Guía de Lectura 643

Tachas 681 • Ojos malva, de Tane R. • Jaime Panqueva

Ojos color malva - Portada del libro

"El mestizaje, los límites entre la ciencia y la espiritualidad, ligada a los planos físicos y manifestaciones visuales, atraviesan este breve thriller escrito con gran precisión y economía de recursos."

Mientras estudiaba química en el Royal College of Chemistry de Londres, William Henry Perkin, con apenas 18 años, descubrió por accidente que de los derivados del alquitrán de hulla, abundante residuo de la industria del gas y el carbón, en lugar de la ansiada quinina, una sustancia de color malva se precipitaba en fondo de sus recipientes. La sustancia era capaz de teñir las telas de un color intenso y resistente que llamarían más tarde malva o anilina púrpura. Perkin patentó su descubrimiento el 26 de agosto de 1856 y un año más tarde, con el apoyo económico de su familia, fundó una fábrica para producir el nuevo tinte que causó furor en la moda europea. Este impulso industrial fue precursor de ramas enteras de la química orgánica moderna. Casi dos décadas después, Perkin vendió la fábrica para dedicarse por entero a la investigación, ésta pasó por varios dueños en constante competencia con la creciente industria de tintes alemana, pero aun así se le relaciona como antecesora del consorcio AstraZeneca.

Ojos malva (Caldemar Ediciones, 2026), se remonta unas décadas después, en el siglo XIX, pero de este lado del Atlántico. Aurelio Mejía, dueño de varias minas guanajuatenses, se lanza en una búsqueda obsesiva de un extraño tinte que aparece en las precipitaciones de las amalgamas de plata. El comportamiento del material, buscado también por su abuelo y consignado en un misterioso diario, responde a antiguos estudios eclécticos que incluían el nzahki o nzaki, misteriosa esencia relacionada con alquimia otomí.

La senda de Aurelio se cruza con la de Amparo Richter, joven de origen alemán cuyo fallecido padre deja pistas hacia la consecución del extraño color en diarios escritos en su lengua. En un viaje hacia la locura que se salpica con la racional objetividad de un científico, Tane R. combina en su nouvelle el diario de campo de su protagonista, en un lenguaje entre en la insania y la formalidad académica; con las anotaciones de Amparo, y un expediente legal que permite cerrar el círculo del demencial experimento.

El mestizaje, los límites entre la ciencia y la espiritualidad, ligada a los planos físicos y manifestaciones visuales, atraviesan este breve thriller escrito con gran precisión y economía de recursos. Me gustó mucho que se haya ambientado en la Guanajuato minera del Porfiriato, para mí un territorio muy desaprovechado en la literatura de nuestro estado, que para muchos locales pareciera producir más animadversión que atractivo. Ojos malva puede ser una invitación también a muchos a volver la mirada hacia la escritura histórica y las excelentes oportunidades que brinda Guanajuato como punto de partida.

Más información acá.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






 

[Ir a la portada de Tachas 681]