domingo. 26.05.2024
El Tiempo

Opinión • Por ahora • Arturo Mora

“Por ahora, el tiempo nos contiene y nos define…”

Opinión • Por ahora • Arturo Mora

Estás buscando consuelo, estás atormentada, estás limpiando tu casa para ver si algo comienza a ordenarse, estás bailando el viejo ritual frenético de tus pulsaciones, saturada de la eterna postergación de tus excusas, estás escuchando cómo golpean la puerta todos los plazos vencidos de tu deseo, estás buscando las palabras que suavicen la vorágine feroz que te habita.

Nina Ferrari

 

Tengo miedo de que estemos criando una generación de jóvenes que crecerán con miedo de amar, con miedo de entregarse por completo a otra persona, porque habrán visto lo mucho que duele correr el riesgo de amar y que no funcione. Tengo miedo de que crezcan buscando intimidad sin riesgo, por placer sin inversión emocional significativa. Estarán tan temerosos del dolor de la decepción que renunciarán a las posibilidades del amor y la alegría.

Harold Kushner

Las formas que el tiempo delinea en el intangible espacio son hilos de humo, que como el incienso, dibuja en el aire caprichosas e inéditas tiras blanquecinas que compiten por su lugar efímero, instante en el que percibimos el aroma del café o de las floreces que han brotado en el jardín. El tiempo se detiene, avanza, se pausa, toma ritmo, se desliza sobre la piel, toma forma de pulsaciones en nuestro interior, juega con las ideas que se convocan al pensar qué se hará en el día que ha iniciado.

Las preguntas sobre lo que vendrá se agolpan como estampida de salvajes caballos que no discriminan entre las interrogantes inmediatas y aquellas que están en el origen de nuestros deseos. 

Por ahora, el tiempo nos contiene y nos define. El cuerpo lleva su registro. Los ciclos circadianos tienen el calendario diario de un metabolismo que se rige con nuestra edad y nuestro código genético. Las señales vitales se traducen en ritmo cardiaco, en presión arterial, en digestión y en la respiración que va más allá del intercambio de gases. La senectud inicia cuando se completa el desarrollo orgánico en cada persona. Desde entonces todo es un declive metabólico funcional, por ahora.

Por ahora hemos ido ajustando una rutina, una manera de ser, hemos -si así se puede decir- moldeado un carácter y una personalidad. Hemos elegido un estilo de vida, una forma de vestir, ciertos hábitos de alimentación y comportamiento, nos hecho de mañas, gustos, preferencias, ideas, ideologías y creencias. Nos ponemos ciertas rutinas que cambian en el tiempo. El tiempo social se movió. El paradigma de lo duradero ha sido remplazado por lo volátil. Las personas respondemos a los cambios, la idea de estabilidad se transformó junto con la vorágine del mercado con la creación de nuevas y banales necesidades. Las personas van siendo distintas a los 20, 30, 40, 50, 60, 70 y 80 años. Lo rígido dio paso a lo blando, lo sólido a lo liquido, y hoy, aún lo gaseoso, todo se hace transitorio y con miradas múltiples, en donde todo cabe, en donde nada está prohibido y todo es interpretable según los intereses de cada quien. Los individuos se erigen como dioses que se aprecian en espejos de hedonismo y egocentrismo. 

Los cierto es que Hay años que hacen preguntas y años que responden, escribió Zora Neale Hurston. Por ahora, tal vez podamos darnos un tiempo para que, entre la velocidad de la vida, nos demos la oportunidad de pensar sobre las preguntas que nos hemos hecho y las respuestas que hemos encontrado, porque somos la suma de nuestras decisiones, pero… ¿hemos encontrado lo que buscamos?

Buscamos la seguridad en la monotonía. La rutina forma diques que contienen la desmesura que el deseo instala, y el miedo a lo desconocido anquilosa el alma. El amor sucumbe ante lo cotidiano, la fantasía es el refugio de lo que hemos perdido, y el mercado se aprovecha para vender nuevas adoraciones ficticias que tiene precio, uno económico y otro espiritual. 

Sin embargo, A veces la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas, dijo Liliana Bodoc. Eso abre, por ahora, caminos para la divergencia, para la alteridad, para la rebeldía, para las trasgresiones cognitivas. El poder pensar diferente, de una forma critica, con libertad y autonomía, fisuras en el muro, ese del que Pink Floyd hizo alegoría de la vida humana y de la realidad social, que nos permite hacer del cambio.  William Butler Yeats hizo esta sentencia: Hay otro mundo, pero está en éste.  Por ahora nos toca vivir, comprender, analizar, interpretar y transformar éste en el que nos ha tocado vivir.

Por ahora hago mías las palabras de Clarice Lispector: Tengo apenas una vida y en ella sólo tengo una oportunidad de hacer lo que quiero. Tengo suficiente felicidad para hacerla dulce, dificultades para hacerla fuerte, tristeza para hacerla humana, y suficiente esperanza para ser feliz.

Por ahora, enfrentar la vida con la conciencia de la finitud inexorable de la muerte es la condición para actuar en el mundo. Considerar a las personas que nos rodean en las decisiones que tomamos, actuar con la responsabilidad de nuestros actos, es el desafío más importante para tener una vida digna, honorable y trascendente. A la vez, Deberíamos de adquirir el coraje de no ser como todo el mundo, como lo señaló Jean Paul Sartre, porque por ahora es tiempo de vivir, y porque Equivocarse es humano. Reconocer y hacernos responsables de nuestros errores es sabio. Reparar los daños y mejorar nuestras formas de actuar es virtuoso, como lo ha dicho la joven filosofa mexicana Daniela Ayala. Además, si no es ahora, ¿entonces cuándo?