Tachas 680 • Sobre Glitch de Jeanne Karen • Claudia Quezada
Cuando Jeanne Karen me invitó a presentar Glitch, su primera novela, en la Casa Ramón López Velarde, pensarlo y aceptar me tomó exactamente tres minutos. Porque los tres elementos de la invitación representan algunas de mis emociones favoritas: ternura, nostalgia y curiosidad.
La ternura, como dice la RAE, se relaciona con un "cariño entrañable", que en el caso de la amistad que me une con Jeanne, es un largo cariño viejo, un poco "salvaje y lleno de aventuras". Porque nos conocemos desde hace más de dos décadas, cuando, como dice la protagonista de Glitch, “todo era fiesta, ruido, vida en su máxima y eufórica expresión”, y la complicidad, el asentimiento, nuestros relatos amorosos, canciones y poemas nos reunieron y nos han mantenido en órbitas siempre cercanas, desde entonces.
La nostalgia, por esa manera en que la define Milan Kundera: "el sufrimiento causado por el deseo insatisfecho de regresar". Y eso había sentido durante mucho tiempo al pensar en esta Casa López Velarde, que sentía nuestra casa, mi casa, donde pasé tantas tardes hurgando entre los lomos de los libros de la biblioteca, leyendo y escribiendo; aquí aprendí a corregir y a maravillarme contemplando el arte del diseño editorial. Y compartimos tantas tardes en los talleres literarios del Profesor Adame, de Eduardo Milán, Rodolfo Hinostroza, Eliseo Alberto, y en no sé cuántos martes literarios; y mucho antes, hace 25 años, aquí presentamos nuestra revista Kronos, y en 2009, pude acompañar a Jeanne Karen a presentar su libro de poemas Hollywood.
Ahora, nos reúne Glitch, esta novela, que acepté leer de inmediato, además presa de una aguda curiosidad. Porque el número de libros de poesía que Jeanne ha escrito ya ronda la veintena; y con ese registro nos ha trazado, iluminado y declarado el mundo: su observación detenida sobre el invierno, los minerales, las bruñidas madrugadas; las distintas formas de la seducción o del miedo, o las nervaduras —esa palabra que me gusta tanto hallar entre sus versos ya sea para explicar un árbol o dibujar una espina dorsal—. Y en esos poemas ya nos ha delineado escenas, diálogos, relatos, como aquel que inicia diciendo:
Llevo una vida tranquila
en el barrio de San Mike
todos los días arrullo mi sombra.
O, por ejemplo:
Ella asegura que compró una metáfora,
—Una criatura con muchas patitas, —me ha dicho.
—No es nada sencilla, tiene adornos de colores y cumple deseos;
El único inconveniente es que por las noches toma vida—.
Luego nos interrumpió un muchacho moreno y otro que
preguntaba por la estabilidad molecular del agua de coco.
Después, para sobrevivir a la tarde había que devorar un pollo asado
con papas,
Y en un cuenco vacío, beber los restos de la vida.
Entonces, si desde que Tavito descubrió el azúcar, a principios de los dosmiles, Jeanne nos embelesa contándonos historias, comienzo a preguntarle: ¿qué personajes y destinos le impresionaron tanto que decidió dedicarles solo a ellos la escritura de un libro entero, de una novela? O sucedió otra cosa, ¿será que decidió desafiar aún más la comprobada efectividad de sus artefactos? ¿Arrojar más lejos el anzuelo de sus versos?
El nombre de la protagonista es Isa; no sabemos si Isabel o Isadora, pero sí sabemos que es “perfectamente capaz de rechazar al mundo con su pesada realidad”, que suena a Girondo porque es una devota lectora de poesía y quizá por eso puede imaginar escenas definitivamente bellas que leo y releo por encontrarlas deliciosas. Por ejemplo: “En el horizonte […] hay una charca melancólica con la dignidad de guardar mucha vida en su abultada panza de agua”.
Isa tiene una vida favorable, un sistema hermoso y alegre, en el que funcionan el placer, las risas de las amigas y los paseos por la tarde. Un mecanismo cuyo ritmo es armónico y musical hasta que deja de serlo, porque algo falla, se descompone en tragedias. Las que expropian lo sagrado en favor del morbo común, las que arrojan a los cerdos las perlas de la intimidad y las que extinguen el corazón de galaxias enteras cortándoles la garganta.
Glitch nombra el error en un sistema; un error técnico, breve e inexplicable que interrumpe el funcionamiento normal de una máquina, una imagen que se distorsiona, una pantalla que parpadea, una señal que se pierde.
Quiero saber si Glitch es un nombre que Jeanne le da a la fatalidad, o a qué.
Porque en la historia de Isa, en el mejor sentido, todo comienza a fallar. El cuerpo falla en malestar y los médicos no pueden explicarlo. El amor falla porque traiciona. La paz de la tarde falla con una mala noticia. El tiempo falla entre lo que ocurre y lo que se sueña. La realidad falla entre el presente y el recuerdo, entre la vigilia y la alucinación, entre la casa habitada y la casa amenazada.
Y la acción se mueve serpenteando entre esas fallas, adentro de un poema de setenta páginas, largo como un tren, ese ser melancólico, que atraviesa el desierto.
Leo Glitch como un poema épico; sin embargo, no es un experimento, se presenta como una novela, sin adjetivos, lo cual inscribe a Jeanne Karen en el salón de la prosa que opera con lógica poética, en el que habita la obra de Juan Rulfo, por ejemplo, pero también la escritura de autoras como Cristina Rivera Garza o Sara Uribe, que emplean la frontera entre el poema y la narrativa para denunciar la violencia de género nombrándola y el duelo ante la desaparición y la muerte como resistencia. Glitch pertenece a esa conversación.
Quiero terminar estos apenas atisbos con algo que me parece importante. El epígrafe de Glitch es una cita de Berenice Abbott: “Lo fantástico, lo inesperado, lo que cambia y se renueva eternamente, no encuentra mejor ejemplo que en la misma vida real”. Abbott era fotógrafa, no escritora, y eso también es una declaración: Jeanne Karen no eligió la voz de un personaje de la tradición literaria para abrir Glitch, sino el ojo de alguien que mira, que encuadra, que decide qué entra en el cuadro y qué se queda fuera. Será un privilegio si Jeanne Karen nos habla del origen y motivación de esta y otras elecciones con las que delineó Glitch.
Algo más: Glitch es un primer encuadre novelístico, intenso, deslumbrante y exigente. Su escritura habla de la exposición y elige, paradójicamente, exponerse en una forma nueva. Y recuerdo un verso maravilloso de la misma Jeanne: “No hay una cosa tan brillante y destructiva como lo nuevo”.
Bienvenidas y bienvenidos a Glitch. Bienvenidas y bienvenidos a esta nueva Jeanne Karen, que ya estaba aquí desde hace mucho tiempo.
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Claudia Quezada (San Luis Potosí, 1981) Licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de San Luis, A.C. Desde 2002, se ha dedicado a la gestión cultural, la promoción de la lectura y el trabajo editorial, tanto de manera independiente como en el servicio público. Ha colaborado en distintas instituciones gubernamentales en San Luis Potosí y en Aguascalientes. Dirigió el Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes CIELA Fraguas, la Feria del Libro de Aguascalientes y coordinó los premios Bellas Artes de Poesía Aguascalientes y Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos, entre 2017 y 2022. Fue curadora de la iniciativa de Casa Wabi y Fundación John Giorno, Dial a Poem México. Ha publicado entrevista, ensayo, narrativa y poesía. Colaboró en la Unidad de Publicaciones de El Colegio de San Luis y desde 2024 es coordinadora nacional de Bibliotecas y Recursos de Aprendizaje en Talisis.
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