonces las entrañas cerradas de la mujer se abren y la endurecida coagulación de la menstruación se disuelve, como se dijo.
Prepare también una poción a base de huevos y bastante grasa añadiendo un poco de jugo de levístico, y tómelo antes y después de la comida, ya que con el frío del huevo y el frío del levístico,y con el calor del vino y de la grasa todo se equilibra y de este modo se disuelve el coágulo de la mujer. Hágase así durante cinco o quince días, hasta que se disuelva. Pero entretanto, mientras padece tal retención de sangre, evite por completo carnes bovinas y demás carnes grasas, porque también la retienen, cómalas en cambio ligeras y beba vino. Y el agua que vaya a beber durante el tratamiento que sea agua de pozo, y evite el beber agua de fuente que mana y fluye ya que resulta un tanto más áspera que otras aguas. Si no, cueza el agua de fuentes que fluyan y déjela enfriar antes, ya que el agua preparada de este modo resulta más agradable.
Pérdidas de flujo menstrual. La mujer que padece una aguda menstruación desordenada y fuera de tiempo, que impregne un paño de lino en agua fría y lo ponga a menudo alrededor de los muslos, para enfriar el interior; así hasta que gracias al frío del paño de lino y del agua fría se retenga el desmedido flujo de sangre.
También cueza hiedra en agua y póngaselo caliente alrededor de los muslos y del ombligo, y el frío de éste, contrario a su naturaleza interior, hace frente al flujo que abunda en los muslos y el ombligo, y por eso se aplica caliente y cocido por encima de estas partes, porque una vez calentado le aporta salud.
Ponga además betónica en el vino para que tome sabor y bébalo así con frecuencia, y el calor de la betónica temperado con el del vino regula el justo calor de la sangre.
A continuación active todas sus venas (a saber, las que están en las piernas, vientre, pecho y brazos) dando un masaje a menudo suavemente hacia arriba con sus manos, hasta que las obligue a no llevar la sangre por el camino equivocado. Ahora, cuidado con no esforzarse mucho y no cansarse mucho caminando, y que luego la sangre no circule. Cuidado también con no comer alimentos duros o amargos, no sea que le den malas digestiones, por el contrario tome durante este tiempo alimentos blandos y ligeros, hasta que se cure por dentro, y beba vino y cerveza hasta que con estos se fortalezca para poder retener la sangre.
Las dificultades de parto. Si a una mujer encinta le cuesta mucho dar a luz, entonces con toda precaución y moderación cueza en agua unas hierbas suaves (a saber: hinojo y ásaro) y escurrida el agua, aplíquelas calientes como están en torno a los muslos y la espalda, y manténgalas así atadas suavemente con un paño, para que el dolor y su cerrazón se disuelvan fácil y suavemente. Pues los humores fríos y malignos que hay en la mujer la oprimen y obstruyen mientras está encinta, pero cuando el suave calor del hinojo y del ásaro se concitan con la suavidad del agua al fuego y cuando están así colocados alrededor de los muslos y su espalda (ya que es en estas zonas, más que en ninguna otra, donde padece la opresión), provocan que todos estos miembros se relajen.
La purga de la saliva y mucosidad. Cuando alguien vaya a purgarse de secreciones, de saliva y de mocos, que coja agrimonia y el doble de alholva, macháquelas en el mortero y exprima el jugo de ambas y también machaque geranium y añada su jugo (el peso de un céntimo [óbolo]) al de la agrimonia y la alholva. Luego coja tanta galanga cuanto suman estos tres, y el peso de seis monedas de estoraque, y de polipodio el peso de dos monedas. Redúzcalo todo a polvo y comprima este polvo con el mencionado jugo haciéndolo casi sólido y con ello forme unas pildoritas del tamaño de un haba. Después exprima el jugo de la celidonia mayor y de su jugo recoja un cuarto del peso de una moneda, e impregne en él una de aquellas pildoritas rebozándola y luego póngala al sol para que se seque. Y haga lo mismo con cada una de las restantes pildoritas mojándolas en el mismo jugo (que ha de pesar la cuarta parte de una moneda) y expóngalas así al calor del sol, no a la lumbre de la leña, ni al fuego del horno. Y si no hubiera calor del sol, expóngalo al viento o a la brisa ligera para que se seque suavemente.
Pues el calor de la agrimonia y el calor de la galanga y la fuerza del estoraque más el calor del polipodio y la celidonia mayor se impone a los humores fríos de los que sale la flema en el hombre; el frío de la alholva y del geranium disipa el frío de dichos humores. En cambio la celidonia mayor hace que los humores abunden en el hombre, mientras que el resto de las hierbas los retienen hasta que tranquilamente van saliendo. Y se han de secar al sol estas pildoritas, ya que su calor es sano (y no al fuego de leña o de horno, ya que sus fuegos tienen cierta carencia con respecto al del sol). Así que cuando uno quiera tomar estas pildoritas, tape su estómago y vientre con una pelliza de cordero o de otra clase, para que entre en calor ya que su calor es sano; no se acerque mucho al fuego pues se inflamarían las venas y la sangre las inundaría por demás y de este modo los humores serían conducidos a la salida inapropiada. Así que sírvase del calor del ropaje y tómelas [las pildoritas] antes de que salga el sol, ya que en esta época la aurora es agradable y suave. Tome cinco o quince pildoritas de forma que todas y cada una lleven una pincelada de miel e ingiéralas de una en una, pues la miel es cálida y dulce; y si no tuviera miel, en una «albondiguilla» hecha de pan de trigo tómela en cuchara de una en una para darle el buen sabor de dicha masa. Y cuando lo haya tomado dese un paseíto tranquilo por la sombra y no al calor del sol hasta que sienta la descongestión, ya que el calor y el brillo del sol sacan a la fuerza los humores del cerebro por el lugar inapropiado. Pero en torno a medio día, después de que vaya notando la descongestión, si no lo tolera el estómago que se ha endurecido, bébase antes unos sorbos de bebida hecha a base de harina de sémola para que o bien se curen las tripas sacudidas por la descongestión gracias a la suavidad de este jugo o bebedizo, o bien de este modo el estómago endurecido se ablande.
Fragmento del Libro de las Causas y Remedios (Causae et Curae). Hildegarda de Bingen. Clásicos de la Historia. Traducción de José María Pujol Bengoechea y Pablo Kurt Rettschlag Guerrero. 2023. Publicado con autorización de sus editores.
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Hildegarda de Bingen (Alemania. 1098—1179) pensadora germánica, es probablemente la escritora más prolífica de la edad media. Su corpus reúne una amplia variedad de contenidos, formas discursivas y modos de transmisión, que incluyen literatura visionaria, comentarios exegéticos, teología, género epistolar, hagiografía, composiciones líricas y musicales, y escritos médico-naturalistas. Podemos articular su biografía intelectual y creativa en dos grandes etapas.
La primera etapa comienza en 1141, cuando Hildegarda inicia su actividad literaria. Vive en la abadía de Disibodenberg (donde ingresó cuando era pequeña) hasta que se traslada, en el año 1151, junto con sus filiae, al primer monasterio que funda, situado en Rupertsberg-Bingen. Entre 1141 y 1151 escribe su primera obra de “visiones”, Scivias. A continuación, emprende una prolífica y variada actividad intelectual y creativa, que agrupa piezas como el drama musical Ordo Virtutum, una compilación de 75 piezas musicales intitulado Symphonia armonie celestium revelationum, los escritos de medicina (Liber Subtiliatum) y las litterae ignotae, un alfabeto “desconocido” con el cual formó una lingua ignota constituida por más de mil palabras. Finalmente, entre los años 1158 y 1163 redactó la segunda obra de visiones, Liber vite meritorum, de cariz moral.
La segunda etapa comienza en el 1163, poco antes de la fundación de su segundo monasterio, ubicado en Eibingen. Redacta su última obra de visiones, Liber divinorum operum, dedicada extensamente a describir el universo, los ciclos que rigen la naturaleza y la interacción entre los fenómenos naturales y el ser humano. En los últimos años se dedica a la exégesis, escribe cartas y pequeños tratados insertados en ellas. Entre ellos está el De Regula sancti Benedicti, dos obras hagiográficas, las Solutiones quaestionum XXXVIII, de formato escolástico, y la Explanatio symboli sancti Athanasii, formada por dos cartas que Hildegarda dirigió a las monjas de su cenobio antes de su defunción en 1179.
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