Tachas 677 • Tres libros, un autor: Fernando Cely Herrán • Jaime Panqueva

Ven, hijo - Fernando Cely - Portda del libro
“poseyó belleza sin vanidad, fuerza sin insolencia, valor sin ferocidad, y todas las virtudes del hombre sin sus vicios”

De la pasada FILBO, donde hubo una participación importante de la Secretaría de Cultura de Guanajuato, me había tardado en comentar el trabajo de un colega colombiano que nos ayudó a convertir el stand gestionado por Ediciones La Rana en un punto de encuentro entre escritores guanajuatenses y colombianos. Una buena parte del programa presentado, que superó las 40 actividades, no habría sido posible sin su trabajo, que permitió cobijar a poetas, narradores, cronistas y académicos de la lengua colombiana y su filial boyacense. A estos últimos los reunimos en unas charlas y lecturas bajo el nombre de Plata, sol y acero, en homenaje a la conjunción de los dos estados.

Se trata de Fernando Cely Herrán, con una trayectoria de décadas y decenas de libros editados, que combina tres líneas muy visibles: la poesía, la docencia y la gestión cultural. Cofundador del grupo poético Esperanza y Arena y del grupo artístico y literario Escafandra. Cely se desempeñó como profesor de literatura durante 31 años en colegios y universidades de Bogotá. Su obra ha circulado en periódicos, revistas y antologías, y ha participado en encuentros literarios en Colombia y en países como Ecuador, México, Nicaragua, Venezuela, Cuba y Estados Unidos.

Podría decir también que es compositor de bambucos y hasta tangos, que sus canciones están disponibles en Youtube (El niño campesino,[1] por ejemplo, me encantó), pero este es un espacio para los libros. De los ejemplares que traje de la FILBO escogí tres, curiosamente no del género poético, sus Historias de salón y un libro singular, Ángeles de cielo y tierra.

Editado en dos trancos, Historias de salón (Atenea, 2019) y Más historias de salón y otras historias (Grainart, 2025) amalgaman la doble condición de maestro y escritor. Cely escribe desde la experiencia de quien conoce la escuela como espacio de formación, memoria, conflicto, humor y afectos. Una memoria escolar que abarca una vida, donde podemos pulsar los cambios y aquellas cosas que se resisten al tiempo, a veces para bien y otras no tanto. Estas reconstrucciones de la vida en los colegios no parten sólo de la nostalgia. Su tono directo, oral y cercano, convierte el salón de clases en un pequeño teatro humano, donde aparecen la amistad, la disciplina, el miedo al castigo, los primeros afectos, la burla, la autoridad y la iniciación a la vida social. Incluso narra episodios oscuros dentro de los años del Estatuto de Seguridad de la era Turbay. Estos cuentos, que discurren en las aulas para deslizarse a las calles de nuestros barrios, lejos de idealizar un pasado idílico nos hacen reflexionar sobre nuestros orígenes, los tipos de crianza que vivimos, así como nuestras relaciones con las autoridades y la violencia.

En otro tenor discurre Ángeles de cielo y tierra (2026), cuyo lanzamiento se llevó a cabo durante la FILBO. Un homenaje a los animales, en particular a dos mascotas fallecidas del autor, Canela y Cuba. Recordamos a Boatswain, el perro que según Byron “poseyó belleza sin vanidad, fuerza sin insolencia, valor sin ferocidad, y todas las virtudes del hombre sin sus vicios”. Muchos y muy interesantes son los escritores que han volcado sus letras a sus compañeros animales. Cely se inscribe en la tradición de Alberti, recordando a Niebla; de Woolf retratando a Flush; del Neruda que cantó a sus perros; o incluso de Pérez Reverte con título tan contrastante como Perros e hijos de perra.

El amor de Cely y su familia por las mascotas se vierte en este libro entrañable que busca también inculcar en sus lectores, en particular a los escolares, la responsabilidad en los cuidados de sus mascotas en una era que ha llenado los espacios humanos de seres sintientes de compañía. Escribía John Berger en su Mirar: “salvo el hombre, ninguna otra especie reconocerá la mirada del animal como algo familiar. Otros animales se quedan atrapados en ella. El hombre toma conciencia de sí mismo al devolverla.”

En conjunto, Historias de salón y Ángeles de cielo y tierra muestran a un autor que escribe desde la memoria, la pedagogía y el afecto, pero también desde una conciencia amplia de la literatura como una conversación cultural entre generaciones, territorios y lectores. Eso lo vivimos durante la FILBO y por ello también quiero agradecer su esencial ayuda y amistad desde aquellos días. Gracias, Fernando.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






 

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[1] Se puede escuchar en: https://www.youtube.com/live/0V-XYX1r2_0