Guía de Lectura 641

Tachas 679 • Cuentos descorteses, de León Bloy • Jaime Panqueva

Cuentos descorteses, León Bloy - Portada del libro

"En cada cuento, una institución aparentemente sólida se abre y muestra una víscera corrupta."

“Nuestro tiempo ha inventado la locución «humor negro»; nadie lo ha logrado hasta ahora con la eficacia y la riqueza verbal de Léon Bloy”, con esta frase remata Borges el prólogo de la edición de Cuentos descorteses en la Biblioteca de Babel, que lo redescubrió al mundo hispanohablante a finales de los setenta. Borges lo había incluido ya en la Antología de la literatura fantástica que compiló con Silvina Ocampo y Bioy Casares en 1965, pero esa colección personal de 33 volúmenes, editada originalmente en italiano, y retomada por Siruela en 1984, concedería a Bloy una particular canonización literaria al ubicarlo entre otros junto a Melville, Kafka, Poe, Chesterton, Stevenson y Hawthorne.

La compilación de Siruela desecha 20 de los 32 cuentos que componen Histoires désobligeantes, reunidos originalmente en 1894, pues habían visto la luz, desde dos años antes, en distintas entregas de la revista Gil Blas.

En esas Storie sgradevoli, como se publicó la selección original, Borges veía en Bloy, más allá del católico furioso y panfletario, un precursor de ciertas formas modernas de lo fantástico que sabía combinar en sus temas el humor negro y la crueldad metafísica. Además compartía con el francés la idea de que la historia y la escritura pueden leerse como sistemas simbólicos susceptibles de ser descifrados. “Léon Bloy consideró el universo como una suerte de criptografía divina, en el que cada hombre es una palabra, una letra o, acaso, un mero signo de puntuación.” Comenta Borges en el mismo prólogo.

Con su prosa excesiva y violenta, Bloy pergeña un infierno terrenal poblado por caricaturas morales para destruir los refugios tradicionales de la respetabilidad, los valores familiares, el trabajo honrado, la caridad, el dinero y la justicia. En cada cuento, una institución aparentemente sólida se abre y muestra una víscera corrupta. Para ello no ahorra recursos: “El estiércol de su alma se hallaba de tal manera en sus manos y en su rostro, que no hubiera sido posible imaginar contacto más aterrador…” Y despliega una pirotecnia verbal inusitada: “Sus acólitos lo proclamaban inmarcesible e indeshojable, no menos albo y lactescente que el nítido ropón de los ángeles. ¿Me atreveré a decirlo? Miraba a las mujeres como a la caca, y el colmo de la demencia hubiera sido incitarlo a dirigirles un cumplido.”

En estos relatos de castigo, inversión y revelación, el virtuoso puede resultar infame, el miserable esconder una grandeza inesperada, la familia aparece como una máquina de crueldad, y la religión se deforma en hipocresía. Coleccionista de odios, Bloy ocupa su lugar en la literatura como un escritor de extremos, capaz de oscilar entre la fe mística más exaltada y la cólera más injuriosa.

 

 

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






 

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