Tachas 679 • Judías verdes a la traicionera • Falsarius Chef
"Si las ponemos hábilmente amontonadas como con descuido y les ponemos unas laminillas de jamón por encima cuando todavía están calientes, nos va a quedar un plato de llamar la atención."
Plato denostado y criticado por los sectores más integristas del mundo impostor, yo lo pongo aquí encantado. Nada más patético que un tipejo como yo teniendo principios. Hasta ahí podíamos llegar. Así que después de los excesos navideños (ahora el pavo relleno soy yo) me apetecía hacer un plato ligero, y compartirlo en forma de receta tramposa, antes de que me confundan con el hermano obeso de Papá Noel (esta mañana iba por la calle con un jersey rojo y unos niños me miraban de forma sospechosa). Pensé que unas judías verdes podían venir bien pero había un problema. No encuentro judías verdes de bote o de lata ricas de verdad. He probado muchas (para mi desgracia) y no hay manera. Pues vale, que les den. Traicionando por una vez a la impostura os ofrezco esta receta en donde todo es natural. La trampa estará esta vez en la forma de hacerlas. Tan fácil, tan fácil, que abrir una lata os parecerá complicado.
Ingredientes: 300 gramos (así a ojillo) de judías verdes, 1 cebolla mediana, 1 tomate, 2 dientes de ajo, sal gorda, aceite de oliva virgen extra (y si os apetece y tenéis a mano, unas laminitas finas de jamón).
Preparación: lo más cómodo de esta receta es que no hay que hervir aparte las judías verdes. Sólo vamos a utilizar una sartén para todo. Cogemos las judías verdes y con un cuchillo les cortamos las puntas y las partimos en trozos no muy pequeños (de unos 6 cm. más o menos) que luego nos van a quedar mucho más aparentes en el plato. Las lavamos bajo el grifo y las escurrimos bien. En la sartén ponemos aceite abundante y cuando esté caliente echamos en él las judías verdes y las freímos un poco. Que cojan color pero sin pasarse. Cuando estén, las sacamos escurriéndolas bien y las ponemos en un plato con papel de cocina que acabe de absorber el aceite sobrante. Cogemos el tomate, lo partimos por la mitad y con un rallador de agujeros gordos lo rallamos convirtiéndolo en pulpa (suena un poco sádico, como de película de Tarantino, pero es lo que hay). En la sartén dejamos sólo un poco del aceite utilizado y en él ponemos a sofreír los ajos picados y un poco después la cebolla cortada en pequeñas tiras en vez de en los clásicos cuadraditos (en juliana diría un experto, pero aquí no tenemos de eso). Lo vamos removiendo bien y cuando veamos la cosa doradilla, añadimos el tomate tarantinizado y sal al gusto. Removemos bien y dejamos que el tomate coja color. No hará falta mucho tiempo. Es el momento de añadir las judías verdes, un poco más de sal y remover todo para que se mezcle bien.
De ahí al plato. Si las ponemos hábilmente amontonadas como con descuido y les ponemos unas laminillas de jamón por encima cuando todavía están calientes, nos va a quedar un plato de llamar la atención.
Impostura irresistible: no puedo evitarlo. Si tenéis algún invitado, dejad por la cocina una lata que tuvierais por ahí de judías verdes vacía (el contenido en la basura es donde mejor está) para que sospeche que lo habéis utilizado. Y luego, en su casa, que intente copiaros.
Fragmento del libro Cocina para impostores 2. Falsarius Chef. Plaza & Janes. 2012, publicado con autorización de sus editores.
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Falsarius Chef (España). Sigue sin saberse mucho sobre Falsarius Chef, aunque abundan los rumores. Últimamente le ha dado por decir que está perseguido por las peligrosísimas mafias internacionales de chefs, que quieren liquidarlo por desvelar sus secretos. Aunque él mismo asegura que, cuando se toma la medicación, esta idea ya no está tan clara, es lógico que este hecho no contribuya precisamente a volverle más comunicativo. Máxime si como asegura, las mafias de chefs estuvieron detrás del asesinato de Kennedy (que iba a revelar en Dallas que la salsa bolognesa de un conocido restaurante italiano de Nueva York la hacían con albóndigas de lata); del presunto envenenamiento del Papa Juan Pablo I (cuyo afán por develar el tercer secreto de Fátima, una receta Impostora a el bacalao dourada, le llevó prematuramente a la tumba) y hasta del mismo Jesucristo, cuyo conocido milagro de los peces y los panes amenazaba gravemente al gremio de la hostelería en Tierra Santa. Y como el propio Falsarius argumenta, si se cargaron a un presidente de los Estados Unidos, a un Papa y hasta al mismísimo hijo de Dios, ¿qué no le harían a un simple cocinero Impostor como él? Esperemos que la pregunta quede sin respuesta.
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