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Tachas 683 • Las primeras películas futboleras • Fernando Cuevas

Filmación futbolística de 1901, fotograma
"el también conocido como el Divino fue de las primeras grandes figuras del balompié español y el futbolista que inició el tránsito del césped al celuloide."

La filmaciones más antiguas relacionadas con el fútbol son la del partido de 1897 entre Glentoran y Cliftonville en Belfast, con una duración de 43 segundos -se puede restaurada- y filmada; en otra  se captura un momento del partido entre el Blackburn Rovers y el West Bromwich Albion de la temporada 1898-1899, escenificado en el Ewood Park de Lancashire, Inglaterra, el 27 de septiembre de 1898, y se le atribuye el texto documental de 40 segundos a Arthur Cheetham; fue recuperado por el North West Film Archive. Se habla también de una filmación de un minuto realizada en 1896 a la que se tituló A Football Match at Newcastle-on-Tyne de Robert William Paul, un ingeniero inglés que filmó eventos diversos. Newcastle frente a Liverpool en 1901 es una de las grabaciones que el BFI ha recuperado.

https://www.youtube.com/watch?v=DhjTX39xKB4

En España, en 1911, se encontraron menos de 30 segundos filmados de un partido entre el CD Español y el Duncan, un equipo inglés así llamado por el barco en el que llegó al puerto de Barcelona.

En el campo de la ficción, ahí está el corto mudo Clarita y Peladilla en el football (1916), escrito y dirigido en tono paródico por Benito Perojo. Considerado el primer largometraje que integraba algún elemento futbolero en su temática, El as del fútbol (Le p'tit Parigot, Francia, 1926) es una película dirigida por René Le Somptier que sigue las vicisitudes del capitán del equipo francés, interpretado por Georges Biscot: las diferencias con su padre y una serie de enredos laborales, familiares y sentimentales que se van plasmando a través de los diversos capítulos que conforman este serial. El traspaso de jugadores entre equipos rivales tiene larga data, como se observa en el clásico El gol ganador (RU, 1920) filme dirigido por G. B. Samuelson, en el que se incluye el triunfo del protagonista aun con el brazo roto, anticipando quizá a Beckenbauer en el Mundial de México 1970.

La bola de la fortuna (1926) se basó en la novela de Sydney Horler y presenta a un hombre que encuentra en un equipo de fútbol la tabla de salvación, que lo lleva también a casarse y rehacer su vida: Hugh Croise dirige este filme que contó con la presencia de Billy Meredith, jugador galés interpretándose a sí mismo. Ese mismo año se presentó Por fin se casa Zamora (1926), filme de José Fernández protagonizado por el arquero y posterior entrenador Ricardo Zamora, quien también apareció en Los campeones (1942), bajo la dirección de Ramón Torrado: mejor en las canchas que en la pantalla, aunque enjundioso en ambos espacios, el también conocido como el Divino fue de las primeras grandes figuras del balompié español y el futbolista que inició el tránsito del césped al celuloide.

Durante estos primeros años, la cinta futbolera de mayor importancia es la silente alemana Los once diablos (Korda y Boese, 1927), que profetizaba la relevancia del fútbol como el deporte del siglo y en la que se recupera la historia de un equipo conformado por trabajadores, en particular la del capitán y centro delantero Tommy, un tornero que termina enamorado de una mujer de corte angelical, convertida en animadora del cuadro. Un dueño lo observa jugar y le ofrece un contrato jugoso (lejos de los actuales, desde luego), que puede conducirnos a la idea de la profesionalización de este deporte, pero también de su excesiva mercantilización. De hecho, aquí se plantea la eterna pugna entre los jugadores pobres y ricos, representados por el Linda y el Internacional, respectivamente: muy actual si analizamos cierta moda de algunos millonarios entre cuyos gustos se encuentra la compra de un equipo para después armarlo, de manera inmediatista, con base en la cartera y si no mete goles, por lo menos que venda camisetas. O al revés: que venda playeras y si puede, que anote de vez en cuando.

Todavía en la década de los veintes se filmó la película desaparecida Fútbol, amor y toros (1929), que algunas fuentes señalan como la primera cinta sonora de España, realizada por Florián Rey, en la que un torero jubilado y un hombre pudiente aficionado al fútbol, padre del arquero del equipo Triana, representan la tradición y la modernidad respectivamente. Ya entrando en los treintas se filmó El gran juego (Raymond, 1930), cinta británica que, en tono de comedia con el balompié como hilo argumental, retrata diversas situaciones que vinculan el juego, la competencia y el romance, retomados en varios filmes posteriores; también aparecieron Falsa noticia del fútbol (1932), filme de animación de Ricardo García, conocido como K-Hito por considerarse, jocosamente, el emperador de la historieta española.

Tres argentinas: La barra de Taponazo (1932), dirigida por Alejandro del Conte y en la que se sigue a un jugador y las aventuras con sus amigos, si bien fue criticada cuando salió pero ahora es vista como un intento inicial de poner al fútbol como parte de la trama; Los tres berretines (1933), segunda película de la historia del cine argentino sonoro y en la que el director Enrique Susini se refería a los pasatiempos de los porteños -el tango, el cine y el fútbol-  a los cuales son afines tres hijos que desatienden el negocio del padre, quien intenta meterlos en cintura, y El cañonero de Giles (1937), escrita y dirigida por Manuel Romero, en la que retoma la historia de un jugador que tomaba fuerza a inspiración al escuchar el ladrido de un perro.






 

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