Guía de lectura 642

Tachas 680 • Inventario de molinos hidráulicos de piedra en Boyacá, de Henry Neiza et. al. • Jaime Panqueva

10 Molino hidráulico de piedra - Imagen, Dreamstime

"De allí provienen términos como el redor, la lavija, el harnal, el saetín, el rodezno, el ojo de piedra y los marranos, explicados en diagramas que ilustran el ingenio desplegado para aprovechar las corrientes de agua (o formarlas, como en los molinos de cubo) y transformarlas en trabajo."

Desde épocas antiguas podemos traer a estos tiempos el uso de las energías limpias para mover nuestras máquinas: el viento y el agua son los mejores ejemplos del aprovechamiento de los recursos naturales para realizar las labores humanas. Estas tecnologías llegaron a América con los españoles, al buscar reemplazo al trabajo humano o de animales de tiro que hacían funcionar los famosos Molinos de sangre, con la construcción de molinos hidráulicos.

La historia misma de éstos en la península remite a la ocupación árabe de varios siglos que legó a esta tecnología un vocabulario riquísimo como la acequia, el azud, el caz, el alfanje o los álabes. Este inventario extraordinario, gloriosamente ilustrado, fue coordinado por Henry Neiza y un equipo de investigadores que vale la pena mencionar aquí: Ciro Orlando Márquez Sanabria, Andrés Fabián Díaz Cañas y Gerson Javier Flórez Valderrama. Su trabajo nos lleva a las raíces mismas de la actividad harinera, fundamental para que se procesaran tanto cultivos procedentes de Europa, el trigo y la cebada, como para el vernáculo maíz.

El equipo de Neiza realizó un registro detallado que incluye planos, fotografías y análisis de los sistemas de molienda, así como registro de sus actuales dueños y la ponderación del estado de la maquinaria y la planta física. Así, en las provincias boyacenses de Norte, Valderrama, Sugamuxi y Tundama registraron molinos como el del Hato o el de San Lorenzo, que funcionan desde hace dos siglos. En ellos se conjugan patrimonio natural (el río que lo alimenta), mueble (el edificio), inmueble (la maquinaria) e inmaterial (las tradiciones asociadas a la molinería).

Sobre estos últimos, el libro recopila también, como comentaba al inicio, el vocabulario asociado a los elementos del proceso de molienda. De allí provienen términos como el redor, la lavija, el harnal, el saetín, el rodezno, el ojo de piedra y los marranos, explicados en diagramas que ilustran el ingenio desplegado para aprovechar las corrientes de agua (o formarlas, como en los molinos de cubo) y transformarlas en trabajo. Un libro de homenaje y rescate donde Neiza, además miembro de la Academia de la Lengua boyacense, se aplica en traernos versos como este:

 

Baja y apera la yegua y carga los puchos de trigo
va donde don Sebastián pa que los eche al molino
y me le dice a don Sebas que perdone los afanes.
Necesitamos la harina pa echar al horno unos panes
no tengo un centavo mijo pa que pague la molida
que haga el bien y la molienda se la cobre con maquila.

 

El autor vendrá en unos meses a México, al II Encuentro Iberoamericano de Molinología, que se desarrollará en Tlaxcala. Ojalá podamos contar con él para una presentación en nuestro estado.

Pienso que Guanajuato tuvo una tradición relacionada con este tipo de maquinarias durante la colonia, que sabría aprovechar la red hidráulica construida para el riego. Con el cambio climático y la llegada de la electricidad a cada rincón del estado, pueden quedar pocos vestigios de aquellas construcciones. Aunque, como comentaba el arquitecto Eduardo Garnica, promotor y defensor del patrimonio arquitectónico en Irapuato, quedan ruinas de obras hidráulicas que también valdría la pena rescatar, reseñar y proteger. Un buen ejemplo se encuentra en este libro maravilloso.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






 

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