Guía de Lectura

Tachas 674 • Pequeñas sombras, de Gustavo Adolfo García Zuluaga • Jaime Panqueva

t674-11 Imagen generada con IA de Adobe Firefly



Somos sombras
pasamos y dejamos
huellas de poesía.

Pequeñas sombras
en la grandeza
de lo eterno.

 

Con estos brevísimos versos que cierran el libro, Gustavo Adolfo García define su visión del trabajo poético, además de rubricar un título para su poemario. García Zuluaga fue uno de los encuentros literarios que me prodigó la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Nos encontrábamos diariamente en el stand de Ediciones La Rana, e hizo parte de los recitales poéticos donde intercambiábamos palabras entre México y Colombia. Nacido en Marinilla, Antioquia, publicó su pequeñas sombras con editorial Save de Medellín en 2024. La precisión y brevedad de sus poemas, aunque estéticamente divergentes, los hermanan con los buenos haikús al clavar sus garras en la memoria del público.

Recuerdo que la mayor parte de los textos que compartió los declamó sin requerir ningún texto impreso. “Hacedor de versos”, como lo llama María Alicia Cabrera en el prólogo del libro, García Zuluaga “vive la poesía por encima de cualquier otra actividad y estaba en mora de publicar sus poemas cortos, diáfanos y sencillos”.

Las mismas formas claras y transparentes de este autor antioqueño se condensan en una poesía cercana, directa, que puede gozar del favor del gran público. Sin querer extenderme en detalles, preferí seleccionar algunos poemas para que los lectores juzguen por sí mismos:

 

Agujero negro

En mi cuarto un agujero
donde la araña
vive e hila.

Sale como triste
transita las paredes
deja se vaho nostálgico
para atrapar ausencias.

En el rincón yace antaño
delata el polvo su historia.

Un ojo que en lo oscuro
mira a la distancia
el nirvana de aquel
animal terrible.

Su caminar recorre
el mes de los muertos.
el agujero oscuro
es el ojo vigilante
de la muerte
y su sombra.

La araña teje
el hilo y con él
aprehende la soledad
y el silencio.


Desplazados

La voz muda
el oído lejano
la hierba cubre
los sembrados.

Y en las manos
atadas de labriego
espiga el olvido.


Cruel

De tu elíxir
no he bebido
más que dolor.

Y para extinguirte
no habrá veneno
más letal
que tu propia saliva.


Sin miedo

No le temo a la soledad
ya todos los rincones
están vacíos.

No le temo al dolor
todo el cuerpo
está herido

¿Por qué temerle a la muerte
si está hecha de mi sombra?

Y:
¡Ya conoce mi alma
la caricia de su látigo!


Coleccionista de relojes

En Mompox un hombre colecciona el tiempo.

En un pasillo extraño un tic tac melancólico
como si alguien agonizara en una habitación
sin ventana.

Una lúgubre melodía encerrada
y el silencio danza
con los trozos de la tarde.

Cronos divagando en el olvido.

Y ni siquiera todos los relojes
suspendidos en la memoria
son suficientes para detener el tiempo.


Epitafio

Tú que estás frente
a mi tumba.

Si sabes de poesía
comprenderás mi silencio.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

 

 

 

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